EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? A las mujeres de 50 a 69 años que hoy reciben la carta del cribado y, si la ampliación sale adelante, a las de 45 a 74. Rondan las 114.000 exploraciones al año en la red pública madrileña.
- ¿Cuándo ocurre? La ampliación está en estudio y no tiene fecha. Las mamografías bianuales actuales siguen su curso y la cita se puede adelantar por Tarjeta Sanitaria Virtual, web o teléfono gratuito.
- ¿Qué cambia hoy? Nada para quien tiene menos de 50 años. Para el resto, la invitación sigue llegando por correo, aunque un 30% de las usuarias ya la gestiona por su cuenta.
El cribado de cáncer de mama en Madrid tiene hoy un límite nítido: de 50 a 69 años. La Comunidad estudia ampliarlo de 45 a 74, con invitación directa a las madrileñas, pero sin calendario ni partida presupuestaria anunciada.
La consejera de Sanidad, Fátima Matute, visitó estos días la Unidad de Mama del Hospital público Universitario 12 de Octubre, a dos días del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, que se conmemora el 19 de octubre. Allí se puso sobre la mesa el dato que de verdad importa a las vecinas: el salto de rango está en fase de estudio, sin fecha de entrada en vigor y sin memoria económica publicada.
Hoy el programa DEPRECAM funciona con mamografías cada dos años para mujeres de 50 a 69. Los servicios de coordinación oncológica envían la carta a casa y la prueba se realiza en la red pública. El año pasado ese circuito permitió detectar 1.928 casos con sospecha de malignidad, el 1,68% de las participantes.
La aritmética ayuda a dimensionar lo que hay detrás. Si 1.928 sospechas equivalen al 1,68%, el total de exploraciones ronda las 114.000 al año. Pasar de 20 a 30 años de cohorte diana no es un ajuste cosmético: en términos gruesos, la población llamada a explorarse crecería alrededor de un 50%.
Un tercio de las usuarias ya no espera el sobre. Según los datos de la Consejería, un 30% autogestiona su cita por la Tarjeta Sanitaria Virtual, el portal web o el teléfono gratuito habilitado, y elige el horario que mejor le encaja. El resto sigue dependiendo del buzón.
Ampliar el rango de edad sin calendario es una promesa sanitaria; ampliarlo con mamógrafos y personal es una política. Madrid sigue en la primera fase.
El 30% que ya no espera la carta del buzón
La Unidad de Mama del 12 de Octubre concentra la parte más visible del proceso: cuatro mamógrafos con imagen 2D y 3D, ecógrafos avanzados, resonancia magnética dedicada y sistemas de biopsia automatizada, coordinados por ocho profesionales. Es el extremo final del embudo. La punta la forman los centros de salud, donde médicos y enfermeras de Atención Primaria hacen el recordatorio anual.
La autogestión de la cita no es un detalle administrativo. Cambia la adherencia, y la adherencia es justo lo que decide si una ampliación de rango sirve para algo o solo engorda la estadística. Quien elige hora, acude más. Quien depende de una carta que se traspapela, a veces no.
Tampoco consta que la Comunidad haya pilotado antes los tramos de 45 a 49 ni de 70 a 74, algo que otras regiones sí han hecho de forma parcial antes de extender sus programas. La recomendación del Consejo de la Unión Europea de 2022 ya pedía a los Estados considerar el tramo 45-74. Cuatro años después, aquí sigue en estudio.

Calendario, dinero y mamógrafos: las tres preguntas sin respuesta
Primera: cuándo. La Consejería habla de proyecto, no de fecha. Cualquier ampliación exige memoria económica y, si implica nuevos equipos o contratos, su paso correspondiente por el Consejo de Gobierno. Nada de eso se ha anunciado. Sin ese trámite, el anuncio es una intención.
Segunda: cuánto cuesta. Pasar de 20 a 30 años de cohorte significa más exploraciones, más dobles lecturas, y más pruebas complementarias cuando aparece una imagen dudosa. El gasto no es solo el del mamógrafo: es también el de la enfermera, el técnico y el radiólogo que interpreta cada estudio en la red pública.
Tercera: si hay capacidad. La sanidad madrileña tiene hoy las agendas dimensionadas para el rango vigente, con la presión concentrada en los hospitales del sur y el este, donde la lista de espera diagnóstica aprieta más que en la almendra central. Añadir dos cohortes sin reforzar plantilla puede trasladar el cuello de botella del correo a la sala de espera.
El precedente útil no es lejano. Cuando Madrid digitalizó la cita del cribado, la participación mejoró sin cambiar un solo mamógrafo, solo acercando el trámite al móvil. Eso demuestra que hay margen de mejora sin ampliar el rango. También que el debate real no es la edad, sino la capacidad de citar y leer a tiempo.
En esta redacción lo vemos así: la ampliación a 45-74 es la decisión correcta en términos de detección precoz, y llega tarde respecto a la recomendación europea. El problema es que se anuncia en vísperas del 19 de octubre, con foto en el 12 de Octubre, y sin un solo papel que diga en qué ejercicio presupuestario se paga. Las mujeres de 47 años que hoy leen la noticia no sabrán, todavía, si les toca.
El próximo hito verificable será la comparecencia sanitaria en la Asamblea de Madrid y el proyecto de presupuestos de la Comunidad para 2027, donde debería aparecer la partida si el compromiso va en serio. Puedes consultar el estado del programa en el portal de la Comunidad de Madrid, y el concepto clínico de cribado poblacional en esta entrada de Wikipedia. Mientras tanto, la carta sigue llegando a las de 50 a 69.

