Siria estudia desplegar 20.000 tropas en Yemen para la ofensiva saudí contra los hutíes

Washington no se opone en principio y el CENTCOM ya ha sido consultado, según Axios. El asesor presidencial sirio Ahmad Zaidan niega que Riad haya solicitado tropas.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Damasco estudia el despliegue de hasta 20.000 soldados en Yemen en apoyo de la ofensiva de la coalición liderada por Arabia Saudí contra los hutíes, según Axios citando a funcionarios estadounidenses.
  • ¿Quién está detrás? Riad y el presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, negocian la operación. El CENTCOM ha sido consultado y Washington no se opone en principio. Damasco lo niega oficialmente.
  • ¿Qué impacto tiene? El movimiento reforzaría la presión sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, la ruta que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y por la que circula buena parte del comercio entre Asia y Europa.

Damasco evalúa enviar hasta 20.000 soldados a Yemen para sostener la ofensiva saudí contra los hutíes, según Axios.

La cifra la manejan funcionarios estadounidenses citados por el medio digital, que la presentan como techo máximo desplegable y no como una decisión cerrada. El presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, escuchó la propuesta de boca del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, en la reunión que ambos mantuvieron en Riad el pasado martes 6 de octubre. Hasta aquí, lo que se puede sostener con atribución. Lo demás es un expediente abierto con dos versiones que no encajan entre sí.

La primera llega vía Reuters, que confirmó que Damasco baraja algún tipo de asistencia militar a Riad: desde apoyo defensivo hasta participación directa en operaciones dentro de Yemen. La segunda la firma el asesor presidencial sirio Ahmad Zaidan, que negó que Arabia Saudí haya solicitado tropas y calificó los informes de infundados. Sin confirmación independiente, el lector tiene derecho a desconfiar de ambas.

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Lo que sí está documentado es el marco sobre el que se monta la operación. Las fuerzas del gobierno yemení reconocido internacionalmente lanzaron una contraofensiva para recuperar el terreno que los hutíes —Ansar Allah, en su denominación propia— conquistaron en septiembre a lo largo de la costa del mar Rojo. La coalición liderada por Riad acompaña el avance con ataques aéreos sostenidos y el respaldo aéreo sostenido sobre las posiciones insurgentes. El lunes, esa misma coalición aseguró haber movilizado 100 cazas y destruido 324 objetivos hutíes. Son cifras de parte, sin verificación externa, y conviene tratarlas como tales.

Hay un detalle que eleva bastante el riesgo del paquete. Entre las unidades sirias que se barajan figuran miles de combatientes islamistas extranjeros que lucharon contra Bashar al Assad bajo el paraguas de Hayat Tahrir al-Sham antes de su derrocamiento en diciembre de 2024. Son suníes. Los hutíes profesan el chiismo zaydí. Introducir ese contingente en Yemen no refuerza solamente una ofensiva: importa una fractura sectaria a un país que ya arrastraba la suya desde 2014.

Washington no se opone en principio, según la misma filtración, y el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ya ha sido consultado sobre cómo se desplegarían esas tropas. La lectura es sencilla. La Casa Blanca quiere sostener la presión sobre los hutíes sin poner más uniformes propios sobre el terreno. Un socio regional que asuma el coste humano y logístico resuelve a Washington un problema de cuerpos y de caja a la vez.

Riad compra tiempo con soldados ajenos y Damasco vende legitimidad internacional con hombres que hace dos años combatían por su cuenta.

Bab el-Mandeb, el estrecho que explica toda la operación

Todo lo anterior tiene una explicación geográfica que suele quedar enterrada bajo el ruido diplomático. El estrecho de Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y absorbe una parte sustancial del tráfico comercial entre Asia y Europa. Los avances hutíes de septiembre por la costa yemení, con el cerco sobre Taiz y el corte de la ruta de suministro hacia el puerto de Adén, lo han convertido en un cuello de botella. A eso se suma el desvío de tráficos provocado por las disrupciones en el estrecho de Ormuz, derivadas de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.

La respuesta hutí no se ha hecho esperar y ha cruzado la frontera. Según las autoridades saudíes, misiles, drones, y proyectiles de artillería han impactado en territorio del reino, incluidos ataques contra los aeropuertos de Riad y Abha que dejaron varios muertos. Riad, por su parte, ha cerrado apoyos bajo el paraguas del acuerdo de defensa colectiva firmado en agosto con Türkiye y Pakistán, bautizado ya en los círculos diplomáticos como el Muslim NATO. Es una arquitectura de seguridad paralela que Bruselas y Washington observan con incomodidad creciente.

Equilibrio de Poder

Lo que observamos en el eje Washington-Moscú-Bruselas es un movimiento de piezas poco habitual. Para Moscú, el expediente sirio dejó de ser una posición ganada y pasó a ser una factura pendiente: la caída de Assad en diciembre de 2024 le costó su anclaje mediterráneo en Tartus y Hmeimim. Ver ahora a Damasco convertida en auxiliar militar de Riad —su viejo adversario en el tablero energético— cierra un círculo incómodo para el Kremlin, que aún intenta reconstruir presencia en el Sahel con el Cuerpo Africano. En Bruselas, la Operación Aspides, la misión naval europea en el mar Rojo, sigue sin capacidad real para cubrir el hueco que deja cada nueva escalada, y el debate sobre su mandato vuelve a la mesa cada trimestre sin resolverse.

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Para España, la ecuación es más concreta de lo que parece a primera vista. Bab el-Mandeb no es un nombre exótico en los papeles de la Secretaría de Estado de Comercio: por esa ruta viajan exportaciones españolas hacia el Índico y buena parte de los componentes que alimentan la industria nacional. Un cierre prolongado encarece fletes, alarga plazos y presiona al alza los precios de importación. España mantiene una presencia sostenida en la Operación Atalanta contra la piratería en el Índico y sigue de cerca cualquier movimiento que desestabilice el Sahel y el Magreb, porque el rebote llega siempre a Canarias por las rutas migratorias y a Ceuta y Melilla por la presión diplomática de Rabat.

El precedente histórico es elocuente y no invita al optimismo. La intervención saudí de 2015 arrancó con una coalición de países árabes, apoyo occidental explícito y la promesa de una campaña corta. Terminó en nueve años de empate técnico y en la mayor crisis humanitaria del planeta, con la tregua de 2022 como único paréntesis real. Nada indica que una ofensiva reforzada con tropas sirias vaya a romper esa lógica. Los hutíes han demostrado una capacidad de absorción que ninguna coalición ha conseguido quebrar, y el respaldo iraní, aunque mermado por la guerra con Israel, no ha desaparecido.

El riesgo inmediato es de escalada regional, no de victoria rápida. Si el despliegue sirio se confirma, Teherán tendrá un motivo más para reactivar el suministro de drones y misiles balísticos a Ansar Allah, y Riad podría verse obligada a responder dentro de su propio territorio. La ventana crítica se abre en las próximas semanas, cuando el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE revise la contribución europea a la seguridad marítima en el mar Rojo y cuando el gobierno yemení reconocido intente consolidar el terreno recuperado antes de la temporada de lluvias. Quien crea que el expediente yemení se cierra con una firma en Riad se equivoca de siglo.