DBRS Morningstar confirma la calificación de la Generalitat en BBB (alta) y eleva la perspectiva de estable a positiva. La agencia canadiense avala cinco años de mejora fiscal, pero introduce un matiz incómodo: el adelanto electoral del 29-N aleja la condonación del FLA.
El informe se difundió en las últimas horas y llega en un momento delicado para las dos administraciones. El Departament d’Economia i Finances que dirige Alícia Romero lo leerá como un aval a su gestión; el Palau de la Generalitat, como un argumento más para reclamar a Moncloa lo que lleva meses pidiendo. La agencia no hace política, pero la cita: subraya que la relación entre el Govern de Salvador Illa y el Ejecutivo de Pedro Sánchez se ha fortalecido ‘de forma lenta pero constante’. Menos ruido institucional, viene a decir, y mejores condiciones para financiarse.
De dónde sale la mejora que DBRS pone en valor
El dato que sostiene la revisión al alza es la evolución de los ingresos operativos: un 37,2% más en los últimos cinco años. Ese impulso, junto a una política de contención del gasto, permitió a la Generalitat cerrar 2025 con un superávit operativo del 1,6% de sus ingresos operativos, frente al 1,0% de 2024. Rompe así más de una década de déficits operativos encadenados. Sobre el papel, un cambio de régimen. En la práctica, el colchón que permite absorber un susto sin recortar.
El susto tiene nombre técnico: déficit de financiación. En 2025 se amplió ligeramente hasta el 2,7% de los ingresos operativos, en buena medida por el final de las inyecciones de capital del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Los fondos europeos se agotan y lo que financiaban hay que sostenerlo de otra manera. DBRS asume el escenario y prevé que el indicador aguante por debajo del 5,0% en los tres próximos ejercicios, una horquilla compatible con el grado BBB (alta).
El 29-N que deja la condonación del FLA en el limbo

Cataluña afronta este ejercicio unas necesidades de financiación de 8.500 millones de euros para amortizar deuda, muy por debajo de los 10.900 millones anuales de media entre 2019 y 2022. De esa cantidad, 7.900 millones se cubrirán con los mecanismos del Estado, lo que prácticamente anula el riesgo de refinanciación. A cambio, el coste de los intereses ha repuntado hasta el 3,3% de los ingresos operativos. El dinero barato se acabó.
Y aquí entra la política. El informe admite que las cuentas catalanas mejorarían de forma sustancial si se aprueba la condonación de la deuda autonómica comprometida con el Gobierno central. Acto seguido, advierte de lo evidente: con un Congreso disuelto y elecciones generales el 29 de noviembre, es improbable que el mecanismo se materialice a corto plazo. El Fondo de Liquidez Autonómica seguirá siendo, un ejercicio más, la red que evita la caída.
La condonación del FLA no depende de la salud de las cuentas catalanas, sino del calendario electoral español.
El presupuesto más expansivo en tres años y la prueba del 0,1%
Este 2026 es el primer ejercicio con cuentas aprobadas, y no prorrogadas, después de tres años de interinidad presupuestaria. El presupuesto sube los recursos en 9.000 millones de euros, un 22% más, con 2.400 millones para sanidad, 1.600 para educación, y cerca de 1.000 para dependencia. A eso se suma un incremento de 4.000 millones en inversión pública para compensar el cierre del ciclo Next Generation.
DBRS avala el esfuerzo porque, sostiene, la mejora fiscal previa otorga margen de maniobra. La prueba de fuego es la senda 2026-2028 y su objetivo de déficit del 0,1% del PIB anual. El punto débil sigue siendo la deuda: la ratio sobre ingresos operativos bajó del 205% al 200% por el empuje de la recaudación, pero en términos absolutos la deuda ajustada subió hasta los 95.700 millones de euros a junio de 2026. Paga sus facturas, sí. Con una mochila enorme a la espalda.
Lo que la agencia aplaude y lo que la Generalitat aún debe demostrar
Cataluña viene de lejos. A comienzos de la década pasada, las agencias llegaron a situar a la Generalitat en el bono basura, con la prima de riesgo autonómica disparada y los proveedores cobrando tarde. El retorno gradual al BBB (alta), ya en la etapa de Illa y con Romero en Economía, constata que aquel ciclo se cerró, aunque nadie vaya a lanzar cohetes por una perspectiva positiva. El rating no mide la prosperidad de un territorio. Mide su capacidad de devolver dinero.
En el plano macroeconómico, el informe avala el dinamismo catalán: la economía creció un 2,5% en 2025 y se prevé un ritmo similar en 2026, impulsada por el consumo, el turismo y un mercado laboral que alcanzó un récord cercano a los cuatro millones de ocupados en el segundo trimestre de 2026. La tasa de paro autonómica, el 7,9%, queda dos puntos por debajo de la media nacional. Ese es el argumento que el Govern llevará a la próxima negociación con Moncloa. Y el que explica por qué la agencia no ha movido la calificación a la ligera.
La lectura política que hacemos es doble. Por un lado, la Generalitat gana crédito ante los mercados en plena discusión sobre la financiación singular: un aval externo siempre suma en la mesa de negociación. Por otro, el informe deja al descubierto la contradicción de fondo, porque el alivio decisivo, la condonación, no se decide en Barcelona, sino en las urnas del 29-N. Hasta que se constituya el nuevo Congreso y se aclare la mayoría, la condonación queda en el congelador.
El próximo hito para medir su impacto será la reunión de la comisión bilateral, pendiente aún de calendario, y el grado de cumplimiento del objetivo del 0,1% en la liquidación del ejercicio. Ahí se verá si la perspectiva positiva se convierte en nota final. De momento, la agencia ha movido ficha y la pelota está en el tejado de la política española.

