Todos los que hemos comprado un asador barato conocemos el problema: se pega, se deforma y el olor se queda en la cocina.
El asador de Lidl que vuelve a las tiendas el viernes 16 de octubre por 21,99 euros ataca los tres frentes a la vez. No es un lanzamiento nuevo: este modelo de aluminio fundido de la marca Silvercrest ya arrasó hace unos meses, hasta agotarse. Ahora la cadena alemana lo repone con la misma fórmula y con esa tapa de cristal que esconde un aromatizador integrado.
Tengo un cajón lleno de bandejas compradas con ilusión y arrinconadas a la tercera lavada. Cuando un producto se agota dos veces, conviene mirar qué lleva dentro antes de plantarse a las puertas del supermercado.
El secreto del éxito
- El depósito pide una cucharada, no un vaso: el aromatizador de la tapa funciona por goteo, así que basta con un poco de vino o de caldo. Si lo llenas hasta el borde, el aroma llega de golpe y empapa la receta en lugar de acompañarla.
- 180 °C es el techo de la tapa: la base aguanta hasta 250 °C, pero el cristal no debería pasar de 180 °C. Si buscas gratinar fuerte, retira la tapa y deja la base sola en el horno.
- Silicona antes que metal: la superficie es antiadherente y se lleva mal con los tenedores. Yo uso espátula de silicona desde el primer día y el recubrimiento sigue intacto.
Aluminio fundido, tapa de cristal y 250 °C de techo térmico
La base está fabricada en aluminio fundido, un material que reparte el calor mejor que la chapa fina y que, en la práctica, evita esos puntos calientes donde se quema la cebolla antes de que se cocine el resto. Sobre ella, un recubrimiento antiadherente que cumple la función más básica: que el pescado no se desintegre al darle la vuelta.
El detalle que lo distingue de cualquier bandeja del mismo precio es la tapa. Dentro lleva un pequeño depósito con botón de aroma: se rellena de vino o de caldo y el sistema lo va soltando dosificado sobre el alimento. El resultado es una cocción más jugosa, porque el aroma no se escapa por la campana ni obliga a abrir el horno cada cinco minutos.

La otra ventaja es la versión todo en uno. Puede pasar por la placa y terminar en el horno sin cambiar de recipiente, lo que reduce el fregado a la mitad y permite marcar una carne o un pescado y acabarlo con calor envolvente.
Un buen asador no se mide por lo que aguanta, sino por lo que evita: menos pegado, menos fregado y un aroma que se queda donde debe.
Cómo sacarle partido: de la placa al horno sin cambiar de recipiente
La secuencia que casi nadie aprovecha es la doble cocción. Se pone la base sobre el fuego con un hilo de aceite, se marca el alimento por ambos lados —dos o tres minutos por cara bastan— y después se pasa todo al horno con la tapa puesta. Ahí es donde entra el aromatizador: carga el depósito con vino blanco o caldo, ajusta el horno a 180 °C y deja que el sistema haga su trabajo durante 20-25 minutos.
Sabrás que vas bien cuando el cristal se empañe y empiece a caer ese líquido dorado al fondo. Ese es el momento de no abrir. Cada vez que levantas la tapa pierdes vapor y sumas cinco minutos al reloj, así que aguanta la curiosidad.
Si buscas un acabado más tostado, retira la tapa y sube el horno a 220 °C. Muy por debajo del límite de la base y suficiente para que la piel de un pollo quede crujiente sin que el fondo se marque.
Para la limpieza, agua tibia, jabón y una esponja suave. Yo no lo metería en el lavavajillas ni loco: por 21,99 euros, merece la pena cuidarlo y que dure años.
Variaciones, alternativas y maridaje
En cuanto al maridaje, depende de lo que caiga dentro. Con un pollo asado con hierbas y un chorro de vino blanco en el depósito, un blanco con crianza funciona sin complicaciones; si tiras de caldo y setas, mejor un tinto de cuerpo medio que no tape el guiso.
Si llegas tarde y se ha agotado, cualquier bandeja de horno con tapa de cristal cumple la función básica, aunque ninguna de las que he probado lleva el depósito aromatizador. La diferencia se nota en cocciones largas, no en una simple bandeja de verduras.
En la versión vegetariana no hay nada que cambiar: berenjenas, pimientos, y cebollas con un poco de caldo en el depósito salen jugosas sin necesidad de añadir grasa.
Y para quien va con prisa, marca en la placa y termina de 8 a 10 minutos en el horno a 180 °C con la tapa puesta. Es la vía rápida sin renunciar al aroma.
Si en su primera tanda se agotó en cuestión de días, no conviene esperar al domingo para acercarse a la tienda.
