El precio del crudo Brent cerró en 106,65 dólares por barril, su nivel más alto desde el pasado 15 de septiembre. La subida, de 1,93 dólares y un 1,8% en una sola sesión, golpea de lleno a un país que importa prácticamente todo el petróleo que consume. Detrás del dato están los ataques contra Arabia Saudí, con el aeropuerto de Riad como escenario y varios petroleros en el punto de mira.
Qué ha pasado para que el Brent vuelva a los 106 dólares
Los ataques fueron reivindicados por los hutíes, las milicias alineadas con Irán, y se cobraron trece muertos y más de trescientos heridos en el aeropuerto internacional de Riad. Al día siguiente se produjeron nuevas acometidas. En el mercado, el foco no está en las víctimas, sino en los oleoductos.
Cinco refinerías saudíes tuvieron que cerrar temporalmente cuando se interrumpió un oleoducto que lleva el petróleo hacia el mar Rojo. Ya vuelven a operar, pero el episodio deja una pregunta incómoda: qué infraestructura defender si el conflicto escala. Los analistas de Goldman Sachs han elevado su previsión para diciembre de 85 a 90 dólares por barril.
En las últimas semanas se han multiplicado los ataques contra petroleros que navagaban cerca del estrecho de Ormuz, la autopista marítima por la que sale buena parte del crudo que mueve el planeta. Un buque fue alcanzado por un dron en las proximidades de Sohar, en Omán, y otro sufrió daños al cruzar el estrecho, según la agencia británica que vigila el tráfico marítimo. La normalidad del tráfico marítimo se ha roto en apenas unas jornadas. La referencia estadounidense, el West Texas Intermediate, cerró en 93,74 dólares.
Por qué esta subida llega directa a la factura energética española
España apenas extrae petróleo. Lo compra fuera, lo refina y lo consume en coches, camiones, aviones, barcos y calefacciones. Por eso la cifra que se cierra cada tarde en Londres no es un dato abstracto: es el precio al que se llena el depósito y se mueve la economía.

Las refinerías españolas de Repsol, Cepsa y Petronor trabajan con crudo importado y trasladan el coste a los precios de salida. El encarecimiento del barril tarda unas semanas en llegar al surtidor, pero llega: gasolina y gasóleo acaban pagando la prima de riesgo. Y de ahí salta a todo lo demás.
El barril que se paga en el Golfo se convierte, con unas semanas de retraso, en gasóleo más caro en cada carretera española.
El transporte es el eslabón más expuesto. Camiones, autobuses, taxis y flotas de reparto dependen del gasóleo; las aerolíneas cubren con queroseno una parte decisiva de sus costes; y el sector pesquero y el agrario se alimentan del mismo combustible. Cada euro de más en el barril termina apareciendo en el IPC y en la cesta de la compra.
Hay una segunda factura, menos visible. España es un país importador neto de energía, así que cada subida del crudo engorda el déficit comercial y resta competitividad a industrias que compiten con fábricas de otros países donde la luz y el gas cuestan menos. Las islas, con una generación eléctrica más dependiente de los combustibles líquidos, son las primeras en notar el tirón.
En la carretera el golpe se mide de otra manera. El transporte por carretera es un sector muy repartido en España, con miles de pequeñas empresas y autónomos para los que cada céntimo del gasóleo pesa en la cuenta de resultados. Ninguno puede repercutir el alza al instante.
Lo que enseña el precedente de 2022 para España
El país ya ha vivido este guion. Cuando el crudo superó los 130 dólares tras la invasión rusa de Ucrania, el Gobierno aprobó una bonificación de veinte céntimos por litro de carburante y se pactó con Bruselas el mecanismo conocido como excepción ibérica, que topó el precio del gas empleado para generar electricidad. Ninguna de aquellas medidas tocó la raíz del problema: la dependencia exterior de un país sin pozos propios.
Conviene recordar que existe una red de seguridad. La Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) gestiona las reservas de crudo y carburantes que España está obligada a mantener y que pueden liberarse si el suministro se corta, en coordinación con la Agencia Internacional de la Energía. Es un colchón para emergencias, no una fórmula para abaratar el barril.
Los cálculos de Goldman Sachs sitúan una prima de riesgo por encima de los veinte dólares por barril. Cuánto dure dependerá de si la escalada en Yemen y los ataques en Ormuz se contienen o se extienden.
Para España, la cuenta es sencilla: cada barril que se quede por el camino se pagará en el surtidor y en la cesta de la compra. Y el Brent, la referencia del crudo que compra Europa, seguirá marcando el ritmo.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Los ataques hutíes contra Arabia Saudí han devuelto la prima de riesgo al mercado y han llevado el Brent a su máximo desde el 15 de septiembre.
- Datos importantes: El barril subió un 1,8% en una sesión hasta 106,65 dólares, cinco refinerías saudíes cerraron de forma temporal y España importa prácticamente todo el crudo que consume.
- Resumen: La factura energética española se encarece en plena dependencia exterior, con el transporte, la industria y el IPC como primeros afectados.

