Rusia arrasa la red eléctrica de Kiev y Járkov: seis centrales fuera de servicio por el ataque a Ucrania

Zelenski cifra en 26 los elementos del sistema eléctrico dañados y admite que solo se derribaron cuatro de los 39 misiles balísticos. El ferrocarril estatal confirma impactos en depósitos y estaciones de cinco provincias.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Rusia ha atacado con misiles de precisión y drones de largo alcance seis centrales eléctricas en Kiev, su periferia y la región de Járkov, además de un centro de datos bancario y nodos ferroviarios en cinco provincias.
  • ¿Quién está detrás? El Ministerio de Defensa ruso reivindica la operación y la presenta como respuesta a los ataques ucranianos contra refinerías rusas. Moscú sostiene que las plantas daban suministro a la industria militar ucraniana.
  • ¿Qué impacto tiene? Más de 600.000 personas sin electricidad, según Volodímir Zelenski. Kiev admite que solo derribó cuatro de los 39 misiles balísticos lanzados, con los arsenales de Patriot bajo mínimos.

El ataque de Rusia contra Ucrania de esta madrugada ha dejado a más de 600.000 personas sin electricidad. El Ministerio de Defensa ruso ha reivindicado el bombardeo de seis centrales eléctricas en Kiev, su periferia y la región de Járkov, además de la red ferroviaria en cinco provincias. No hay verificación independiente de la lista de objetivos que difunde Moscú.

La operación combinó lo que el comunicado ruso denomina ‘armamento de alta precisión de lanzamiento terrestre’ y ‘drones de ataque de largo alcance’. En la práctica, esa fórmula remite, en el lenguaje habitual del ministerio, a los sistemas Iskander-M y a enjambres de municiones merodeadoras del tipo Shahed-136 y Geran-2, el patrón que Moscú ha repetido en las campañas invernales contra la red ucraniana. La Fuerza Aérea de Ucrania contabiliza, de su lado, 39 misiles balísticos y más de 120 drones y municiones merodeadoras.

Seis centrales fuera de servicio y un patrón que ya conocemos

El detalle de objetivos que ofrece el ministerio ruso dibuja una lógica repetida desde el otoño de 2022. En Kiev, Moscú asegura haber alcanzado la central de cogeneración Darnytska (CHP-4) y la CHP-5, presentadas como suministradoras de instalaciones militares y fábricas de defensa. En la región que rodea la capital, la lista incluye la CHP-6, la central térmica de Trypilska y la subestación eléctrica de Kievskaya, que según el relato ruso alimentaban nudos logísticos, almacenes de armamento y empresas del complejo militar-industrial.

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En Járkov y su área metropolitana, los impactos se concentraron en la CHP-5 y en la central térmica de Zmievska. A esa relación se suma un objetivo poco habitual en los partes anteriores: el centro de datos de Ukrsibbank, que según Moscú servía para recopilar información sobre las fuerzas rusas. La banca entra así en el mismo paquete de guerra que las turbinas.

El jefe de Ukrzaliznytsia, el operador ferroviario estatal, ha confirmado daños en depósitos de locomotoras y vagones, talleres de mantenimiento, y estaciones de cinco provincias: Járkov, Kiev, Vínnitsa, Jmelnitski y Ternópil. Oleksandr Pertsovski describe los daños materiales como sustanciales y subraya que no hubo víctimas entre el personal. El ferrocarril es el sistema circulatorio de la logística militar ucraniana, y golpearlo en octubre tiene una lectura evidente: adelantarse al invierno.

Moscú no persigue el apagón por el apagón: busca que el invierno haga el trabajo que no terminan de hacer sus misiles.

El agujero real: cuatro interceptaciones de 39 misiles

Volodímir Zelenski confirmó la oleada y puso cifras al daño: 26 elementos del sistema eléctrico afectados y cuatro instalaciones de petróleo y gas alcanzadas. El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, informa de tres muertos y al menos 22 heridos en la capital. ‘Al menos 600.000 personas están hoy, por desgracia, sin electricidad’, dijo el presidente ucraniano, que advirtió de nuevos cortes en las próximas horas.

El dato más incómodo para Kiev es otro. De los 39 misiles balísticos, la Fuerza Aérea ucraniana solo reconoce haber derribado cuatro. La explicación está en los almacenes: los interceptores Patriot están bajo mínimos y cada lanzamiento se decide como quien gasta la última bala. Un sistema Patriot, capaz de abatir misiles balísticos de corto alcance, dispara proyectiles de varios millones de euros que salen de una cadena de producción muy corta.

La queja del presidente ucraniano apunta a otro flanco. Zelenski ha asegurado que sus socios occidentales no avisaron con antelación del lanzamiento de los misiles balísticos rusos y que es la segunda vez en la semana. A eso añade una acusación más incómoda: Washington habría amenazado con suspender el intercambio de inteligencia si Ucrania no deja de atacar refinerías rusas. El propio Zelenski matiza que la cooperación no se ha interrumpido y que la Casa Blanca mantiene el flujo de información.

El contexto político no ayuda. Donald Trump ha llegado a decir que ‘es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente’, en referencia a un mandato caducado hace más de dos años, y ha pedido a Kiev que deje de golpear las refinerías rusas. Zelenski se ha declarado dispuesto a hacerlo si Moscú deja en paz la red eléctrica. Moscú no ha ofrecido nada parecido. En ese tira y afloja, la red eléctrica funciona como moneda de cambio.

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Equilibrio de Poder

La lectura del eje Washington-Moscú-Bruselas en esta oleada es más política que militar. Moscú golpea cuando la relación entre Kiev y la Casa Blanca atraviesa su punto más bajo desde febrero de 2022, y lo hace calibrando objetivos que puede presentar como apoyo al esfuerzo bélico en lugar de como castigo a la población civil. Trump mantiene la ayuda y la inteligencia, pero con lenguaje de cobro: pide contención a Kiev, cuestiona la legitimidad de su presidente y deja caer la factura sobre Europa. Bruselas sigue sin resolver el cuello de botella que más duele en noches como la de este miércoles: interceptores y munición antiaérea.

Para España, la distancia no protege. Ucrania es hoy el principal banco de pruebas de la defensa aérea europea, y cada interceptor que sale de los almacenes de la OTAN es uno menos en el inventario compartido del que también dependen los despliegues del flanco este. La presión sobre el gasto en defensa que Moncloa gestiona desde la cumbre de La Haya se negocia en foros donde noches como esta pesan más que cualquier discurso. A eso se suma el flanco sur: cada misil antiaéreo desviado hacia el Donbás es un sistema que no vigila el Sahel ni la frontera con Marruecos.

El riesgo inmediato tiene fecha: noviembre. Las campañas de 2022 y 2023 ya demostraron que la red eléctrica no es un objetivo secundario, sino un segundo frente que se abre cuando el terrestre se atasca. La diferencia, esta vez, es que Ucrania llega al invierno con menos defensa antiaérea enfrente. Bruselas debate ahora el próximo paquete de ayuda, y el Consejo Europeo de diciembre es la primera cita real para decidir si Europa cubre el hueco o se limita a mirar. El informe diario del ISW seguirá actualizando el mapa de daños. Nosotros seguiremos contando cuántas centrales quedan en pie.