Ucrania ha vuelto a golpear las refinerías rusas y ha dinamitado el alto el fuego energético que Donald Trump declaró el domingo sin que Moscú lo aceptara.
El primer objetivo ha sido la refinería de Ryazan, en manos de la petrolera estatal Rosneft y situada en una región al sureste de Moscú. El ataque, con drones y misiles de crucero, es el primero desde que la Casa Blanca anunciara su tregua unilateral y llega en el punto más bajo de la relación entre Washington y Kiev desde febrero de 2025.
Qué ha pasado en Ryazan y qué reconoce Moscú
El gobernador de la región, Pavel Malkov, escribió en su canal de Telegram que el territorio sufrió un ataque ‘masivo’ con drones. El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber interceptado cuatro misiles de crucero Flamingo y 69 drones con misiles antiaéreos, aviación de combate y grupos móviles de fuego.
Según esa versión, el incendio lo provocaron los restos de un aparato derribado. Malkov admitió daños en un almacén y en vehículos de otra empresa de la ciudad. No hubo víctimas mortales y la cuantía de los daños materiales sigue sin evaluarse.
Ataques de este tipo ya se han visto antes, pero la planta elegida importa. Ryazan procesa en torno al 5% de todo el crudo que se refina en Rusia, un volumen que pesa en el suministro interior y en el relato de la guerra.
La respuesta de Volodímir Zelenski fue explícita: ‘El bloqueo [sobre atacar refinerías] está fuera. Hemos terminado’, declaró al diario Financial Times. Llevaba semanas conteniendo los golpes contra instalaciones energéticas rusas desde el anuncio de Trump, y ahora da esa etapa por cerrada.
Trump quiere gasolina barata antes de las elecciones de noviembre; Kiev quiere seguir quemando refinerías rusas. Las dos cosas no caben en el mismo alto el fuego.
Zelenski ha utilizado la misma entrevista para airear su malestar con Washington por lo que considera un estrangulamiento del acceso ucraniano a Starlink y a la inteligencia militar estadounidense. Y añadió un argumento incómodo: la tregua es desigual, porque Ucrania apenas conserva refinerías mientras Rusia mantiene una red entera en pie.
El Kremlin tampoco ha cerrado nada. Su portavoz, Dmitri Peskov, dijo que nunca se especificó qué objetivos quedaban fuera y que ‘el trabajo en esa dirección continúa’. Un funcionario de la Casa Blanca explicó a Axios que Trump entiende la tregua como un pacto limitado a objetivos de petróleo y gas.
El flanco energético europeo: 850 drones y un diésel que España compra fuera

Rusia no ha frenado nada. Según Zelenski, entre la medianoche del miércoles y las ocho de la mañana del jueves lanzó más de 850 drones Geran contra objetivos repartidos por toda Ucrania. La tregua nunca fue de ida y vuelta: Moscú no la firmó y Kiev acaba de romperla.
El movimiento ucraniano choca de frente con un plan económico de la administración. Trump anunció la semana pasada un acuerdo con Rusia para inyectar diésel ruso en el mercado estadounidense con un objetivo claro: bajar el precio de la gasolina antes de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre. Cada refinería en llamas es un argumento menos para que ese barril llegue a Nueva York.
El canal de transmisión hacia España es el producto refinado, no el crudo. El gasóleo, la gasolina, y el queroseno se mueven con el barril, pero el gasóleo tiene su propio mercado, y España cubre con importaciones una parte muy relevante de su consumo. Ese producto llega en en buques cisterna desde el Golfo, la India o Turquía, y su precio se forma en Ámsterdam antes de llegar a una estación de servicio de Madrid.
Del otro lado del mostrador están las refinerías. Repsol, Moeve y Petronor operan con márgenes que dependen del diferencial entre el crudo y el producto refinado: cuanto más tenso está el mercado del diésel, mejor les va el negocio.
También hay una cara amarga. El transporte por carretera y aerolíneas como Iberia tienen el carburante entre sus grandes costes. Cada repunte del gasóleo se nota en la cesta de la compra española y en el billete de avión.
La Lógica de Washington
Visto desde la Casa Blanca, el problema no es Ucrania: es el precio de la gasolina. Trump llega a noviembre con el electorado mirando el surtidor, y su coalición —los estados productores de Texas, Oklahoma, y Dakota del Norte, más el votante de clase media que hace la compra cada semana— juzga la política exterior por lo que cuesta llenar el depósito. De ahí el acuerdo del diésel con Moscú y de ahí una tregua pensada para calmar el mercado del crudo, no para resolver la guerra.
El precedente tiene cuarenta y cuatro años. En 1982, Ronald Reagan sancionó a las empresas europeas que construían el gasoducto siberiano Urengoy para asfixiar la economía soviética, y se encontró con medio continente en contra: Alemania, Francia e Italia defendían su suministro antes que la estrategia americana. La historia se repite con el signo cambiado.
Donde Reagan eligió la presión máxima, Trump ensaya la versión inversa: mantener el petróleo ruso circulando para contener el precio. Es la misma lógica que llevó al G7 a diseñar en 2022 un tope al crudo ruso en lugar de un embargo total. Washington casi nunca cierra el grifo; lo regula.
La incógnita es si esa estrategia aguanta el invierno. Kiev ha demostrado que puede encarecer la factura con cada dron que cruza la frontera, y Moscú tiene pocos incentivos para respetar una tregua que nunca firmó. Para España, el impacto se reparte de forma desigual: si el gasóleo se tensa, lo paga el transportista; si el crudo ruso circula con normalidad, lo agradece el consumidor.
La próxima ventana clave es el 3 de noviembre, con las elecciones de medio mandato, y lo que ocurra antes con la gasolina en Estados Unidos condicionará la presión de la Casa Blanca sobre Kiev. En Bruselas, cualquier nuevo paquete de sanciones energéticas se negociará con el precio del diésel como telón de fondo. La tregua de Trump duró cuatro días. La guerra energética, bastante más.
Ficha del Caso
- El caso: Kiev rompe la pausa sobre infraestructura energética rusa que la Casa Blanca declaró el domingo y golpea la refinería de Ryazan, en plena negociación por el diésel ruso.
- Datos clave: Ryazan procesa el 5% del refino ruso; Moscú afirma haber interceptado cuatro misiles Flamingo y 69 drones; Rusia lanzó más de 850 drones Geran en una sola noche.
- Para España: el impacto llega por el precio del gasóleo importado, los márgenes de Repsol, Moeve y Petronor y el coste del carburante en transporte y aviación.

