Las encuestas vuelven a situar al Partido Popular a las puertas de La Moncloa, como ya ocurrió en 1993, 2008 y 2023. En aquellas ocasiones, el resultado final fue muy distinto al que anticipaban los sondeos: celebraciones para Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, y frustración para José María Aznar, Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijóo.
Hoy, el líder popular vuelve a creer que puede tocar el poder con los dedos, aunque la historia reciente aconseja prudencia ante los excesos de confianza y los ciclos electorales que en España rara vez se cumplen como predicen las encuestas.
El expresidente de la Xunta, cuya imagen no pasa por su mejor momento tras varios traspiés en público, se ve de nuevo ante una oportunidad que parecía cerrada tras años de desgaste del PP, pero el escenario político español sigue siendo volátil.
La debilidad del bloque de la izquierda, la fragmentación parlamentaria y el desgaste de Vox han reconfigurado el tablero. Sin embargo, en Génova preocupa más el riesgo interno que el externo: el llamado «mal de altura», esa sensación de victoria anticipada que ya ha pasado factura en otras ocasiones y que puede llevar a subestimar tanto a los adversarios como a los propios problemas estructurales del partido.
Porque el camino hacia La Moncloa vuelve a estar atravesado por sombras judiciales y políticas que el PP no consigue cerrar del todo. El caso Kitchen sigue siendo el epicentro de esa mochila histórica. La investigación judicial sostiene la existencia de una presunta operación parapolicial impulsada desde el Ministerio del Interior que lideraba Jorge Fernández Díaz durante el gobierno de Mariano Rajoy, con el objetivo de espiar al extesorero Luis Bárcenas y neutralizar información que pudiera comprometer a la cúpula del partido en el marco del caso Gürtel.
La pieza Kitchen, tras una instrucción controvertida realizada por el polémico juez conservador Manuel García Castellón, describe un dispositivo de enorme complejidad institucional: uso de fondos reservados, captación de un confidente interno —el chófer de la familia Bárcenas—, vigilancia prolongada sobre su entorno familiar y seguimiento de movimientos penitenciarios del propio extesorero.
Según la acusación, el objetivo era recuperar documentación sensible que incluía posibles pruebas sobre financiación irregular, pagos opacos y una contabilidad paralela en el seno del partido durante años clave de gobierno. En el banquillo se sienta el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, junto a otros altos cargos policiales y políticos. Las peticiones de pena alcanzan hasta 15 años de prisión en un caso que no solo pone en cuestión responsabilidades individuales, sino también el uso de estructuras del Estado para fines políticos.
El caso incluye episodios especialmente sensibles, como el pago a confidentes con fondos públicos, el seguimiento sistemático de familiares de Bárcenas tras su ingreso en prisión o la búsqueda de dispositivos electrónicos y documentos que pudieran contener información incriminatoria.
También se investiga la coordinación entre mandos policiales y responsables políticos para evitar que esa información llegara a manos judiciales. El impacto político del juicio no se limita al pasado: condiciona el presente del PP en plena tentativa de volver al poder. A este frente se suman otros escándalos territoriales que alimentan la percepción de un problema estructural más que puntual.
En Alicante, la adjudicación de viviendas protegidas a cargos vinculados al PP ha abierto una investigación sobre el uso de recursos públicos en un contexto de emergencia habitacional. Las viviendas, con piscina y zonas deportivas, han generado una fuerte polémica por su asignación a personas con conexión directa con el entorno político local.
En la Diputación de Almería, el expresidente Javier Aureliano García está siendo investigado por la UCO en el marco del caso mascarillas, con indicios de utilización irregular de fondos públicos incluso para fines personales como el pago de una hipoteca.
Este caso se suma a una cadena de investigaciones que afectan a distintas estructuras territoriales del partido y que reactivan un debate recurrente sobre la corrupción en el PP, aunque con protagonistas y contextos diferentes.
COMUNIDAD DE MADRID Y CATALUÑA
En Madrid, la figura de Isabel Díaz Ayuso ha dejado de ser una amenaza para el liderazgo de Núñez Feijóo, pero la presidenta sigue siendo una fuente constante de fricción política. Su estilo confrontativo y su estrategia de polarización la han convertido en un activo central, aunque acompañada de polémicas que van desde contratos sanitarios a Quirón bajo escrutinio hasta su decisión de premiar a los Estados Unidos o presentarse como católica, tras haber mostrado un perfil laico años atrás.

En Cataluña, el débil liderazgo de Alejandro Fernández no ha logrado revertir el estancamiento del partido. La organización sigue sin romper su techo electoral, lo que limita las aspiraciones de Feijóo de construir un proyecto verdaderamente estatal con implantación homogénea. Este desequilibrio territorial es uno de los grandes desafíos internos del PP en su intento de consolidar una mayoría alternativa.
Solo tras este mapa de frentes judiciales, territoriales y políticos emerge el papel de Vox, que añade una capa adicional de incertidumbre al espacio de la derecha española. La formación de Santiago Abascal atraviesa una fase de desgaste interno y pérdida de cohesión que contrasta con su etapa de ascenso rápido en la política nacional.
Uno de los elementos más controvertidos ha sido el entorno económico y mediático del partido. La contratación de Lidia Bedman en un grupo mediático estrechamente vinculado al ecosistema comunicativo afín a Vox ha sido interpretada por sus críticos como un ejemplo de turbiedad. A ello se suma la polémica en torno a la gestión de donaciones vinculadas a la DANA a través de la plataforma juvenil Revuelta. Estas iniciativas solidarias, impulsadas en un contexto de emergencia, han generado dudas sobre la trazabilidad de los fondos y su gestión interna.
También la Fundación Disenso, think tank clave del partido, recibe transferencias significativas desde la propia organización, lo que ha abierto un debate sobre la opacidad relativa de su estructura financiera. En conjunto, estas cuestiones han debilitado el discurso de cohesión y transparencia con el que Vox, también lastrado por sus silencios contra Israel y Estados Unidos, irrumpió en el sistema político español.
