El panorama de la industria de defensa española ha sufrido un terremoto de magnitudes imprevisibles. El pasado 1 de abril, Ángel Escribano presentó su dimisión irrevocable como presidente ejecutivo de Indra, marcando el fin de una era caracterizada por un crecimiento meteórico rodeado de sospechas.
Esta renuncia no ha sido un movimiento voluntario en el estricto sentido de la palabra, sino el resultado de semanas de presión gubernamental asfixiante y un cuestionamiento constante sobre la ética en la gobernanza de la principal tecnológica del país. La salida de Escribano, en teoría, intenta frenar un incendio reputacional que amenazaba con devorar tanto su legado familiar en Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) como la estabilidad de la propia cotizada del Ibex 35.
La reciente inestabilidad en la gobernanza de Indra ha provocado lo que diversos analistas califican como un «expolio de capital» ante la creciente injerencia estatal en su gestión. La toma de control por parte de la SEPI, que ya ostenta el 28% de la compañía, y la reciente sustitución de perfiles técnicos por figuras afines al Ejecutivo, han dinamitado la confianza de los mercados. Como consecuencia directa, la valoración bursátil de la tecnológica ha sufrido un impacto negativo estimado en 924 millones de euros, reflejando el temor de los inversores ante una estrategia empresarial supeditada a intereses políticos más que a criterios de rentabilidad.
Esta incertidumbre ha desencadenado una notable fuga de capital extranjero y movimientos defensivos entre sus accionistas de referencia. Fondos internacionales de la talla de Vanguard y T. Rowe Price han ajustado sus posiciones, mientras que Amber Capital ha reducido su participación del 7,2% al 5,2%. La consolidación de Escribano en el accionariado con un 14,3%, vista por el mercado como una integración forzada, completa un escenario de transformación accionarial que amenaza con erosionar la competitividad de Indra en un sector de defensa global cada vez más exigente.

ASCENSO METEÓRICO
La historia de Ángel Escribano viene marcada por un ascenso fulgurante los últimos años, en apenas unas décadas, pasó de gestionar un modesto taller familiar a liderar el gigante de la defensa española. Sin embargo, los números y los contratos revelan que este éxito empresarial no respondió únicamente a la lógica del mercado.
En 2019, EM&E facturaba 44 millones de euros; para 2024, esa cifra se había disparado a 355 millones, un crecimiento del 800% cimentado en adjudicaciones directas y procedimientos negociados sin publicidad. El punto de inflexión fue la polémica adjudicación de 36 millones de euros para la gestión de respiradores durante la pandemia, un contrato obtenido sin experiencia previa en el sector sanitario.
Este patrón de contratos públicos a dedo, dictados presuntamente desde las esferas de poder de La Moncloa, creó el caldo de cultivo perfecto para las críticas que finalmente han forzado su dimisión, según relatan varios de los pequeños accionistas que han presionado para poder.

EL CONFLICTO DE INTERÉS COMO DETONANTE
El motivo central que ha dinamitado la presidencia de Escribano ha sido el flagrante conflicto de interés. Mientras presidía Indra, seguía siendo el máximo accionista de EM&E, empresa que competía o colaboraba en los mismos programas estratégicos de defensa. Esta dualidad alcanzó su punto máximo con el proyecto de fusión entre ambas compañías, valorado en más de 1.000 millones de euros, donde Escribano actuaba simultáneamente como comprador y vendedor.
La CNMV mantuvo un silencio prolongado que muchos analistas calificaron de complicidad institucional, a pesar de los claros indicios de concertación entre la SEPI, SAPA y el fondo Amber Capital para asegurar el control del consejo de administración. La falta de independencia del consejo y la destitución de consejeros críticos fueron señales de alerta que los inversores internacionales, como Norges Bank, castigaron reduciendo su participación en la tecnológica.
LA TRAICIÓN DE LOS SOCIOS ESTRATÉGICOS
La gobernanza de Indra se volvió insostenible tras lo que se ha denominado la «traición» de Joseph Oughourlian, líder de Amber Capital. El apoyo que inicialmente permitió a Escribano hacerse con el poder se desvaneció ante la presión de los mercados y las irregularidades señaladas en los mecanismos de financiación utilizados por la familia Escribano.
Para alcanzar el 14,3% del capital de Indra, EM&E recurrió a una arquitectura financiera compleja liderada por JP Morgan, basada en derivados y pignoración de acciones, lo que dejaba a la empresa familiar en una posición de vulnerabilidad ante cualquier caída bursátil.
El Gobierno, que inicialmente amparó este desembarco, cambió de estrategia al percibir que el desgaste personal de Escribano ponía en riesgo la llegada de fondos europeos y la ejecución del Plan Industrial de Defensa 2025.

REESTRUCTURACIÓN Y NUEVOS RUMBOS EN DEFENSA
La dimisión abre la puerta a una nueva etapa liderada por figuras como José Vicente de los Mozos y Ángel Simón, quienes deberán reconstruir los puentes rotos con los accionistas minoritarios y restaurar la transparencia en la contratación. La salida de Escribano busca, en teoría, proteger a la compañía de la inestabilidad política, pero deja tras de sí una cartera de pedidos récord de 8.003 millones de euros y contratos estratégicos como el sistema SILAM de 697 millones, adjudicado bajo condiciones de nula concurrencia.
El reto para la nueva dirección será gestionar este legado sin caer en las prácticas de «capitalismo de amiguetes» que han marcado los últimos cinco años, según explican varios accionistas de la tecnológica española.
La sombra de las investigaciones sobre el expolio de activos públicos y la opacidad en las licitaciones de defensa seguirá planeando sobre la sede de Alcobendas durante mucho tiempo. Especialmente si dentro de unos meses la propia Indra y el Ejecutivo de Pedro Sánchez van con todo para volver a intentar volver a comprar la citada EM&E, en una operación que volvería a favorecer a Ángel Escribano aunque esta vez lejos de los mandos de Indra.
EL FUTURO DE LA INDUSTRIA NACIONAL
Más allá de los nombres propios, la caída de Ángel Escribano simboliza el fracaso de un modelo de construcción de «campeones nacionales» basado en un presunto favoritismo político, a base de conceder contratos públicos, en lugar de la meritocracia empresarial.
La transformación de un taller de piezas mecánicas en un gigante de la defensa en tiempo récord quedará en los anales de la economía y el sector de la defensa español como un laboratorio de cómo el poder político puede capturar sectores estratégicos.
Con la dimisión presentada el 1 de abril, el Gobierno intenta resetear el tablero, pero la concentración accionarial y la reducción del capital flotante al 35% dificultan un retorno rápido a las buenas prácticas de gobernanza. El mercado espera ahora que Indra recupere su papel como joya tecnológica del Estado, alejada de las tramas de influencias y centrada en la innovación técnica que nunca debió pasar a un segundo plano. La situación geopolítica y los nuevos desafíos exteriores de España necesita de ello.
