Povisa, el hospital concertado de Vigo, no publica sus listas de espera al Sergas y pierde médicos pese a su contrato público.
Un concierto de 97,5 millones al año sin lista de espera verificable
El centro, gestionado por el grupo Ribera —propiedad del fondo francés Vivalto Santé—, atiende a unos 100.000 pacientes de la sanidad pública del área viguesa con características de hospital general. El Sergas, el Servizo Galego de Saúde dependiente de la Consellería de Sanidade, le paga 97,5 millones de euros al año por ese concierto. A mayores, el hospital suma ingresos por la actividad que los centros públicos le derivan para agilizar sus propias listas de espera.
Ahí empieza el problema. Según la información publicada por Atlántico Diario, y pese a que la ley lo obliga, Povisa no informa de su lista de espera en consulta ni para pruebas diagnósticas. Solo se publican las demoras de la lista quirúrgica. Con esa opacidad no hay manera de saber si el hospital da prioridad a los pacientes asignados por el Sergas o a los privados, ni de comprobar si cumple lo pactado. La paradoja es incómoda: el mayor concierto de la sanidad gallega se gestiona con la mitad del marcador apagado.
Sobre la mesa hay otra incertidumbre. Vivalto Santé preparaba para este ejercicio la venta de sus participaciones en el grupo, una operación que trascendió en diciembre de 2025 y que a día de hoy sigue sin desenlace público. Un comprador nuevo puede tener otros planes para el concierto con el Sergas. Y ese escenario da pavor en el organismo público, porque no existe alternativa para absorber a toda la población del área viguesa.
La fuga de especialistas y el fantasma de la venta

Mientras tanto, la plantilla se desangra. En los últimos días han abandonado el centro dos cirujanos de Traumatología y Ortopedia, Elena de la Orden y Adrián Lago, que se marchan a otro hospital privado. En enero próximo se espera otra sacudida en Enfermería, porque buena parte del personal se presentó a las oposiciones del Sergas. Fuentes internas citadas por Atlántico Diario sostienen que a la empresa no le preocupa esa fuga: en los contratos nuevos los sueldos son menores. La prioridad, dicen, es la rentabilidad y ganar atractivo ante posibles compradores.
Los pacientes miran desde la orilla. Unos 8.000 pidieron este año el traslado de Povisa al Hospital Álvaro Cunqueiro, según las mismas fuentes, lo que está sobrecargando los servicios de la sanidad pública viguesa. A eso se suma que el último acuerdo con el Sergas descargó al hospital de buena parte de la patología compleja —Hemodinámica, Neurocirugía, Electrofisiología, y Cirugía torácica— y le retiró la referencia en maxilofacial y quemados. La empresa salió ganando con el reparto.
Povisa atiende a cien mil pacientes del Sergas en Vigo, pero ni siquiera publica cuánto esperan esos pacientes para una consulta.
Queda la negociación del convenio colectivo. Van doce reuniones desde enero sin que la oferta alcance el IPC. En la plantilla miran de reojo el otro movimiento del grupo: la compra este año de un grupo sanitario en Valencia, con dos hospitales en Benidorm y Denia. Esperan que no se hayan gastado ahí las ganancias y quede algo para el personal. El temor de fondo es que el próximo concierto adelgace todavía más la cartera de servicios.
El Laboratorio Gallego
Galicia lleva desde 2009 gobernada con mayorías absolutas del PPdeG, y la sanidad concertada es una de las patas de ese modelo. En el Parlamento de Galicia —la cámara unicameral de 75 deputados— el PPdeG defiende el concierto como fórmula para sostener la atención sanitaria de toda un área metropolitana, mientras el BNG, primera fuerza de la oposición con Ana Pontón al frente, y el PSdeG cargan contra la opacidad del contrato y la falta de control público. El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, tiene ahí uno de los frentes menos visibles de su mandato.
La dimensión nacional está en el modelo, no en el caso concreto. La colaboración público-privada en sanidad es una de las líneas que dividen a los grandes partidos en toda España, y Povisa funciona como termómetro: si un contrato de 97,5 millones anuales no publica sus tiempos de consulta ni de pruebas diagnósticas, el problema deja de ser local. Otras comunidades mantienen fórmulas parecidas y cualquier cambio en Vigo sería leído como precedente.
Quedan dos fechas marcadas en rojo. En enero de 2027 se medirá el alcance de la fuga de Enfermería hacia el Sergas, y la venta del grupo Ribera sigue sin cerrarse: un dueño nuevo podría reordenar la cartera de servicios o renegociar el propio concierto. Con las elecciones autonómicas en el horizonte de 2028, la sanidad de la mayor área metropolitana de Galicia es una de las incógnitas que el PPdeG tendrá que gestionar. Y nadie, ni en la Xunta ni en el Sergas, tiene plan B para los cien mil pacientes si el concierto cambia de manos.
Ficha del Caso
- El caso: Povisa, hospital concertado de Vigo gestionado por el grupo Ribera, atiende a unos 100.000 pacientes del Sergas sin publicar sus listas de espera de consulta ni de pruebas, mientras su propietario negocia la venta y la plantilla se reduce.
- Datos importantes: 97,5 millones de euros anuales del Sergas; unos 100.000 pacientes públicos asignados; 8.000 traslados solicitados al Cunqueiro en 2026; doce reuniones del convenio colectivo desde enero; venta de Vivalto Santé conocida en diciembre de 2025 y aún sin desenlace.
- Resumen: El mayor concierto sanitario de Galicia funciona sin auditoría pública de sus tiempos de espera en consulta, con fuga de especialistas y con el futuro del contrato pendiente de quién compre el grupo. La Xunta y el Sergas no tienen alternativa para absorber a esos pacientes en la sanidad pública.

