EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? A los usuarios de las líneas 1, 2 y 3 de Metro, a quienes enlazan en Sol con Cercanías y al comercio de la Puerta del Sol.
- ¿Cuándo ocurre? El cierre se decretó el viernes 16 de octubre y se mantiene este sábado 17, con la limpieza ya terminada. No hay fecha de reapertura.
- ¿Qué cambia hoy? Metro no para en Sol: hay que bajarse en Sevilla, Ópera, Gran Vía o Tirso de Molina. Cercanías sí mantiene el servicio.
El cierre del Metro en Sol encara su segundo día sin fecha de reapertura. La limpieza concluyó a las 02:00 de este sábado y la estación sigue sin servicio, pendiente de que un laboratorio externo certifique que no queda riesgo higiénico en las instalaciones.
Por qué la limpieza terminada no basta para reabrir Sol
La Comunidad de Madrid confirma que los trabajos terminaron a las dos de la madrugada y que la estación ha entrado ya en la segunda fase del protocolo activado el viernes, cuando el Gobierno regional decretó el cierre por tiempo indefinido. El detonante fue la acumulación de orines, excrementos, y residuos orgánicos procedentes de la acampada que ocupó la Puerta del Sol durante casi tres semanas.
El informe de riesgo higiénico que maneja la Consejería de Transportes es explícito: no se reanuda el servicio hasta disponer de ‘garantías objetivas y documentadas de que las condiciones de seguridad y salud han sido restablecidas. Para llegar ahí, el laboratorio externo contratado por Metro ha fijado unas actuaciones que arrancan con el final de la limpieza y siguen por la ventilación de las instalaciones, la recogida de muestras, su análisis y la obtención de resultados. Ese calendario no se ha hecho público.
Sol no es una estación cualquiera. Por sus andenes pasan a diario decenas de miles de viajeros, enlaza tres líneas de Metro —la 1, la 2 y la 3— con dos de Cercanías y sostiene buena parte del comercio del centro. Cada jornada de cierre empuja a los usuarios hacia Sevilla, Ópera, Gran Vía o Tirso de Molina; el estado del servicio se actualiza en la web de Metro de Madrid. Sin fecha, no hay plan.
Los sindicatos desmienten a Ayuso y el foco se mueve a los pozos
La versión sobre el origen de la medida se complicó a media mañana. CCOO, UGT y Solidaridad Obrera, las tres organizaciones con presencia en el comité de Metro, negaron haber solicitado el cierre y rechazaron la atribución que la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, mantiene sobre por qué se cerró la estación.
El cierre no lo decide un tuit ni una rueda de prensa: lo decide un laboratorio que todavía no ha firmado. Y nadie ha puesto fecha a esa firma.
La explicación técnica la puso sobre la mesa el consejero de Transportes, Jorge Rodrigo: bajo la plaza conviven dos redes con criterios distintos. Cercanías tiene tres pozos de ventilación y solo uno está en la Puerta del Sol, fuera del perímetro de la acampada; Metro cuenta con cinco pozos y todos quedaron dentro de la zona ocupada. Esa asimetría explica, según la Comunidad, que Renfe mantenga el servicio mientras el suburbano no puede hacerlo.
El choque político se desató en menos de 24 horas. El ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó a Ayuso de ‘persona miserable y malvada’ y escribió que la limpieza que ‘supuestamente’ necesitaba la estación acabó a las dos de la madrugada mientras el suburbano sigue cerrado y Cercanías siempre ha estado abierta. El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, reclamó explicaciones por la demora. Rodrigo le contestó que ‘es inaudito’ que quien tiene la máxima responsabilidad sobre Cercanías desconozca cómo funciona Sol. Ahí está el nudo.

Quién decide la reapertura: dos administraciones y una plaza ocupada
Conviene no perder de vista un dato. Metro depende de la Comunidad de Madrid y Cercanías del Ministerio de Transportes, así que en la misma caverna ferroviaria conviven dos autorizaciones, dos protocolos y dos maneras de comunicar. El cierre lo firma la Consejería, pero la acampada que lo provocó se desarrolló en un espacio público, la Puerta del Sol, cuya ocupación se comunica a la Delegación del Gobierno, la misma institución que ahora pregunta por la reapertura.
Ese doble marco explica buena parte del ruido. La competencia para autorizar o prohibir concentraciones en la vía pública corresponde a la autoridad gubernativa, que en Madrid es la Delegación del Gobierno y que debe elevar cualquier prohibición a la autoridad judicial. Nadie ha explicado aún por qué se llegó al cierre sanitario en lugar de actuar antes sobre una ocupación que se prolongó casi tres semanas sobre los respiraderos del suburbano.
El precedente más cercano tampoco ayuda a la comparación. El corte programado de la línea 1 en el verano de 2022 se anunció con calendario, plan de autobuses y fecha de vuelta. Aquí no hay ni una cosa ni la otra: la Comunidad habla de tiempo indefinido y el laboratorio no ha publicado plazos. La diferencia importa, porque el viajero puede organizarse ante una obra anunciada y no ante un cierre que se alarga por un informe que no conoce.
Queda una certeza incómoda para las dos administraciones: la estación más céntrica de Madrid lleva dos días con las persianas a medias y con un informe pendiente que nadie ha fechado. Cuando llegue, tocará explicar también qué se hizo —y qué no— durante las tres semanas en que los pozos de Sol estuvieron tapados por tiendas de campaña y residuos. De momento, toca bajarse en Sevilla.

