Hegseth apura el presupuesto de defensa del Pentágono de 1,5 billones: 350.000 millones, atascados en el Congreso

Hegseth advierte de que los 350.000 millones de la reconciliación son «un mínimo» y confía en aprobarlos tras las elecciones del 3 de noviembre. La prórroga que financia al Pentágono expira el 11 de diciembre.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha reclamado una inversión «generacional» en inteligencia artificial, drones y sistemas autónomos dentro de una petición presupuestaria de 1,5 billones de dólares.
  • ¿Quién está detrás? El Pentágono y la Casa Blanca, que han partido la cifra en dos: 1,15 billones de presupuesto base y 350.000 millones en un proyecto de reconciliación que necesita solo votos republicanos.
  • ¿Qué impacto tiene? Ese segundo tramo sigue bloqueado en el Congreso y el departamento funciona con una prórroga que expira el 11 de diciembre. Sin acuerdo se congelan los programas nuevos, incluido el mando de guerra autónoma que interesa a la industria española.

El presupuesto de defensa del Pentágono asciende a 1,5 billones de dólares sobre el papel, pero 350.000 millones siguen atascados en el Congreso.

Pete Hegseth lo dijo el miércoles en la convención de la Association of the U.S. Army, en Washington: el departamento necesita una inversión «generacional» para entrar en la próxima era de la guerra. El secretario de Defensa —presentado ya por la Casa Blanca como secretario de Guerra tras el rebautizo del departamento— situó el marco sin rodeos: un adversario casi paritario (near-peer, en la jerga militar) que acumula «la mayor construcción militar de la historia». Quien vaya por delante en autonomía, robótica, espacio e inteligencia artificial se distanciará más; quien vaya por detrás se quedará atrás durante décadas.

De 1.000 drones a un millón: qué compra el Pentágono con 1,5 billones

La petición se parte en dos piezas. Una base de 1,15 billones de dólares, por el cauce presupuestario ordinario, y un paquete de 350.000 millones que la Casa Blanca quiere aprobar por la vía de la reconciliación: el procedimiento que permite sacar leyes de gasto en el Senado con 51 votos, esquivando el filibusterismo (el umbral de 60 que bloquea la mayoría simple). Hegseth fue explícito: esos 350.000 millones son «un mínimo» y puede haber «potencialmente más». «Estamos en el mismo compás que la Casa Blanca», añadió.

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A eso se suma una petición suplementaria de 87.000 millones, de los cuales 67.000 millones cubrirían el coste de la guerra con Irán. Para dimensionarlo: 1,5 billones equivalen a cerca del 4,4% del PIB estadounidense, lejos del 11% que el gasto militar representaba al final de la Guerra de Corea en 1953 o del 8% de los años del Vietnam. El Pentágono nunca había manejado una cifra de un billón.

Dentro del tramo en el aire están los 50.000 millones reservados para sistemas autónomos y robóticos. Es la cifra que explica la prisa: la Administración de Joe Biden invirtió como máximo 200 millones; el primer paquete legislativo de Donald Trump subió la apuesta a 1.200 millones; ahora hablamos de 50.000. El salto exige, en palabras de Hegseth, «la arquitectura de un AutoWarCom»: el futuro mando combatiente funcional de cuatro estrellas que el departamento quiere crear por ley, el Autonomous Warfare Command. La secuencia que puso sobre la mesa fue de 1.000 drones a 100.000, y de ahí a un millón.

350.000 millones atascados y un calendario que se estrecha

El calendario, es el verdadero problema. El Pentágono opera con una resolución continua —una prórroga que mantiene el gasto del año anterior y prohíbe arrancar programas nuevos— aprobada en septiembre y vigente hasta el 11 de diciembre. Ese corsé congela de facto el plan. Y la relación entre Hegseth y el Partido Demócrata viene rota desde su comparecencia de confirmación: los demócratas reprochan el cese de varios mandos militares sin explicación, la guerra con Irán y el uso de fuerza letal contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico oriental.

Sin el tramo de reconciliación el Pentágono no pierde dinero: pierde tiempo. Y en la carrera por la autonomía militar el tiempo es la única ventaja que no se recupera.

«. Desde la Foundation for Defense of Democracies, Bradley Bowman puso el acento en el coste operativo: castigar a la Administración negando a los combatientes lo que necesitan «no es inteligente», dijo, aun reconociendo el malestar demócrata por la gestión del conflicto con Irán y por el papel constitucional del Congreso.

Queda poco margen. Las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre pueden cambiar el mapa de ambas cámaras y, con él, la correlación de fuerzas. La ventana real para aprobar la reconciliación es la sesión saliente posterior a los comicios, y Hegseth ya ha avisado de que piensa «correr de inmediato con los comités» sea cual sea el resultado. Si los demócratas recuperan una sola cámara, la supervisión se multiplica y la amenaza de un proceso de destitución deja de ser retórica. Nadie dijo que sería gratis.

reconciliación Congreso

La Lógica de Washington

Lo que se dirime aquí no es una cifra, sino un método. El Pentágono lleva tres décadas comprando armas en ciclos de años mientras la tecnología se movía en meses, y la cúpula militar ha concluido que esa asimetría, frente a un rival casi paritario, es el riesgo estratégico del siglo. La respuesta recuerda a la offset strategy de los años setenta, cuando Washington compensó la superioridad numérica soviética apostando por la precisión y los sensores en lugar del volumen. Reagan hizo algo parecido en los ochenta con la Armada de 600 buques, financiada a base de déficit. La diferencia es la velocidad: ahora se compra tecnología que aún se está inventando.

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La coalición que sostiene el giro es republicana y tiene dos alas. La primera, los halcones de defensa de toda la vida, que ven en la autonomía la única forma de mantener disuasión sin multiplicar el número de soldados. La segunda, las empresas tecnológicas emergentes, a las que el departamento ha abierto la base industrial para que proveedores sin historial castrense entren en en el sistema de contratación federal. A eso se suman los grandes programas que dependen de la misma caja: el escudo Golden Dome, la Golden Fleet de la Armada y los buques de la clase Trump. El dinero es la argamasa de todo ese edificio. Washington no pide permiso.

Para España, la lectura es doble. El volumen impresiona: 350.000 millones de dólares equivalen a diez veces el presupuesto de defensa español, que ronda los 35.000 millones de euros, en torno al 2% del PIB. Los 50.000 millones para autonomía, por sí solos, superan el gasto militar anual completo de España. El ejemplo pesa aún más: la OTAN acordó en la cumbre de La Haya de 2025 aspirar al 5% del PIB en 2035, con un 3,5% en capacidades puramente militares, y ese calendario empuja a Madrid a colocar a su industria —Indra, Escribano Mechanical & Engineering, Sener, Navantia, ITP Aero— en la cadena de los sistemas no tripulados.

La dificultad es de acceso. La contratación estadounidense protege su base industrial y las puertas se abren sobre todo a empresas con presencia previa en el mercado americano; la vía europea, con los instrumentos comunitarios de financiación de defensa, compite por el mismo talento y el mismo calendario. La cuenta no cuadra.

La próxima prueba de fuego tiene fecha: el 11 de diciembre expira la prórroga y, antes o después, el Congreso tendrá que decidir si los 350.000 millones entran en la sesión saliente o se aparcan un año más. Ahí se sabrá si la revolución de la autonomía militar es una intención o un programa con número de expediente.

Ficha del Caso

  • El caso: El Pentágono pide 1,5 billones de dólares para rearmarse en autonomía e inteligencia artificial, pero la parte políticamente decisiva del plan depende de un proyecto de reconciliación que el Congreso aún no ha votado.
  • Datos clave: 1,15 billones de base más 350.000 millones de reconciliación; 50.000 millones para sistemas autónomos; 67.000 millones para la guerra con Irán dentro de un suplementario de 87.000 millones; prórroga vigente hasta el 11 de diciembre; elecciones de medio mandato el 3 de noviembre.
  • Para España: el tramo bloqueado equivale a diez veces el presupuesto de defensa español y marca el ritmo al que la OTAN empuja el 5% del PIB en 2035; la industria nacional de drones y sensores se juega el acceso a la cadena de suministro estadounidense y europea.