Los Veintisiete concentran en la ESMA la supervisión de los grandes mercados financieros

El italiano Carlo Comporti sustituirá a la alemana Verena Ross al frente del organismo a partir del 31 de octubre. El presidente de la CNMV, Carlos San Basilio, entra en el comité ejecutivo y coloca a España en el núcleo del nuevo modelo supervisor.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Ecofin ha respaldado este viernes concentrar en la ESMA la supervisión de los mercados transfronterizos de la UE. El mismo día, el consejo de gobierno del organismo ha elegido al italiano Carlo Comporti como nuevo presidente, en sustitución de la alemana Verena Ross a partir del 31 de octubre.
  • ¿Quién está detrás? La Comisión Europea empuja el nuevo modelo dentro de la Unión del Ahorro y la Inversión. Votan las 27 autoridades nacionales y la CNMV coloca a su presidente, Carlos San Basilio, en el comité ejecutivo.
  • ¿Qué impacto tiene? España entra en el núcleo decisorio del futuro supervisor continental y Alemania pierde la presidencia de un organismo europeo en plena carrera por la sucesión de Lagarde en el BCE.

El Ecofin ha respaldado este viernes concentrar en la ESMA la supervisión de los grandes mercados financieros de la UE. La decisión llega el mismo día en que el consejo de gobierno del organismo ha elegido al italiano Carlo Comporti como nuevo presidente y ha incorporado a su comité ejecutivo al presidente de la CNMV, Carlos San Basilio.

El movimiento no es cosmético. La Autoridad Europea de Valores y Mercados, con sede en París, pasa a ser el eje del proyecto que Bruselas ha rebautizado como Unión del Ahorro y la Inversión, la antigua unión de mercados de capitales con un nombre nuevo y una ambición vieja: que un inversor español pueda operar en un mercado polaco con las mismas reglas y el mismo supervisor que en el suyo. Puedes consultar el modelo completo en la web oficial del supervisor europeo.

Qué se ha decidido y con qué mandato entra la nueva cúpula

La arquitectura queda en tres capas. Las 27 autoridades nacionales conservan sus competencias sobre sobre los mercados locales. El nuevo macrosupervisor asume los mercados transfronterizos, ese terreno donde hoy se solapan jurisdicciones y nadie responde del todo. Y la Comisión Europea quiere que sea el comité ejecutivo de la ESMA, y no un organismo de nueva creación, quien asuma esas funciones, con competencias tasadas para evitar solapamientos con la CNMV, la BaFin alemana o la AMF francesa.

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Sobre el papel, el reparto es limpio. En la práctica, es el pulso clásico de toda cesión de soberanía financiera en Europa: los supervisores nacionales no renuncian a nada sin pelear, y Bruselas lleva más de una década intentando lo mismo con otro envoltorio.

El comité ejecutivo se renueva a la vez que cambia el modelo. Lo forman el presidente y seis vocales elegidos entre las 27 autoridades nacionales del consejo de gobierno, que son quienes han votado este viernes. Junto a Comporti y San Basilio se sientan el alemán Thorsten Pötzsch, la finlandesa Armi Taipale, la francesa Marie-Anne Barbat-Layani, el maltés Christopher P. Buttigieg y el eslovaco Peter Tkáč.

Bruselas no crea un supervisor nuevo porque no puede: reutiliza la ESMA y le inyecta las competencias que los reguladores nacionales llevan una década negándole.

Los mandatos son largos por diseño. Comporti y el resto del comité estarán en el cargo hasta septiembre de 2029, con la posibilidad de renovar otros dos años y medio. Esa duración blindada es la que permite a un supervisor decir no a un Gobierno sin pagar el precio político antes de las siguientes elecciones.

San Basilio entra en el comité ejecutivo para ocupar el escaño que deja libre el propio Comporti al ascender a la presidencia. El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores ya formaba parte del consejo de gobierno desde su nombramiento, y ahora pasa a la sala donde se decide la gobernanza del nuevo modelo. La propia CNMV ha destacado la ‘especial importancia’ de una designación que, según su nota, contribuirá a ‘pilotar la migración al nuevo modelo de gobernanza’ del supervisor europeo.

Alemania pierde una presidencia europea en plena carrera por el BCE

unión de mercados de capitales

Verena Ross abandona la presidencia de la ESMA el 31 de octubre y con ella se va el último gran puesto comunitario que Berlín controlaba en el ámbito financiero. La coincidencia incomoda: Alemania se queda sin la cabeza de un organismo europeo justo cuando se prepara la batalla por la sucesión de Christine Lagarde al frente del BCE, para la que el Gobierno alemán aún no ha formalizado candidato.

En Madrid leen el movimiento en clave de oportunidad. Moncloa confía en las opciones de Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España, para la cúpula de Fráncfort. Y la entrada de San Basilio en la ESMA coloca a España en el núcleo decisorio del organismo que, si el plan sale adelante, supervisará los mercados donde se financian las grandes empresas europeas.

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El Eje del Poder Europeo

Conviene recordar que esto no es nuevo. La Comisión ya propuso en 2017 dar más poder a la ESMA y el Consejo lo desactivó en silencio, con el argumento de siempre: ninguna capital cede la vigilancia de su propio mercado si no hay una crisis que lo justifique. Pasó algo parecido en 2014 con la unión bancaria. El Mecanismo Único de Supervisión se dotó dentro del BCE solo cuando la crisis del euro había dejado claro que los supervisores nacionales no iban a frenar solos la siguiente quiebra. La secuencia europea es casi siempre la misma: primero el susto, después la cesión de soberanía.

El eje franco-alemán vuelve a dividirse. París lleva años empujando un supervisor único porque su AMF es fuerte y aspira a dirigir el cotarro en los mercados continentales. Berlín, con la BaFin en plena reconstrucción tras el fiasco de Wirecard, recela de ceder control sobre un mercado de capitales más fragmentado y menos maduro que el francés. La Haya, Copenhague y Estocolmo se alinean con esa cautela: no quieren que Bruselas meta mano en sus fondos de pensiones. Varsovia, Praga y Budapest miran desde fuera, temiendo quedar en la periferia del nuevo mapa. Y el sur, con España e Italia a la cabeza, ve en la unión de mercados una vía para captar capital que hoy se marcha a Nueva York.

Para España el impacto es tangible. La CNMV conserva las competencias sobre los mercados locales, pero pierde exclusividad sobre cualquier operación transfronteriza, y eso incluye a las gestoras, a los fondos y a las empresas que salen a cotizar fuera. La contrapartida es el acceso: un mercado único de capitales de verdad daría a la banca, a las aseguradoras y a las socimis españolas una base inversora mucho mayor. Madrid aspira a consolidarse como plaza financiera del sur, aunque compite con París, Ámsterdam y Dublín, que parten con ventaja.

El riesgo real está en la letra pequeña que todavía no existe. La Comisión tiene pendiente presentar la propuesta legislativa que dará forma a la Unión del Ahorro y la Inversión, y ahí se decide si la ESMA gana competencias reales o solo consigue una coordinación de escaparate. Si los textos dejan resquicios, el primer choque entre el supervisor europeo y un regulador nacional acabará en el TJUE, y el TJUE no resuelve rápido.

El primer plazo es inmediato: Comporti toma posesión el 31 de octubre de 2026 y el nuevo comité ejecutivo arranca con el modelo a medio construir. La prueba de fuego llegará con el primer expediente transfronterizo que los supervisores nacionales quieran resolver por su cuenta. Ahí se verá si los Veintisiete han concentrado de verdad la supervisión de los mercados o si han aprobado otra declaración de intenciones con fecha de caducidad.