Madrid pide desalojar la acampada de Sol por el Metro y compensar a los comercios

El consejero de Vivienda y Transportes firma una carta al delegado del Gobierno en la que reclama retirar el campamento ante los riesgos de evacuación en una estación con miles de viajeros diarios. El Ayuntamiento estudia ya cómo compensar a los comercios del entorno.

El desalojo de la acampada de Sol ya tiene una petición formal por escrito, y no procede del Ayuntamiento. La Comunidad de Madrid ha remitido una carta al delegado del Gobierno en Madrid en la que solicita el levantamiento del campamento por los riesgos que genera en la estación de Sol, la misma semana en la que el Consistorio estudia cómo compensar a los comercios del entorno.

La carta está fechada el 13 de octubre y la firma el consejero de Vivienda, Transportes e Infraestructuras, Jorge Rodrigo Domínguez. Va dirigida al delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín Aguirre, y lleva adjunto el ‘Informe sobre las condiciones de seguridad en caso de emergencia en la estación de Sol’, elaborado por Metro de Madrid en el marco de sus competencias sobre la seguridad de viajeros y trabajadores del suburbano.

Qué dice el informe de Metro y por qué se activa ahora

El argumento se apoya en un hecho que cualquiera que haya bajado a Sol en hora punta reconoce. En esa estación confluyen dos explotaciones ferroviarias independientes, Metro de Madrid y Cercanías Renfe, unidas por vestíbulos interconectados y utilizadas a diario por miles de viajeros. Con una parte importante de la plaza ocupada, sostiene el escrito, se comprometen los escenarios de evacuación urgente, la entrada de los servicios de emergencia, y la operatividad diaria de la estación.

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La petición es literal: que el delegado adopte las medidas que considere necesarias para garantizar la seguridad de la estación y de sus usuarios. El consejero añade además una recomendación explícita, el levantamiento del campamento por motivos de seguridad, que convierte la carta en algo más que una consulta técnica. No es la primera comunicación del Gobierno regional a la Delegación por esta instalación: la del 13 de octubre se suma a solicitudes anteriores sobre su permanencia en el centro de la capital, de las que no consta respuesta pública.

Por ahora, la pelota está en el tejado de la Delegación del Gobierno y no hay calendario ni decisión anunciada.

De momento, el campamento sigue en pie.

Una estación con dos operadores, miles de viajeros al día y una plaza ocupada es el tipo de escenario que solo preocupa cuando ya ha ocurrido algo.

Quién tiene la competencia para desalojar y quién asume el coste

El orden público no depende del Palacio de Cibeles. La competencia sobre seguridad ciudadana y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado recae en la Delegación del Gobierno, mientras el Ayuntamiento gobierna el espacio público y la convivencia diaria en la plaza. Esa división institucional explica el cruce de cartas: la Comunidad reclama al Estado y el Consistorio se mueve en el terreno que le es propio, el de las consecuencias económicas.

Ahí entra Almeida. El Ayuntamiento estudia medidas para compensar las pérdidas de los negocios de la zona, tal y como ha adelantado ABC Madrid. Ni la fórmula ni la cuantía están detalladas, pero el gesto tiene destinatario claro: hosteleros y comerciantes de la plaza, el otro colectivo que sale perdiendo con la ocupación.

Sin cifras sobre la mesa.

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Por qué este pulso se parece al verano de 2011 y en qué se diferencia

El precedente más cercano está a un paseo de distancia. La acampada del Movimiento 15-M ocupó esta misma plaza en mayo de 2011 y no se desmanteló hasta el verano, después de semanas de tira y afloja entre el Ayuntamiento, la Delegación del Gobierno y los propios acampados. Entonces también se habló de seguridad, de limpieza y de imagen turística. Quince años después, el guion se parece demasiado.

La diferencia no está en la forma, sino en el contexto. Aquella protesta llegó con la crisis económica y la precariedad laboral como bandera; esta tiene el precio del alquiler como eje, en una región donde el Plan Alquila funciona desde 2008 y donde el Plan Vive se ha convertido en la principal marca de vivienda pública del Ejecutivo autonómico. Ese es el fondo del asunto, aunque la carta del 13 de octubre hable de evacuaciones y de andenes.

Hay un punto débil evidente en la gestión de todo esto. El informe de Metro no se ha hecho público, así que vecinos, comerciantes y usuarios del suburbano no pueden comprobar por sí mismos qué escenarios de emergencia se ven afectados ni con qué probabilidad. Sin ese documento en la mano, la petición de desalojo se sostiene sobre la autoridad de quien la firma y no sobre datos que cualquiera pueda verificar.

Tampoco hay plazos. La carta no fija un calendario, no cuantifica el riesgo por franjas horarias y no aclara quién asumiría el coste de una intervención. En un asunto donde conviven el Estado, la Comunidad y el Ayuntamiento, esa ambigüedad suele traducirse en semanas de espera. La plaza, mientras tanto, sigue igual.

El próximo movimiento institucional no tiene fecha: depende de si la Delegación del Gobierno contesta a la carta o la deja en el cajón. Para quien coge la Línea 1, la Línea 3 o un Cercanías con destino a Sol cada mañana, la diferencia se mide en un detalle muy concreto: si los accesos amanecen un día con vallas o sin ellas.