El TDAH ha pasado mucho tiempo escondido donde nadie miraba, especialmente cuando se trataba de mujeres. Durante décadas, la imagen dominante del trastorno era la de un niño inquieto, incapaz de quedarse quieto en clase, pero esa fotografía dejó fuera a miles de niñas que no encajaban en ese patrón y que aprendieron a convivir con síntomas que nadie supo nombrar. Hoy, esa realidad empieza a cambiar, y cada vez más mujeres adultas están recibiendo un diagnóstico que, en muchos casos, llega tarde pero trae algo parecido al alivio.
Historias como la de Rach Idowu se repiten más de lo que parece, mujeres que durante años pensaron que tenían ansiedad, depresión o simplemente que algo no funcionaba bien en ellas, hasta que alguien puso sobre la mesa la palabra TDAH y todo empezó a encajar. Ese aumento de diagnósticos no es casualidad, pero tampoco está libre de dudas, porque mientras algunos hablan de sobrediagnóstico, otros creen que, por fin, se está corrigiendo una ceguera histórica.
1Un trastorno que nunca se vio igual en mujeres
El TDAH no se manifiesta igual en todos los casos, y ahí está una de las claves del problema. Mientras en los niños suele ser más visible, más ruidoso, en las niñas tiende a ser silencioso, más ligado a la distracción, al despiste constante, a esa sensación de estar siempre un poco fuera de lugar. Muchas fueron etiquetadas como soñadoras o desorganizadas, sin que nadie pensara en un trastorno detrás.
Incluso cuando había hiperactividad, no siempre se reconocía como tal. No era el niño que interrumpe la clase, sino la chica que no deja de moverse en la silla, que habla mucho o que vive con una intensidad emocional difícil de gestionar. El TDAH estaba ahí, pero no encajaba con la idea que tenían médicos y profesores, así que simplemente se ignoraba.
