Día Mundial de la Naturaleza: 10 actividades para el aula de Primaria y Secundaria

Las propuestas van del censo de biodiversidad del centro al huerto escolar o el refugio para insectos. El objetivo es que el alumnado observe su entorno, registre datos y actúe para mejorarlo.

El Día Mundial de la Protección de la Naturaleza, que se celebra cada 18 de octubre, convierte el aula de Primaria y Secundaria en un laboratorio de educación ambiental.

Más allá de explicar por qué es importante proteger los ecosistemas, la jornada invita a observar qué ocurre en el entorno más cercano y a plantear pequeñas acciones para mejorarlo. De ahí surgen propuestas que conectan las Ciencias de la Naturaleza con casos reales.

El recopilatorio de EDUCACIÓN 3.0 reúne una decena de actividades que combinan observación, investigación y acción. La mayoría no exige materiales costosos: basta el entorno del propio centro y algo de planificación docente.

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Qué es el Día Mundial de la Protección de la Naturaleza

La jornada se celebra cada 18 de octubre para concienciar sobre la necesidad de cuidar el planeta y conservar la biodiversidad. No se limita a una fecha simbólica: se plantea como el punto de partida de un trabajo que puede mantenerse durante todo el curso.

En el aula, el enfoque más eficaz es el que parte del propio centro. Observar qué especies viven en el patio, cómo se usa el agua o qué aves se acercan permite transformar conceptos abstractos en datos concretos que los estudiantes pueden registrar y comparar.

Las propuestas para el 18 de octubre comparten un mismo método: observar el entorno del centro, registrar datos y actuar para mejorarlo.

Diez actividades para el aula de Primaria y Secundaria

actividades aula naturaleza

La primera propuesta es el censo de biodiversidad del centro. El alumnado se divide en grupos y recorre el patio, el jardín o los alrederores para localizar plantas, insectos, aves y otros animales. Cada grupo registra sus datos e imágenes en una tabla y después los pone en común.

De ahí surge la segunda actividad: elaborar un mapa de la biodiversidad del centro. El mapa permite ver qué zonas concentran más especies y cuáles están más empobrecidas. Un ejemplo es el proyecto ‘Biodiversidad Urbana en los Centros Educativos’, que comparte los censos escolares con investigadores.

El huerto escolar es otra de las propuestas más asentadas. Acerca al alumnado al origen de los alimentos y trabaja la alimentación saludable, la motricidad, el trabajo en equipo y la responsabilidad. Ponerlo en marcha exige decidir su estructura y ubicación y elegir los cultivos según la época del año.

De ese proceso se desprende una tarea añadida: el reparto de las tareas de siembra y cuidado. Organizar los turnos y las responsabilidades refuerza el trabajo en equipo, uno de los aspectos que el huerto permite trabajar.

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Diseñar un refugio para insectos es otra de las actividades. Abejas, mariquitas y otros pequeños animales cumplen funciones distintas en los ecosistemas y sirven para abordar el concepto de biodiversidad. Los estudiantes observan primero qué insectos aparecen en el centro y después construyen un refugio con materiales naturales y reutilizados: cartón de rollos de papel, ramas, piñas o troncos.

El siguiente paso es investigar qué especies pueden habitarlo y realizar observaciones periódicas para comprobar si aparecen nuevos habitantes. Se trata de un ejercicio de seguimiento científico que se prolonga a lo largo del curso.

El uso responsable del agua es otro de los bloques. El alumnado investiga cómo utiliza el agua en el centro y en casa, detecta hábitos que favorecen su ahorro y calcula cuánto se consume en situaciones cotidianas como el uso de los grifos, la cisterna o el riego.

A partir de ese diagnóstico, los estudiantes elaboran una lista de trucos para evitar el desperdicio —como cerrar bien los grifos o no utilizar el inodoro como papelera— y analizan formas de reutilizar el agua para darle una segunda vida.

El programa ‘Dame alas’, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), propone observar, identificar y registrar las aves del entorno del centro. El material incluye actividades de ciencia ciudadana y aborda la alimentación, la nidificación o el papel de las aves en los ecosistemas.

Su propuesta transversal plantea, además, renaturalizar el patio o el entorno del instituto mediante acciones como construir un nido artificial o un comedero para aves. Es la parte más visible del proyecto: el alumnado no solo estudia el entorno, sino que lo modifica para favorecer la biodiversidad.

El Marco Educativo

El Día Mundial de la Protección de la Naturaleza no tiene una regulación propia en el calendario escolar, pero su tratamiento encaja en el marco de la LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación, la norma educativa vigente en España desde 2020).

Tal y como recoge la Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, la educación para el desarrollo sostenible figura entre los principios que orientan el sistema. Los currículos de Ciencias de la Naturaleza de Primaria y Secundaria incluyen contenidos sobre biodiversidad, ecosistemas y uso responsable de los recursos.

En España, las competencias están repartidas: el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deporte fija el currículo básico y las comunidades autónomas lo desarrollan en sus propios decretos. El encaje de estas actividades en el horario depende, por tanto, de cada administración. A eso se suma que materiales como ‘Dame alas’ proceden del MITECO, un departamento distinto del educativo.

Las partes implicadas son varias: los equipos docentes, que adaptan las propuestas; las familias, que pueden prolongarlas en casa; y las administraciones educativas y ambientales. La próxima edición, el 18 de octubre de 2026, servirá de arranque para un trabajo que puede mantenerse todo el curso.

Claves de la Noticia

  • Qué importa: El Día Mundial de la Protección de la Naturaleza (18 de octubre) es la excusa para llevar la educación ambiental al aula con actividades que combinan observación, investigación y acción.
  • Por qué importa: La LOMLOE incluye la educación para el desarrollo sostenible entre los principios del sistema, y los currículos de Ciencias de la Naturaleza permiten trabajar biodiversidad y uso de recursos con el entorno del propio centro.
  • A quién le importa: A docentes y alumnado de Primaria y Secundaria, y a las familias que pueden prolongar en casa las acciones de ahorro de agua o cuidado de la biodiversidad.