El PP y Vox escenifican este jueves en la Asamblea de Madrid un acercamiento a menos de mes y medio del 29-N. Isabel Díaz Ayuso y la portavoz de Vox en la Cámara, Isabel Pérez Moñino, dejaron atrás las hostilidades del último año y comparecieron con un tono inequívocamente distinto.
Menos decibelios y otro tono en la Asamblea
Se notó en los gestos antes que en las palabras. La bancada popular aplaudió a Moñino cuando, al arrancar su intervención, mostró su respaldo a la jueza Beatriz Biedma tras denunciar el hostigamiento sufrido en relación con la investigación al hermano de Pedro Sánchez. Minutos después, la presidenta madrileña se dirigió a la portavoz de Vox con voz sosegada. ‘Nos jugamos España’, le había lanzado Moñino. ‘Sabemos a quién tenemos enfrente’, respondió Ayuso.
El guion, esta vez, sonó acompasado. El intercambio llega tras un año de estridencias públicas y prácticamente ninguna comunicación en privado entre las dos formaciones en territorio madrileño. Vox reprochaba a Ayuso haber convertido la capital, a través del Madrid de todos los acentos, en un ‘parque temático’ que expulsa a los madrileños. La presidenta regional reprochaba a Vox hacer ‘pinza’ con el PSOE, al tiempo que recordaba que las competencias en inmigración son centrales, no autonómicas.
¿Qué ha cambiado entonces? El calendario, sobre todo. Ambos partidos confirman que la tensión ha bajado de forma deliberada por el contexto electoral en el que ha entrado la política española, aunque niegan haber pactado el cambio de registro ni un plan conjunto para reducir el fuego cruzado. Fuentes de Vox resumen la lógica: ‘Compartimos un objetivo y un enemigo común’. Una llamada entre las direcciones nacionales de Génova y Bambú, según aseguran, tampoco se ha producido.
Por qué Génova y Bambú mueven ficha ahora
Lo que sí ha cambiado es el clima. Moñino enterró el hacha de guerra hace una semana, con una intervención más moderada contra la presidenta, aunque Ayuso aún respondió con contundencia. Este jueves ambas se otorgaron un margen que no se habían concedido en todo el año. ‘Creo que los errores vinieron por parte de todos. Lo bueno es que ya hemos aprendido’, reconoció la presidenta madrileña.

El gesto tiene fecha y destino. Aparcar la contienda hasta el 29-N evita que el ruido desvíe el foco de una campaña en la que ambas dirigentes cumplirán un papel central. Ayuso hará caravana propia para pedir el voto por Alberto Núñez Feijóo, mientras que Moñino será la portavoz nacional de Vox en campaña, con múltiples desplazamientos por España.
La tregua no nace de una afinidad ideológica nueva, sino de un cálculo compartido: el 29-N no admite ruido en el flanco derecho del tablero madrileño.
La decisión llega en un momento delicado para el espacio de centro-derecha. En otras comunidades autónomas, el PP y Vox han vuelto a tender puentes para reeditar coaliciones y respaldos parlamentarios. En Madrid, en cambio, el choque por la inmigración había mantenido las relaciones bajo mínimos justo cuando el partido de Santiago Abascal diseña su propio relato de campaña.
En Génova no se interpreta como una cesión. Fuentes de la dirección nacional subrayan que el PP mantiene su agenda propia —bajadas de impuestos, defensa del constitucionalismo, y gestión económica— y que el acercamiento con Vox es, ante todo, institucional. La lectura interna es clara: cualquier ruido en Madrid contamina el mensaje nacional en plena precampaña.
El Eje del Poder Popular
Lo que observamos es un doble movimiento. Por un lado, el PP de Madrid blinda su flanco derecho en la comunidad donde concentra su mayor capital electoral. Por otro, Vox evita quedar retratado como el socio incómodo que resta en lugar de sumar. La tregua institucional sirve a ambos, aunque no borre las diferencias de fondo sobre inmigración ni la disputa por el liderazgo del espacio.
El aterrizaje territorial es evidente. El Ejecutivo de la Comunidad de Madrid administra una región de 6,9 millones de habitantes que aporta cerca del 19% del PIB español; un mal resultado en las urnas no solo debilitaría a Ayuso, también condicionaría el relato nacional de Génova. En paralelo, los barones populares de otras autonomías siguen de cerca un entendimiento que pueden replicar —o no— en sus propios parlamentos.
El precedente más cercano está en la campaña de 2023, cuando el fuego cruzado entre ambos partidos condicionó la recta final en Madrid. Ninguno quiere repetir aquel episodio. El riesgo, eso sí, es de doble filo: demasiado acercamiento puede movilizar al electorado de izquierda; demasiada distancia, fragmentar el voto de centro-derecha. La lectura a medio plazo pasa por sostener el equilibrio sin renunciar a la agenda propia.
Desde la dirección del Partido Popular se insiste en que la relación con Vox seguirá marcada por la institución, no por la conveniencia táctica. Queda por ver si ese equilibrio resiste el desgaste de una campaña larga. De momento, en Madrid, los decibelios han bajado.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: Cerrar el ruido interno del centro-derecha antes del 29-N y presentar al PP como alternativa solvente, con Vox como socio institucional previsible.
- Protagonista: Isabel Díaz Ayuso (presidenta de la Comunidad de Madrid).
- Próximo hito: El arranque oficial de la campaña del 29-N, con caravana propia de Ayuso en apoyo de Feijóo y Moñino como portavoz nacional de Vox.
