Trump sugiere que Ucrania sustituya a Zelenski por un líder que cierre el acuerdo con Rusia

Trump cuestiona de forma explícita la legitimidad de Zelenski como interlocutor y respalda a quien firme la paz. El acuerdo del diésel ruso con Putin y el colapso de las conversaciones de Miami marcan el nuevo tablero.

Donald Trump sostiene que Zelenski es el obstáculo para la paz y pide a Ucrania un nuevo presidente que pacte con Putin.

Lo dijo sin ambages, ante los periodistas, desde el jardín de la Casa Blanca, este pasado sábado: «Sugiero que consigan un nuevo líder que pueda cerrar un acuerdo». Y añadió, sobre Volodímir Zelenski, que «por alguna razón, nunca lo hace». No es la primera vez que el presidente de Estados Unidos cuestiona al mandatario ucraniano. Sí es una de las más explícitas.

Qué dijo Trump y qué revela el acuerdo del diésel con Moscú

El mandatario volvió a su argumento de siempre: la guerra no habría estallado si él hubiera estado en el Despacho Oval en febrero de 2022. «Esa guerra nunca habría empezado. Empezó por incompetencia», dijo. En su relato, Ucrania «ha perdido el 30% de su país» y el conflicto se ha cobrado «más de dos millones de fallecidos» entre ambos bandos.

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Horas antes, la Casa Blanca había cerrado con Vladímir Putin un acuerdo para que Rusia suministre «de inmediato» 300.000 toneladas de diésel al mercado estadounidense y global. El calendario contempla otras 500.000 para noviembre y un millón más «a continuación», con un objetivo final de tres millones. El anuncio cayó como un jarro de agua fría en Kiev.

Zelenski respondió en X ese mismo sábado. «Cada billón adicional que puedan ganar con las exportaciones se destinará únicamente a adquirir componentes críticos para fabricar armas, producir misiles y reclutar más mercenarios», escribió. «La elección de Rusia es la guerra». Solo estarán dispuestos a terminarla, añadió, cuando sientan que su capacidad de prolongarla disminuye.

Washington ya no busca en Kiev un aliado que resista: busca un interlocutor que firme. Y ese cambio de papel reordena toda la guerra.

El choque verbal coincidió con el final abrupto de las conversaciones de paz de Miami. Las delegaciones ucraniana y europea empezaron a reunirse el viernes con los negociadores estadounidenses, entre ellos el enviado Steve Witkoff, y debían continuar el sábado. No ocurrió. Kiev comunicó que su equipo «ya estaba de camino a casa». El punto de fricción no ha cambiado: el Kremlin exige el control de todo el Donbás y Zelenski se niega a cederlo.

Hay un detalle que explica buena parte del enfado americano con el líder ucraniano: las elecciones que Ucrania debía haber celebrado en 2024 y que quedaron canceladas por la ley marcial. Trump ha llegado a calificarlo de «dictador» por ello. El cálculo es simple. Sin urnas, no hay relevo. Y sin relevo, no hay firma.

Qué significa para España: energía, refugiados y la factura de la OTAN

Trump Rusia

El primer efecto para España es energético. El diésel ruso presiona a la baja el precio del gasóleo, un alivio para el transporte, la agricultura y la industria, pero también erosiona el consenso europeo sobre las sanciones. España, menos expuesta al gas ruso que Alemania, notará el movimiento en el margen.

Hay un segundo frente, el de la defensa. Durante cuatro años, la guerra de Ucrania sirvió de palanca a Washington para exigir a los aliados europeos un mayor esfuerzo militar. España es uno de los socios que más ha tardado en acercarse al 2% del PIB comprometido en la OTAN. Si Trump cierra el conflicto, esa presión no desaparece: cambia de forma. La pregunta pasa a ser quién paga la reconstrucción y quién guarda la frontera este.

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Queda el factor humano y político. España es uno de los países europeos que más ucranianos ha acogido bajo el régimen de protección temporal. En Madrid, el Gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido un discurso de apoyo firme a Kiev, alineado con Bruselas y con Berlín. Un giro americano obliga a recalibrar ese discurso sin romper la foto europea.

Nadie dijo que fuera gratis.

La Lógica de Washington

Conviene entender qué problema intenta resolver la Casa Blanca. Trump llegó al poder con un mandato explícito: cerrar guerras ajenas. Su base electoral, el núcleo del America First, no entiende por qué Estados Unidos sigue financiando un conflicto a 8.000 kilómetros de distancia. Esa es la coalición que sostiene la presión sobre Kiev: el ala no intervencionista del Partido Republicano, los realistas que ven en en Rusia un actor con el que se puede negociar y parte del empresariado que mira al diésel ruso como activo.

El precedente histórico viene de lejos. Richard Nixon cerró Vietnam en 1973 con la «vietnamización»: retirar las tropas americanas y dejar que el socio local se sostuviera solo. Trump hizo lo propio con Afganistán en febrero de 2020, cuando su equipo pactó con los talibanes en Doha; fue Joe Biden quien ejecutó la retirada en 2021. La lógica es idéntica: un presidente quiere cerrar un expediente que no abrió y necesita un interlocutor que firme.

Eso sí, hay una contradicción sin resolver. Ningún acuerdo impuesto desde fuera funciona si alguna de las partes no lo quiere. Rusia ha construido su economía de guerra sobre el conflicto y no ha renunciado al Donbás. Y Ucrania, hoy, no puede votar. Washington puede presionar, pero no gobernar Ucrania. Ese es el límite real de la jugada.

La próxima ventana está en el calendario del diésel: las 500.000 toneladas previstas para noviembre son el termómetro del deshielo con Moscú. No hay fecha para una nueva ronda de negociaciones. El reloj, mientras tanto, corre para todos.

Ficha del Caso

  • El caso: Trump afirmó desde la Casa Blanca que Ucrania debería elegir a un nuevo presidente capaz de pactar con Putin, señalando a Zelenski como el principal obstáculo para cerrar la guerra.
  • Datos clave: Acuerdo para el suministro de 300.000 toneladas de diésel ruso, con 500.000 más previstas para noviembre y un objetivo final de tres millones. Las conversaciones de paz de Miami terminaron antes de lo previsto.
  • Para España: El diésel ruso abarata el gasóleo y tensiona el consenso europeo sobre las sanciones; se abre el debate sobre el gasto en defensa, la acogida de refugiados ucranianos y el alineamiento con Bruselas.