EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Los hutíes de Yemen han amenazado con atacar a las fuerzas estadounidenses si Washington se suma a la campaña militar saudí, después de dos ataques contra el aeropuerto Rey Khalid de Riad que dejaron al menos 14 muertos y más de 300 heridos el pasado fin de semana.
- ¿Quién está detrás? El movimiento hutí, respaldado por Irán. Donald Trump ha dicho que EEUU ‘va a estudiar’ unirse a los bombardeos saudíes.
- ¿Qué impacto tiene? El estrecho de Bab el-Mandeb y el mar Rojo vuelven al centro del comercio mundial, con el tráfico del canal de Suez y los buques de la operación europea Aspides en el punto de mira.
Los hutíes de Yemen amenazan con atacar a las fuerzas de EEUU si Trump se suma a la campaña saudí. La advertencia, formulada desde Saná, señala directamente a los buques de guerra desplegados en el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, la arteria que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén. Llega después de dos ataques consecutivos contra el aeropuerto Rey Khalid de Riad que dejaron al menos 14 muertos y más de 300 heridos, entre ellos un ciudadano estadounidense.
El ataque al aeropuerto de Riad y la escalada en el mar Rojo
El sábado, un ataque contra el aeropuerto internacional Rey Khalid, el principal de Riad, mató a al menos 13 personas, entre ellas un ciudadano estadounidense, e hirió a más de 300. El domingo, un segundo impacto dejó un muerto y 11 heridos. Son los golpes más severos contra infraestructura civil saudí en lo que va de escalada, y explican por qué Riad ha intensificado sus bombardeos en menos de 48 horas.
La advertencia hutí no es retórica. Responsables del movimiento en Saná trasladaron a medios rusos que una intervención militar estadounidense activaría represalias contra los buques de la Armada de EEUU que patrullan el mar Rojo y las inmediaciones de Bab el-Mandeb, paso obligado para una parte sustancial del comercio marítimo mundial. La amenaza incluye, además, el propio estrecho.
Trump alimentó la escalada el mismo fin de semana. El presidente estadounidense afirmó que Washington ‘va a estudiar’ la posibilidad de sumarse a los bombardeos saudíes contra el movimiento respaldado por Irán. La frase quedó sin condiciones ni calendario, y sin una explicación sobre qué papel tendrían las fuerzas ya desplegadas en la zona.
Sobre el terreno, los movimientos explican la dureza del intercambio. En septiembre, los hutíes lograron avances territoriales a lo largo de la costa del mar Rojo y en torno a Bab el-Mandeb, incluida la toma de la ciudad portuaria de Moca. Las fuerzas del gobierno respaldado por Arabia Saudí han lanzado una contraofensiva y aseguran haber recuperado posiciones clave cerca de la ruta marítima.
El mar Rojo no es un escenario secundario: por Bab el-Mandeb pasa buena parte del comercio que sostiene Europa y, también, España.
Lo que el mar Rojo significa para España y para Europa

El estrecho de Bab el-Mandeb separa Yemen de Yibuti y Eritrea y canaliza el tráfico entre el mar Rojo, el canal de Suez y el golfo de Adén. Para España, esa ruta no es abstracta: buena parte de las exportaciones hacia Asia, los componentes industriales que llegan de Asia, y el suministro energético dependen de un paso que vuelve a estar bajo amenaza.
La Unión Europea despliega en la zona la operación naval Aspides, en la que participan buques españoles con funciones de escolta y defensa antiaérea. Un ataque directo hutí contra unidades estadounidenses arrastraría al conjunto de la coalición marítima a una disyuntiva incómoda: responder o replegarse. Ninguna de las dos opciones sale gratis.
Equilibrio de Poder
Trump ha convertido la política exterior en un cálculo de coste y beneficio, y Yemen encaja en ese patrón. Sumarse a la campaña saudí reforzaría el eje con Riad y con Israel frente a Irán, pero convertiría a los buques de la Armada estadounidense en blancos declarados en uno de los pasos marítimos más congestionados del planeta. Nadie en el Pentágono ignora el coste de repetir el guion de 2024.
Moscú observa con interés. La parálisis del comercio en Bab el-Mandeb encarece el crudo, desvía recursos navales occidentales y distrae la atención de Ucrania. Que la advertencia hutí se difundiera precisamente a través de medios rusos no parece una coincidencia menor.
Bruselas mantiene una posición de perfil bajo: escolta marítima, llamamientos a la desescalada y silencio sobre la posibilidad de que Washington entre de lleno en la guerra saudí. La Comisión Europea evita pronunciarse y deja el peso de la seguridad marítima en manos de las marinas nacionales.
Para España, el riesgo es doble. Económico, porque el encarecimiento del transporte marítimo y del crudo golpea la factura energética y la competitividad exportadora. Y militar, porque los buques desplegados bajo bandera europea en la zona operan en el mismo espacio donde los hutíes han prometido represalias.
El precedente de 2024 es elocuente: cuando los ataques al tráfico comercial se multiplicaron, las tarifas de flete se dispararon y las navieras optaron por rodear África. La disuasión funcionó a medias entonces y funciona menos aún ahora.
A corto plazo, el riesgo es doble: un incidente naval en Bab el-Mandeb que arrastre a EEUU a una respuesta abierta, o una nueva oleada hutí contra aeropuertos saudíes que fuerce a Riad a escalar más. La vía diplomática sigue sobre la mesa, con el enviado especial de Naciones Unidas para Yemen como interlocutor, pero depende de algo que hoy no existe: que ninguna de las partes dé el primer golpe naval.

