El déficit federal de EE. UU. roza los 2 billones en 2026 y ningún candidato a las midterms lo discute

El CBO cifra el desfase en 1,993 billones, un 12% más que en 2025. Los intereses de la deuda superan ya el billón y son la segunda partida del presupuesto federal.

El déficit federal de EE. UU. cerró el ejercicio 2026 en 1,993 billones de dólares, la cifra más alta desde 2021.

Y ningún candidato con posibilidades reales de ganar las midterms del 3 de noviembre lo ha mencionado en campaña. Ni los republicanos que defienden el legado fiscal de Donald Trump, ni los demócratas que aspiran a arrebatarles el Congreso. El dato lo puso sobre la mesa el último informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), el organismo no partidista que audita las cuentas federales.

Qué dice el informe del CBO: 1,993 billones y un 12% más que en 2025

El desfase entre lo que Washington ingresa y lo que gasta fue un 12% superior al de 2025 y el mayor desde los 2,8 billones de 2021, cuando la pandemia todavía inflaba el gasto de emergencia. Lo llamativo no es el nivel. Es la persistencia: seis años después de que la economía americana recuperara el pulso, el déficit no ha vuelto a su cauce. Normalmente estos desequilibrios se corrigen tras una recesión o una crisis. Aquí no ha ocurrido.

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Los números del CBO desmontan la explicación más cómoda. Entre 2005 y 2025, los ingresos federales crecieron un 47% ajustados por inflación, prácticamente al ritmo de la economía, que avanzó un 50%. El gasto, en cambio, se disparó un 72%: pasó de unos 4,1 billones a 7,0 billones en dólares constantes de 2025. Y no por la vía militar. La defensa cayó del 3,9% del PIB en 2005 al 3,0% en 2025, mientras el gasto federal total subía del 19,3% al 23,1% del PIB . Estados Unidos gasta mucho más que hace veinte años en todo, menos en defensa.

Las tres partidas que explican el agujero son las de siempre. La Seguridad Social creció un 83% real hasta rozar 1,6 billones de dólares; Medicare pasó de 492.000 a 992.000 millones; y Medicaid federal subió un 122%, de 301.000 a 668.000 millones. Las tres avanzaron muy por encima de la economía y ninguna cuenta con un mecanismo automático de ajuste.

A eso se suma el coste de financiar la deuda pública americana, que se ha multiplicado por más de cuatro en una década: de 241.000 millones en el ejercicio 2016 a más de 1,1 billones en 2026. Los intereses netos son ya la segunda partida del presupuesto federal, solo por detrás de las pensiones públicas.

Un país que dedica más dinero a pagar intereses que a defender su territorio ha dejado de decidir cómo gastar: solo decide cómo financiarse.

Qué significa para España: primas de riesgo y coste de financiación

La conexión no es obvia, pero es directa. Cuando el Tesoro americano necesita colocar más deuda, sube la rentabilidad que exige a los inversores. Y cuando el bono a diez años de Estados Unidos paga más, el capital global pide más para comprar deuda europea. La prima de riesgo española se mueve con ese viento, no solo con lo que decida el Banco Central Europeo.

España afronta ese escenario con una deuda pública que ronda el 100% del PIB y un Tesoro que emite cada año volúmenes récord. Cada décima de más en el bono español se traduce en cientos de millones adicionales de carga financiera a lo largo de una década. El Banco de España lo viene advirtiendo en sus informes de estabilidad financiera.

Las cuentas no salen solas.

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Hay otro canal, menos visible. Santander, BBVA, Iberdrola, Ferrovial y ACS financian buena parte de su negocio americano en dólares. Un tipo alto y persistente encarece sus emisiones, sus coberturas y el coste de sus proyectos. También fortalece el dólar, lo que abarata las importaciones europeas pero encarece la vida de las filiales españolas en el mercado americano.

deuda pública americana

En Bruselas la lectura es la misma que en Madrid: si el bono americano ofrece rentabilidad alta sin riesgo de crédito, la deuda europea compite en desventaja. Alemania puede absorberlo. España también, pero a un precio mayor.

El mercado ya lo ha descontado.

La Lógica de Washington

Entender por qué nadie lo discute exige mirar la política americana desde dentro. El déficit es, desde hace décadas, un asunto que resta votos y no suma ninguno. En 1990, George H. W. Bush rompió su promesa de campaña —«lean mis labios: no hay nuevos impuestos»— para pactar una reducción del desfase con el Congreso demócrata. Perdió la reelección en 1992. Tres años después, Bill Clinton subió impuestos para cuadrar las cuentas y el Partido Demócrata perdió el Congreso por primera vez en cuarenta años. La lección quedó grabada.

Sobre esa losa descansan dos coaliciones. Donald Trump ha prometido por escrito no tocar la Seguridad Social, una línea roja para el electorado de mayor edad que sostiene al Partido Republicano. Y en el flanco demócrata, Bernie Sanders y Elizabeth Warren han propuesto subir las prestaciones en 2.400 dólares anuales, financiados con impuestos más altos a los jóvenes. Nadie propone lo contrario: contener el gasto. El sistema político ha convertido la generosidad futura en su único terreno de acuerdo.

Hubo, eso sí, avances concretos. La ley fiscal y de gasto de 2025 —la One Big Beautiful Bill Act— endureció la verificación de elegibilidad en Medicaid, impuso requisitos de trabajo a determinados adultos sin discapacidad y limitó los mecanismos con los que los estados inflaban los pagos federales. La Administración ha actuado también en Medicare, con precios negociados de medicamentos y un pago homogéneo por servicio. El ahorro existe, pero llega tarde y depende de que el próximo Congreso no lo derribe: los requisitos de trabajo nacionales no arrancan hasta enero de 2027.

El calendario, mientras, corre. El fondo fiduciario de pensiones se agota, según las proyecciones del propio CBO, en 2032, dentro del mandato del próximo presidente. Esa fecha no se negocia. Lo que observamos es que Washington repite el manual de 1983, cuando la comisión Greenspan pactó una reforma de la Seguridad Social con Ronald Reagan y Tip O’Neill a puerta cerrada y sin campaña electoral de por medio. Las grandes correcciones fiscales americanas nunca se han hecho en plena batalla electoral.

La proyección es esta: las midterms del 3 de noviembre no van a producir un solo plan creíble de consolidación fiscal. El debate real llegará en 2028, y llegará con menos margen que en 1983.

Ficha del Caso

  • El caso: El déficit federal de EE. UU. cierra el ejercicio 2026 en 1,993 billones de dólares, un 12% más que en 2025, y ningún candidato a las midterms lo incluye en su campaña.
  • Datos clave: Gasto público +72% real entre 2005 y 2025 frente a ingresos +47%; Seguridad Social +83% hasta 1,6 billones; Medicare 992.000 millones; Medicaid federal 668.000 millones; intereses de la deuda por encima de 1,1 billones.
  • Para España: una deuda americana más cara presiona al alza el bono español y la prima de riesgo, y encarece la financiación del Tesoro y de las empresas que emiten en dólares.