El informe de la ONU destapa que la represión en Venezuela sigue activa

La misión de la ONU documenta 64 nuevos casos de tortura desde enero y advierte de que las leyes que castigan la disidencia siguen vigentes. El mandato del organismo se prolonga hasta 2028 pese al rechazo de Caracas.

El informe de la ONU sobre Venezuela deja un dato incómodo: entre 379 y 500 personas siguen presas por motivos políticos.

La misión internacional de determinación de los hechos, el mecanismo que el Consejo de Derechos Humanos puso en marcha para documentar lo que ocurre dentro del país, concluye que las estructuras de la represión siguen intactas. No es una impresión: es un expediente con nombres, fechas y métodos.

Conviene recordar de dónde venimos. El informe reconoce avances reales: la reducción de las detenciones de larga duración y de las desapariciones forzadas desde que Delcy Rodríguez asumiera la Presidencia encargada. La propia misión sitúa un punto de inflexión el 3 de enero, fecha de la captura de Nicolás Maduro.

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Y aquí está la clave. Esos avances no van acompañados de reformas capaces de sostenerlos en el tiempo. Las leyes que criminalizan la disidencia siguen vigentes y las fuerzas de seguridad conservan esencialmente la misma estructura y las mismas prácticas.

Lo que la misión ha documentado en los centros de detención

Los investigadores recogen 64 nuevos casos de tortura posteriores al 3 de enero. Entre los métodos verificados aparece uno que no había sido registrado hasta ahora: la ‘máquina del tiempo’. Consistía en encerrar a grupos de unos quince detenidos en un tanque subterráneo sellado, desnudos y en oscuridad total, entre unos días y tres meses, sin acceso ni a instalaciones sanitarias.

El expediente describe también celdas excavadas por debajo del suelo, exposición al frío, privación de alimentos y otras prácticas degradantes, como el acceso restringido al agua potable o a la atención médica.

Mientras la ley siga castigando la disidencia, la represión no desaparece: solo cambia de forma y de método.

Hay un capítulo que en España debería leerse con atención: los vínculos entre el Estado y los grupos civiles armados conocidos como ‘colectivos’. El informe les atribuye funciones de vigilancia e inteligencia, la localización de personas buscadas y la represión de las protestas, con respaldo político, financiero y logístico de las propias instituciones.

Por qué lo que ocurre en Venezuela golpea a España

Vamos por partes. España no es un espectador lejano. Es el país europeo con una presencia humana, empresarial y diplomática más profunda en Caracas. Alrededor de 400.000 venezolanos residen hoy en España, según el INE, y la colonia española en Venezuela sigue siendo una de las mayores del continente.

presos políticos Venezuela

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La diáspora no es el único interés en juego. El Congreso de los Diputados aprobó en septiembre de 2024 una proposición no de ley para reconocer a Edmundo González como presidente electo, y el líder opositor llegó a Madrid ese mismo mes con el asilo político concedido. Desde entonces, la relación bilateral vive en un equilibrio incómodo entre la presión y la gestión.

Hay además una cuenta económica. Empresas españolas como Repsol o Meliá mantienen actividad en el país, condicionada por las licencias del Tesoro de Estados Unidos. Un cambio en el régimen de excepciones mueve de golpe contratos, empleos y suministro energético.

Lo que la presión internacional ha logrado y lo que sigue pendiente

No es la primera vez que un informe de este tipo aterriza con la palabra oportunidad en el titular. En octubre de 2023, el Acuerdo de Barbados abrió la puerta a unas elecciones competitivas. Se celebraron el 28 de julio de 2024 y el resultado derivó en la crisis que sigue sin resolverse. Traducido: los compromisos se cumplieron solo en la parte que interesaba al poder.

El Consejo de Derechos Humanos ha decidido prolongar el mandato de la misión hasta 2028, una decisión que Caracas rechaza con el argumento de que ningún mecanismo debería actuar sin el permiso del Estado investigado. Ese razonamiento es, precisamente, el que justifica que el mecanismo exista.

La comparación con Washington ayuda a medir la asimetría. La justicia estadounidense ha imputado a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, por conspirar para torturar a ciudadanos con el fin de mantenerse en el poder. En Europa, la respuesta se ha limitado a sanciones selectivas que se revisan cada doce meses y no han alterado el funcionamiento interno del aparato.

Para España, el cálculo es sencillo. Cientos de miles de personas con lazos familiares directos, inversiones energéticas y turísticas de primer nivel y una posición en Bruselas que obliga a fijar postura cada vez que la UE debate sanciones. Lo que documenta la misión no es una tragedia ajena: es el telón de fondo de una relación que nos toca de cerca.

Los próximos pasos ya están sobre la mesa. La misión seguirá documentando, Caracas seguirá negando y los Veintisiete tendrán que decidir si renuevan, endurecen o matizan sus medidas restrictivas. El detalle que conviene vigilar no está en los comunicados, sino en las licencias, los vuelos y las cuentas bancarias: ahí se mide si la presión cambia algo de verdad.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: La misión internacional de determinación de los hechos de la ONU sostiene que la represión en Venezuela sigue intacta y que las reformas necesarias no han llegado.
  • Datos importantes: Entre 379 y 500 detenidos por motivos políticos y 64 casos de tortura documentados después del 3 de enero. El mandato del Consejo de Derechos Humanos se prolonga hasta 2028.
  • Resumen: España mantiene una comunidad de casi 400.000 venezolanos, inversiones energéticas y turísticas y una posición clave en la UE ante cada decisión sobre Caracas.