Hutíes amenazan a Arabia Saudí con ‘ojo por ojo’ y llevan la ofensiva a aeropuertos y petroleras

El ministro hutí Abdulwahid Abu Ras advierte de que la ofensiva contra aeropuertos e instalaciones petrolíferas saudíes seguirá hasta que Riad levante el bloqueo. La ONU alerta de que Yemen ha vuelto a la guerra a gran escala.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El ministro de Exteriores en funciones de la administración hutí, Abdulwahid Abu Ras, ha confirmado que mantendrá los ataques contra aeropuertos e instalaciones petrolíferas de Arabia Saudí mientras Riad no levante el bloqueo y retire sus tropas de Yemen.
  • ¿Quién está detrás? El movimiento hutí, que controla Saná y buena parte de la costa del mar Rojo, frente a la coalición militar liderada por Arabia Saudí.
  • ¿Qué impacto tiene? El estrecho de Bab el-Mandeb, paso de cerca del 12% del comercio marítimo mundial, vuelve a estar bajo la amenaza de una escalada abierta.

El ministro de Exteriores en funciones de la administración hutí, Abdulwahid Abu Ras, ha advertido de que los ataques contra aeropuertos e instalaciones petrolíferas de Arabia Saudí se mantendrán mientras Riad no levante el bloqueo y retire sus tropas de Yemen.

En una entrevista concedida a la cadena rusa RT, Abu Ras ha resumido la doctrina del movimiento en una fórmula sin matices: ‘ojo por ojo’. ‘Asedio por asedio, aeropuerto por aeropuerto, puertos por puertos y escalada por escalada’, ha declarado el responsable hutí.

El coste humano de los últimos choques es elevado. Los ataques reivindicados por los hutíes contra el aeropuerto internacional Rey Khalid, en Riad, se saldaron con al menos 14 muertos y más de 300 heridos durante el fin de semana. La coalición liderada por Arabia Saudí respondió el martes con un bombardeo sobre un depósito de combustible en las proximidades de Saná.

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El rebrote se sitúa en julio, cuando una oleada de ataques contra el aeropuerto de Saná desencadenó la respuesta con misiles de los hutíes sobre suelo saudí. Aquello rompió años de calma relativa, los que siguieron a la tregua auspiciada por Naciones Unidas en 2022. El enviado especial de la ONU para Yemen, Hans Grundberg, advirtió la semana pasada de que el país ha regresado a una guerra a gran escala.

Del alto el fuego de 2022 al fuego real en el mar Rojo

El control hutí del estrecho de Bab el-Mandeb, la garganta marítima que separa el cuerno de África de la península arábiga y por la que transita cerca del 12% del comercio marítimo mundial, es la pieza que convierte este conflicto en un asunto global. Tras sus recientes avances en la costa, las fuerzas de Saná dominan la orilla oriental del paso. Sin embargo, Abu Ras ha descartado imponer peajes o tasas a los buques comerciales. ‘Sanaa está interesada en mantener la vía marítima y el tráfico comercial en Bab el-Mandeb completamente normal en todos los sentidos’, ha asegurado.

Quien controla Bab el-Mandeb no necesita cerrarlo: basta con que suba el seguro marítimo para que medio mundo lo note en la factura.

El ministro hutí también ha querido desligar su causa del pulso entre Estados Unidos e Irán, el principal valedor del movimiento. ‘La posición yemení es una posición declarada respecto a su causa interna, su causa nacional, que no tiene nada que ver con ninguna agenda externa’, ha subrayado. ‘Que los hermanos de la República Islámica de Irán alcancen o no soluciones con el lado estadounidense es un asunto completamente separado’.

Riad sostiene su relato con la coalición, pero cada bombardeo sobre Saná le cuesta un argumento en las cancillerías europeas.

Represalias contra aeropuertos y petroleras: la escalada que viene

Mar Rojo

Abu Ras ha insistido en que los objetivos de la represalia hutí incluyen instalaciones petrolíferas, infraestructuras críticas, y posiciones militares saudíes. La lista no es retórica. El reino sostiene el mayor volumen de exportación de crudo del golfo Pérsico, y sus terminales del mar Rojo, como la de Yanbu, han estado ya en el punto de mira de los drones y los misiles hutíes en fases anteriores del conflicto. Un impacto sostenido sobre esas instalaciones tendría un efecto inmediato sobre el precio del Brent y, por extensión, sobre la factura energética europea.

Riad no ha confirmado oficialmente el alcance de los daños en sus instalaciones, pero los mercados de futuros ya reaccionan a cada titular procedente de Saná. La prima de riesgo geopolítico sobre el crudo del mar Rojo se ha convertido en un termómetro más fiable que cualquier comunicado oficial.

La puerta a la negociación, según el ministro, sigue abierta. ‘Invitamos al régimen saudí a sentarse en la mesa de negociación para implementar lo que se acordó’, ha afirmado Abu Ras, que reclama además acceso a los recursos de petróleo y gas del país y exige que las instalaciones humanitarias queden fuera de los combates.

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En el plano diplomático, el responsable hutí ha cargado contra el Reino Unido por su actitud en el Consejo de Seguridad de la ONU. Le acusa de amparar las acciones saudíes y de legitimarlas en los foros internacionales. ‘Este tipo de intervenciones complican aún más el conflicto y arrastran a la región hacia un enfrentamiento potencialmente mayor’, ha advertido.

Equilibrio de Poder

La lectura estratégica de este rebrote no se entiende sin el tablero de los grandes bloques. Washington ha desplazado su foco hacia el pulso con Irán y hacia el Indo-Pacífico, lo que deja a Riad un margen de maniobra estrecho en Yemen y una dependencia creciente de sus propios medios. Moscú mantiene canales abiertos con Saná y con Teherán, y la entrevista concedida a un medio estatal ruso no es un detalle menor: forma parte de la disputa por el relato en un conflicto donde la información circula tan rápido como los drones. Bruselas, mientras tanto, observa con inquietud creciente un mar Rojo que ya no puede dar por seguro.

Para España, el eco de esta escalada llega por dos vías. La primera es energética: cualquier interrupción del tránsito por Bab el-Mandeb encarece el transporte marítimo y golpea los precios del crudo que importa la Unión Europea. La segunda es de seguridad marítima. La misión naval europea Operación Aspides, en la que participa la Armada española para proteger la navegación comercial, quedaría sometida a una presión renovada si los hutíes reactivan su campaña contra el tráfico y contra las instalaciones costeras. La frontera sur de España, con Marruecos y el Sahel como vecindad inmediata, ya vive una inestabilidad que un mar Rojo en llamas no contribuiría a calmar.

El riesgo inmediato es claro. Los hutíes han demostrado capacidad para alcanzar objetivos a cientos de kilómetros con misiles balísticos y drones de largo alcance, y cada intercambio de golpes eleva el listón de la represalia. El precedente de 2019, cuando un ataque contra la refinería saudí de Abqaiq y el yacimiento de Khurais paralizó temporalmente la mitad de la producción del reino, demuestra hasta dónde puede llegar esta lógica sin necesidad de una declaración formal de guerra. La próxima ventana crítica se sitúa en las semanas venideras: si la ONU no recupera el canal de mediación que ya funcionó en 2022, el enviado Grundberg se quedará sin margen y el conflicto entrará en una fase sin árbitro.