La Guardia Civil considera inviable la travesía en colchoneta de cuatro migrantes de Ceuta a la Península el 23 de septiembre, según el instituto armado. Los cuatro hombres se echaron al agua con trajes de neopreno desde la playa de El Trampolín y no se ha vuelto a saber de ellos. Días después, un cadáver con neopreno apareció flotando frente a la costa de Estepona (Málaga).
La huida imposible de cuatro hombres desde la playa de El Trampolín
El fotoperiodista Marcos Moreno retrataba la vida diaria del asentamiento chabolista de El Trampolín, en Ceuta, cuando advirtió que cuatro hombres con trajes de neopreno se echaban al agua. Ocurrió sobre las 19:00 horas del 23 de septiembre. Se repartían la escasa superficie de una colchoneta semihundida y nadaban hacia alta mar, alejándose de la costa, según la reconstrucción publicada por CRÓNICA.
Moreno les hizo señas para que volvieran. Le miraron y siguieron alejándose hacia los mercantes del horizonte. Después se les perdió de vista. No hay más rastro.
Fuentes de la Guardia Civil sostienen que aquella fuga fue una fuga suicida. El instituto armado asegura que es imposible que, a nado y solo con un flotador compartido, se pueda salvar el Estrecho de Gibraltar. Ni siquiera con trajes de neopreno.
Las corrientes que arrastran hasta la costa de Málaga
El principal obstáculo no es la distancia. Entre Ceuta y la Península hay unos 14 kilómetros, pero las corrientes marinas arrastran hacia el litoral malagueño y alargan el recorrido hasta cien kilómetros. Un veterano piloto de Salvamento Marítimo confirma que la travesía no es posible. El neopreno, explica, solo garantiza que el cuerpo no se hunda y llegue en mejor estado, pero muerto.
Las corrientes del Estrecho arrastran hacia el litoral de Málaga y alargan el trayecto de catorce kilómetros hasta cien.
El cadáver con neopreno hallado frente a Estepona
Pasadas las 20:00 horas del 29 de septiembre, una embarcación de recreo que navegaba a once millas de la costa malagueña encontró un cuerpo flotando. El fallecido llevaba un traje de neopreno. La tripulación avisó al Centro Coordinador de Salvamento Marítimo en Tarifa, que activó el helicóptero Helimer 222. La embarcación Gadir acudió a la zona y rescató el cadáver, que fue trasladado al puerto de Estepona.
La Guardia Civil se hizo cargo del cuerpo y de la investigación, que abrió el juzgado de guardia (el que atiende las primeras diligencias de un suceso). La autopsia, practicada en el Instituto de Medicina Legal de Málaga, determinó que la causa de la muerte fue ahogamiento.
Los forenses no lograron identificar al hombre. El cadáver permanece a la espera de que se le declare oficialmente no identificado y sea enterrado. Le espera, con toda probabilidad, una fosa común y una lápida con un número.
Los cadáveres sin nombre y el estado de la investigación
Aquel hallazgo no fue un caso aislado. El 15 de septiembre se activó la alerta por un cuerpo en la costa occidental malagueña, recogido en Fuengirola. Al día siguiente apareció otro en Nerja, trasladado a Vélez-Málaga: llevaba aletas, flotador, varios teléfonos móviles, y dirhams, la moneda de Marruecos. El 26 de septiembre, una patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil encontró un tercer cadáver en alta mar, en avanzado estado de descomposición.
La Guardia Civil no ha podido confirmar si el ahogado de Estepona es uno de los cuatro hombres que se echaron al agua en El Trampolín. En el instituto armado están convencidos de que el fallecido entró en Ceuta en la avalancha migratoria de finales de julio, cuando más de 80.000 personas cruzaron la frontera del Tarajal. El modus operandi es el normal, apostillan las fuentes consultadas.
Según la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha), 19.363 migrantes han muerto o desaparecido en las rutas del Estrecho, Alborán y Canarias desde que empezó a llevar la cuenta, hace 38 años. En 2024 registró 1.869 desaparecidos y 596 fallecidos. Solo en Ceuta y Melilla fueron 55 los desaparecidos y 60 los fallecidos, la mayoría ahogados.
La entidad denuncia que la identificación de los cuerpos es casi imposible. No existe un protocolo común y las familias deben llamar uno a uno a cada instituto forense, muchas veces sin resultado. La mayoría de los cadáveres acaban en una fosa común con una lápida sin nombre.
Dos semanas después de que el fotoperiodista captara las imágenes, el asentamiento de El Trampolín ha sido desalojado y las retroexcavadoras han derribado las chabolas. No queda rastro físico de quienes compartieron campamento con los cuatro hombres. La investigación sigue abierta. El cuerpo continúa sin identificar.

