EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La Comisión Marítima Federal de EEUU (FMC) propone recortar las importaciones españolas por 3.130 millones de dólares anuales —unos 2.800 millones de euros— en cinco categorías: aceite de oliva, perfumes, baldosas, manufacturas de piedra y confitería. Suma además un arancel de 200.000 dólares por escala a cada buque con pabellón español.
- ¿Quién está detrás? La FMC, tras casi dos años de investigación abierta porque España negó el atraque a tres buques del Programa de Seguridad Marítima (MSP) estadounidense en noviembre y diciembre de 2024, para no facilitar el transporte de armas a Israel.
- ¿Qué impacto tiene? Golpe directo a los exportadores españoles de aceite de oliva, perfumería, cerámica y dulces. El plazo de alegaciones cierra a mediados de diciembre, ya con un Gobierno en funciones tras las elecciones del 29 de noviembre.
EEUU estudia aranceles a España por 2.800 millones de euros en represalia por el veto al atraque de barcos con armas a Israel.
La propuesta llegó por escrito el miércoles desde Washington. La Comisión Marítima Federal estadounidense (la FMC, por sus siglas en inglés) plantea limitar la entrada de productos españoles por un valor de 3.130 millones de dólares anuales —unos 2.800 millones de euros— y gravar cada escala de un buque con pabellón español en puertos estadounidenses con una tasa de 200.000 dólares. No está en vigor: es una propuesta abierta a alegaciones durante 60 días.
De tres barcos vetados en Algeciras a un arancel de 200.000 dólares por escala
El origen es concreto. Entre noviembre y diciembre de 2024, España negó el acceso a sus puertos a tres buques adscritos al Programa de Seguridad Marítima (MSP) de la Administración Marítima estadounidense (Marad). El motivo: el Gobierno no quería facilitar el transporte de armas a Israel en pleno bombardeo sobre Gaza. Los dos primeros, el Maersk Seletar y el Maersk Denver, tuvieron que hacer escala en Tánger, en Marruecos.
Desde entonces, según el expediente de la FMC, la flota bajo bandera estadounidense de Maersk Line Limited ha pasado de promediar 7,25 escalas mensuales en puertos españoles a prácticamente ninguna. El regulador sostiene que las normas españolas han generado ‘condiciones desfavorables’ para su transporte marítimo y su comercio exterior, y recuerda que España ya ha anunciado que mantendrá su postura. Un pulso que dura casi dos años.
La lista de productos en el punto de mira es precisa. El capítulo de mayor peso es el de aceites y grasas, con 1.150 millones de dólares importados en 2025, de los que 836,9 millones corresponden al aceite de oliva. Le sigue la perfumería y cosmética, con 940 millones anuales, de los que 700 son perfumes y aguas de tocador. En tercer lugar aparece la cerámica, con 634,7 millones, incluidas baldosas y mosaicos por 523,7 millones. Después vienen las manufacturas de piedra, con 270,6 millones, y el azúcar y la confitería, con 138,8 millones, donde el chocolate blanco aparece citado expresamente.
El Gobierno español reaccionó con la fórmula de siempre: ‘defenderá sus intereses y los de sus empresas’, escudándose en el pacto comercial entre EEUU y la Unión Europea. La propia FMC deja la puerta abierta a una salida negociada —’una solución diplomática podría resolver esta investigación’—, pero avisa de que, mientras España no cambie de postura, las represalias seguirán sobre la mesa.
Washington no ha prohibido nada todavía: ha puesto fecha a una amenaza y ha dejado que España negocie con el reloj corriendo.
El calendario juega contra España: alegaciones en diciembre y Gobierno en funciones

El plazo de 60 días que la FMC ha concedido para estudiar alegaciones concluye a mediados de diciembre. Para entonces España ya habrá pasado por las urnas: las elecciones generales del 29 de noviembre dejarán previsiblemente un Gobierno en funciones, con menos margen para mover ficha en Washington. La cuenta atrás no espera a la investidura.
Moncloa quiere jugar la carta europea. El Ejecutivo esgrime el pacto comercial entre EEUU y la Unión Europea y reclama que Bruselas ampare a un Estado miembro ante lo que considera una represalia por cumplir su propia legislación. La pregunta es si la Comisión Europea está dispuesta a abrir un frente con Washington por tres buques y 2.800 millones de euros.
El recurso al arancel por escala no es nuevo. La FMC lo aplicó en 1997 contra buques japoneses, con una tasa de 100.000 dólares. Ahora propone el doble para los barcos españoles. Washington recicla un instrumento viejo para una disputa nueva.
El Eje del Poder Europeo
La jugada estadounidense incomoda en Bruselas por lo que tiene de precedente. Washington no negocia con la UE en bloque: señala a un Estado miembro concreto, le pone precio a su disidencia y le abre un expediente por cumplir su propia ley. Si la fórmula funciona, otros gobiernos europeos que han frenado el tránsito de armas hacia Israel pueden verse en la misma diana. La política comercial común, el paraguas que protege a los socios pequeños del club, queda en entredicho.
El eje franco-alemán observa con incomodidad. Berlín, pendiente de sus propias exportaciones de automóviles al mercado estadounidense, no quiere represalias cruzadas; París, que lleva años predicando la autonomía estratégica europea, encuentra aquí su argumento. Los frugales del norte —Países Bajos, Dinamarca, Suecia—, preferirían resolverlo por vía diplomática antes que abrir un frente comercial con Trump. Y los del sur, con Italia a la cabeza, comparten el fondo de la posición española aunque eviten aplaudirla demasiado alto.
Para España el impacto no es simbólico. El aceite de oliva es la joya agroalimentaria del país: 836,9 millones de dólares anuales solo en ese capítulo. La perfumería ha hecho de EEUU uno de sus mercados exteriores más rentables. Los fabricantes de baldosas de Castellón, agrupados en un clúster que vive del mercado exterior, ya conocen el guion: la anterior guerra de aranceles cruzados por el contencioso Airbus-Boeing golpeó al aceite de oliva español a comienzos de la década. La historia se repite con otro detonante.
La próxima ventana crítica es el fin del plazo de alegaciones, a mediados de diciembre. Si Washington aprieta, Bruselas tendrá que decidir si responde en bloque o si deja a España sola ante el arancel. Ahí se medirá de verdad qué vale el paraguas europeo.

