Von der Leyen rechaza nuevos recortes al presupuesto UE MFP: «es una camisa de fuerza»

Von der Leyen advierte de que el 99,5% del presupuesto ya está comprometido y exige nuevos recursos propios. España e Italia lideran el bloque que resiste el tijeretazo de los frugales.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Consejo Europeo ha cerrado su cumbre del 16 de octubre sin acuerdo sobre el Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034. Von der Leyen ha rechazado los recortes que reclaman los países frugales.
  • ¿Quién está detrás? Alemania, Países Bajos y los nórdicos impulsan el ajuste; España e Italia lideran el bloque de los Amigos de la Cohesión. La presidencia rotatoria irlandesa ha puesto sobre la mesa un tijeretazo del 8%.
  • ¿Qué impacto tiene? España es receptora neta de cohesión y de la PAC: cada punto de recorte se traduce en miles de millones menos para el periodo 2028-2034.

Von der Leyen rechaza un nuevo tijeretazo al presupuesto UE MFP y avisa de que el 99,5% ya está comprometido. La presidenta de la Comisión Europea cerró así, en la rueda de prensa del viernes 16 de octubre, dos días de cumbre en Bruselas en los que los jefes de Estado y de Gobierno no lograron acercar posiciones sobre el Marco Financiero Plurianual (el MFP, el presupuesto de la UE que se negocia por bloques de siete años). El marco en discusión es el de 2028-2034 y debía salir de esta cita con un mandato claro. No lo hubo.

La geometría de la sala es conocida. De un lado, los frugales: Alemania, Países Bajos, Dinamarca, Suecia y Finlandia, con Austria en la órbita, partidarios de apretar el cinturón. Del otro, los Amigos de la Cohesión, con España e Italia a la cabeza, que defienden unas cuentas expansivas capaces de sostener la convergencia regional y una política agrícola común que no se desangre. Portugal y Grecia acompañan. Varsovia, con intereses propios en defensa, juega en una tercera posición.

La propuesta de partida de la Comisión era de 1,76 billones de euros. La presidencia rotatoria irlandesa planteó rebajarla un 8%, lo que equivale a 141.000 millones menos en siete años. Y en el debate a puerta cerrada, según reconoció la propia Von der Leyen, se llegó a poner sobre la mesa una reducción del 15%. Traducido: cerca de 264.000 millones de tijera sobre el papel inicial.

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La camisa de fuerza que Bruselas no quiere firmar

El argumento de la presidenta de la Comisión no fue presupuestario, sino de capacidad de reacción. ‘Durante mi mandato me he encontrado con el covid, terremotos, sequías, inundaciones, incendios, crisis energéticas, la guerra en Ucrania’, enumeró. ‘La lista es interminable y solo hemos podido actuar porque el presupuesto es flexible’. A eso añadió el dato que, en su lectura, cierra el debate: con el planteamiento actual, el 99,5% del presupuesto comunitario está ya comprometido, lo que describió como ‘una camisa de fuerza para la Comisión’.

Von der Leyen no ha defendido un presupuesto grande por ideología, sino un marco que ya no puede absorber otra crisis sin romperse por alguna costura.

De ahí el giro hacia los recursos propios. ‘La ecuación presupuestaria solo funciona si contamos con recursos propios’, zanjó. Es decir, nuevos impuestos europeos que alivien la carga de los contribuyentes netos sin desmontar las políticas. António Costa, presidente del Consejo Europeo, recogió el guante con una fórmula medida: mantener las aportaciones nacionales ‘a un nivel racional’ y acelerar los trabajos sobre esas nuevas fuentes de financiación. Ningún Estado grande se ha comprometido por escrito a nada.

Para España, el envite no es abstracto. El MFP es la fuente de la PAC y de la política de cohesión, los dos canales por los que Madrid recibe la mayor parte de lo que Bruselas le devuelve cada año. Un recorte del 8% no se reparte de forma neutra: los frugales quieren concentrarlo en las rúbricas tradicionales y preservar los fondos ligados a defensa y a competitividad industrial. Ahí España pincha menos. Moncloa defiende oficialmente una ‘cuentas modernas y suficientes’, pero su margen real depende de que Roma mantenga el pulso y de que Berlín no imponga su cifra como hecho consumado.

El reloj electoral de 2027 manda en la negociación

Costa ha reconocido que quiere un pacto antes de que concluya 2026 y que convocará reuniones del Consejo hasta entrado diciembre. No es solo prisa administrativa. En 2027 hay elecciones en Francia, Italia, Polonia y Finlandia, a las que se suma el 29-N español. Con ese calendario, cada Gobierno negocia sabiendo que su firma puede ser revisada en Bruselas por su sucesor.

Von der Leyen presupuesto europeo

El caso francés es el más incómodo. Marine Le Pen ya ha avanzado que, si llega a la presidencia, reducirá la contribución de su país y no descarta una confrontación directa con Bruselas por el presupuesto. Costa negó que su prisa tenga que ver con ese escenario. La negación, en los pasillos del Justus Lipsius, se recibió con sonrisas de quien lleva dos días escuchando lo contrario.

La cumbre también abordó China, con unanimidad entre los Veintisiete. Von der Leyen cifró el déficit comercial en favor del gigante asiático en 1.000 millones de euros diarios y anunció para diciembre una herramienta bautizada como Diversificar la UE. El acuerdo franco-alemán para contener la entrada de coches chinos ha abierto la puerta a un instrumento de defensa comercial con el que Bruselas podría limitar el acceso al mercado interior cuando lo considere de interés comunitario.

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El Eje del Poder Europeo

Lo que se está dirimiendo en Bruselas no es una cifra, sino el modelo que la UE quiere darse para la próxima década. Los frugales llevan desde la crisis del euro instalados en una lógica de contribuyente neto que ya rompió el presupuesto en 2013, cuando el Consejo Europeo recortó por primera vez el MFP en plena austeridad. Aquel precedente marca la memoria de todos: Bruselas cedió entonces y el resultado fueron siete años de marcos estrechos, reprogramaciones constantes y una respuesta improvisada a la pandemia en 2020 con fondos fuera del presupuesto ordinario. Repetir esa secuencia ahora significaría que la próxima crisis —climática, industrial o de seguridad— volvería a resolverse a golpe de instrumento extraordinario y de unanimidad entre 27.

El eje franco-alemán llega a esta negociación con la pata francesa coja por su calendario electoral y la alemana en una coalición que no puede permitirse subir su factura en plena recesión industrial. Ahí está la paradoja: el país que más influye en el diseño del marco es el que menos margen político tiene para defenderlo. El sur, con España e Italia coordinadas en cohesión, tiene peso numérico para bloquear una minoría de bloqueo, pero no para imponer una mayoría cualificada. Varsovia y los bálticos se han convertido en la pieza codiciada: votan presupuesto en función de defensa, no de agricultura.

La lectura a cinco años es nítida. Si el MFP sale recortado y sin recursos propios, España perderá capacidad de inversión estructural justo cuando el envejecimiento y la transición energética presionan sobre las cuentas públicas, y Moncloa se verá obligada a renegociar cada partida con el freno de la regla fiscal en la mano. Si sale con nuevos ingresos europeos, el marco gana margen pero exige ceder soberanía fiscal a una institución que ningún Gobierno quiere reforzar en plena campaña. La próxima ventana crítica es la reunión del Consejo Europeo de diciembre. Si no hay acuerdo antes de Navidad, el calendario electoral de 2027 hará el resto.