Guerra de drones a reacción: Rusia golpea la red eléctrica de Ucrania y Kiev incendia Ryazan

La Fuerza Aérea ucraniana eleva al 77% los derribos de drones a reacción en la última oleada nocturna. Las entregas a escala de interceptores propios no llegarán antes de finales de noviembre.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Rusia lanzó 167 misiles y drones en la noche del martes al miércoles, 77 de ellos a reacción, contra una de las principales centrales eléctricas de Kiev. Unos 600.000 abonados se quedaron sin suministro.
  • ¿Quién está detrás? Las fuerzas rusas emplean las familias Geran-4 y Geran-5, herederas de los Shahed iraníes de 2022. Ucrania responde con ataques contra la refinería de Ryazan.
  • ¿Qué impacto tiene? La carrera entre dron a reacción e interceptor a reacción se ha convertido en el cuello de botella de la defensa aérea ucraniana, con entregas a escala que no llegarán antes de finales de noviembre.

Rusia golpea la red eléctrica de Ucrania con drones a reacción de 600 km/h que dejan atrás a los interceptores de Kiev.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el domingo un alto el fuego energético entre los dos países. Duró menos que un fin de semana. ‘Ucrania no atacó el refinado ruso ni el sector energético durante dos días, pero Rusia no escuchó al presidente de Estados Unidos’, escribió Volodímir Zelenski después de que los drones a reacción dañaran gravemente una planta de producción de gas en la región de Járkov. La tregua no incluía mecanismo de verificación. Tampoco coste alguno por incumplirla.

La guerra de drones ha entrado en una fase que nadie había modelado. Los aparatos a reacción rusos empezaron a usarse de forma masiva en julio, cuando su número se multiplicó por cinco respecto al mes anterior, según los datos que la Fuerza Aérea ucraniana ha expuesto al Parlamento. Alcanzan 600 km/h, más del triple que los Geran-2 de hélice de los que descienden, y superan la velocidad punta del interceptor medio ucraniano. La genealogía es conocida: los drones Shahed-136 que Irán empezó a enviar a Moscú en agosto de 2022, rebautizados Geran-2 y lanzados contra la infraestructura civil desde aquel octubre. Rusia ha dejado de fabricar el Geran-3, más lento, y ha acelerado la producción del Geran-4, que cruceriza entre 350 y 500 km/h, y del Geran-5, de forma de misil y con una ojiva de 90 kilos, según Militarnyi citando a la inteligencia militar ucraniana. El coronel Yurii Cherevashenko, número dos de la Fuerza Aérea, advirtió el 6 de octubre a una comisión parlamentaria de que se proyectan velocidades de 800 a 900 km/h, aunque ninguna se ha registrado todavía.

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La ojiva nueva pesa 40 kilos y está diseñada, literalmente, para cortar la columna. Fue creada ‘específicamente para destruir torres de alta tensión y estructuras de puentes de hierro’, según el experto en guerra electrónica Serhii ‘Flash’ Beskrestnov, asesor de Zelenski. El Geran-4 que Rusia empezó a volar este otoño navega con un magnetómetro de fabricación estadounidense y un sistema óptico, de acuerdo con la inteligencia militar ucraniana. Los resultados se ven en Kiev: el Puente Sur, que soporta tráfico de coches y de metro sobre el Dniéper, recibió al menos cinco impactos los días 1 y 2 de octubre, uno de ellos junto a un pilar mientras un tren cruzaba por encima. El 3 de octubre alcanzaron el Puente Norte.

Drones a reacción a 600 km/h: la ventaja rusa que Kiev aún no ha cerrado

La noche del martes al miércoles Rusia lanzó 167 misiles y drones, 77 de ellos a reacción, contra una de las principales centrales eléctricas de la capital. Se quedaron sin suministro 600.000 personas. La navegación de estos aparatos combina guiado barato y objetivos elegidos a mano: torres de alta tensión, subestaciones y pilares de puente. Armas de coste medio pensadas para tumbar la columna vertebral energética del país en el umbral del invierno.

El alto el fuego que anunció Washington no tiene mecanismo de verificación. Un comunicado no detiene un dron que vuela a 600 kilómetros por hora.

Las tasas de intercepción se han movido rápido. Contra los drones de hélice, Ucrania derribaba en torno al 90%. Contra los de reacción, el porcentaje se hundió al principio. Matthias Lehna, vicepresidente de la alemana Quantum Systems, cifró ante Ukrinform la progresión: muy bajo primero, por encima del 30% después y más del 50% en las últimas noches. La Fuerza Aérea ucraniana atribuye un 77% de derribos en la oleada del martes. Son cifras del propio bando que las comunica y no admiten verificación independiente.

La respuesta de Kiev: cazas F-16, torretas con inteligencia artificial y misiles que escasean

red eléctrica Ucrania

Para frenarlos, Kiev no tiene una bala barata. Necesita cazas F-16 en vuelo de interceptación, torretas de ametralladora recién instaladas que apuntan con inteligencia artificial y misiles antiaéreos caros y escasos en todo el mundo. El primer interceptor a reacción ucraniano, el Alexa Spatium, entró en servicio el 21 de agosto. Un puñado de prototipos —el STING S de Wild Hornets y el P1-SUN Jetkiller de SkyFall— han derribado unos pocos Geran-5. Catorce compañías hacen pruebas de vuelo con la Fuerza Aérea y tres han dado resultados prometedores.

El calendario, sin embargo, no acompaña. El mando aéreo no espera entregas a la escala que Ucrania necesita antes de finales de noviembre. Mientras tanto, los drones a reacción ya suponen cerca del 40% de los aparatos que Rusia lanza, y la Fuerza Aérea calcula que esa proporción llegará al 80% de los ataques totales. La carrera tecnológica del campo de batalla se ha convertido en una carrera de fábricas.

La otra mitad del tablero es rusa. Kiev mantiene su campaña contra el refinado y ha golpeado la refinería de Ryazan. Medios estatales rusos han confirmado incendios en la instalación tras el impacto de drones, sin precisar daños estructurales. Es la respuesta simétrica: si Moscú apaga la luz en Kiev, Kiev quema gasolina en Ryazan. Ucrania sostiene que respetó dos días de tregua energética tras el anuncio de la Casa Blanca. Moscú no lo ha reconocido.

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Equilibrio de Poder

Lo que se mueve en el eje Washington-Moscú-Bruselas es menos una tregua que un pulso de desgaste. La Casa Blanca anunció el alto el fuego energético sin garantes, sin verificación y sin coste por incumplirlo: la lógica transaccional de Trump aplicada a un terreno donde los comunicados no derriban nada. Moscú ni confirma ni desmiente. Bruselas, en paralelo, sostiene la financiación de Kiev, pero el cuello de botella ya no es presupuestario, sino industrial. Los misiles antiaéreos están en escasez global desde 2022 y ninguna planta europea puede cubrir esa carencia en menos de un año.

Para España, el asunto tiene tres derivadas. La primera es la factura: el gas sigue fijando el precio marginal de la electricidad en el mercado ibérico, y cada campaña rusa contra la red ucraniana empuja los precios mayoristas europeos. Un nuevo invierno de apagones se paga, en parte, en en el recibo español. La segunda es la defensa: España ha cedido sistemas HAWK, Aspide y misiles para Patriot, y las bases de Rota y Morón concentran la logística estadounidense del flanco sur, pero no dispone todavía de una respuesta barata contra drones rápidos. La lección ucraniana vale igual para el Ejército de Tierra español que para Kiev.

La tercera derivada es la frontera sur. La línea de producción iraní que abasteció a Moscú ya ha exportado el concepto al Sahel, al mar Rojo y a arsenales no estatales. Un dron de ataque a reacción no acaba mañana en manos de una milicia, pero la tecnología de guiado y las ojivas especializadas sí son transferibles. Marruecos ha construido en la última década el inventario de drones de combate más amplio del Magreb. Sobre ese tablero, vigilar el estrecho y las aguas de la Operación Atalanta y la Operación Aspides pasa por entender antes qué vuela, a qué velocidad y desde dónde.

El precedente es elocuente. Entre el otoño de 2022 y la primavera de 2023, Moscú intentó apagar Ucrania a base de misiles de crucero y los aliados respondieron con defensa aérea. Funcionó a medias y a un coste enorme. Ahora la carrera se libra entre dron y dron, como la que enfrentó a interceptores y bombarderos durante la Guerra Fría: quien vuela más rápido un año pierde dos después si el otro escala la producción. Nadie garantiza que la respuesta llegue antes que el invierno. El hito que debemos seguir de cerca es el calendario de entregas de los interceptores a reacción ucranianos, que el mando aéreo no sitúa antes de finales de noviembre.