Trump y Lutnick anuncian que Taiwán comprará el 30% del gas del gasoducto de Alaska

El anuncio se produjo en un mitin en Wasilla, sin confirmación independiente por parte del Gobierno taiwanés. El gasoducto de Alaska busca compradores de largo plazo para su decisión final de inversión.

Donald Trump anunció en un mitin en Alaska que Taiwán comprará el 30% del gas del gasoducto estatal. El presidente aseguró además que la isla invertirá 4.400 millones de dólares en el proyecto, en un acto de campaña en Wasilla junto a su secretario de Comercio, Howard Lutnick.

Qué se comprometió en Wasilla y qué falta por confirmar

El anuncio llegó durante un discurso de apoyo al senador republicano por Alaska Dan Sullivan y a otros candidatos del Partido Republicano. El presidente vinculó a Sullivan con la atracción de inversión extranjera hacia el gasoducto de gas natural licuado de Alaska ‘y todos los proyectos que vendrán con él’, según el relato del acto.

Trump situó la cifra taiwanesa en 4.400 millones de dólares, ‘por encima de los 50.000 millones que ya ha comprometido Corea del Sur para Alaska’. Después subió al escenario a Howard Lutnick, que repitió el mensaje con tono más operativo: ‘Estuvimos trabajando toda la semana con el Gobierno taiwanés y acordaron comprar el 30% de todo lo que se produzca en esa línea’, dijo el secretario de Comercio.

Publicidad

El problema, por ahora, es la verificación. Ni el Gobierno de Taiwán ni las autoridades de Alaska han confirmado de forma independiente el compromiso, y las cifras proceden de los propios protagonistas en un acto de campaña. Hay un anuncio político con números concretos, pero ningún documento firmado. Nadie firma un contrato por un mitin.

Lo que sí está sobre la mesa es una operación energética de fondo. El gasoducto de GNL de Alaska —más de 1.300 kilómetros de tubería desde la vertiente norte hasta una planta de licuefacción en la península de Kenai— lleva décadas sobre el papel y necesita compradores firmes para despegar. Taiwán y Corea del Sur serían esos anclajes.

Washington no vende gas: vende alineamiento. Cada contrato de GNL que firma ata a un aliado de Asia a la órbita energética americana durante veinte años.

El pulso por el GNL y el hueco que deja para España

gasoducto Alaska

La lectura estratégica es doble. Para Taiwán, comprar gas americano es diversificar su suministro y, sobre todo, ganar buena voluntad en Washington en plena tensión con Pekín. El mercado ya lo descuenta. Washington no pide permiso.

Para Estados Unidos, es atar a un socio clave —y a su industria de semiconductores— a la esfera energética americana. Estados Unidos es ya el primer exportador mundial de gas licuado, y buena parte de los nuevos proyectos busca compradores en Asia. Si el gas de Alaska se orienta a Taipéi y Seúl, el mercado europeo compite por el resto de la oferta en un contexto de precios tensos.

España es el país de la Unión Europea con mayor capacidad de regasificación: plantas como las de Barcelona, Cartagena, Huelva o Bilbao permiten recibir GNL de medio mundo. Empresas como Naturgy, uno de de los mayores comercializadores de gas licuado del continente, y operadores de infraestructura como Enagás siguen cada movimiento del mercado americano, porque de él depende parte del precio que pagan hogares e industria.

La UE, por su parte, se comprometió a comprar más GNL estadounidense para sustituir el gas ruso y equilibrar su relación comercial con Washington. En ese marco, un proyecto como el de Alaska refuerza a Washington como proveedor de referencia, aunque su destino natural sean los mercados asiáticos.

Publicidad

La Lógica de Washington

¿Qué intenta resolver la Casa Blanca con esta operación? Varias cosas a la vez. La primera es energética: Alaska lleva décadas buscando la forma de monetizar sus reservas de gas de la vertiente norte, atrapadas sin salida al mercado. El gasoducto necesita compradores de largo plazo para que la decisión final de inversión sea viable, y Taiwán y Corea del Sur encajan como anclas.

La segunda es geopolítica, y aquí conviene recordar el manual. Estados Unidos ya usó el GNL como herramienta estratégica cuando, tras la invasión rusa de Ucrania, redirigió buena parte de su gas hacia Europa para romper la dependencia del continente respecto a Moscú. La lógica es la misma que se aplica ahora en Asia: quien controla la molécula controla parte de la relación.

La tercera es electoral. Trump hablaba en Wasilla para movilizar a los votantes republicanos de un estado productor de energía, y ningún argumento funciona mejor allí que presentar a Alaska como pieza central de la ‘dominancia energética’ americana. El senador Dan Sullivan se juega su escaño, y el gasoducto es su bandera.

Queda la incógnita de la letra pequeña. Taiwán no ha confirmado oficialmente la compra, y proyectos de esta envergadura acumulan retrasos, sobrecostes y cambios de socios. La próxima ventana clave es la decisión final de inversión, que depende de que los compromisos de compra se conviertan en contratos firmes. Hasta entonces, lo que hay es un anuncio, no una tubería.

Ficha del Caso

  • El caso: Trump y Lutnick anuncian en un mitin en Wasilla que Taiwán comprará el 30% del gas del gasoducto de Alaska e invertirá 4.400 millones de dólares.
  • Datos clave: 30% del gas producido; 4.400 millones de dólares de Taiwán; 50.000 millones ya comprometidos por Corea del Sur; proyecto de más de 1.300 kilómetros. Sin confirmación oficial taiwanesa.
  • Para España: España es el país de la UE con más capacidad de regasificación; si el GNL de Alaska se orienta a Asia, Europa compite por el resto de la oferta y el precio del gas para hogares e industria sigue dependiendo del mercado americano.