Anthropic cede un 5% de sus acciones a un fondo para frenar el paro que causa la IA

La compañía liga su capital a un vehículo que crecerá con cada revalorización y que aspira a controlar cerca del 20% del accionariado. El precedente choca con la estructura de OpenAI y con la ausencia de un modelo equivalente en el IBEX 35.

Anthropic destina un 5% de sus acciones a un fondo de empleo frente al impacto laboral de la IA. La cifra convierte una discusión de sobremesa —cuántos puestos destruirá la automatización— en un asunto de accionariado, con consejo, fideicomiso, y valoración de por medio.

Claves de la operación

  • Un 5% que crece con la valoración. El consejo puede sumar un 2% adicional por cada subida del 50% del valor de la compañía, con la capitalización de la futura salida a bolsa como base de cálculo.
  • Una LLC y no una fundación. El vehículo será una sociedad de responsabilidad limitada propiedad de Anthropic, con prohibición expresa de financiar lobbies o campañas políticas.
  • El fideicomiso conserva el mando. El Long-Term Benefit Trust nombra a cuatro de los siete consejeros y tiene veto efectivo sobre las operaciones corporativas clave.

La letra pequeña de un 5% que puede duplicarse

El anuncio, pendiente del visto bueno de los accionistas, consiste en entregar ese 5% a un Fondo de Beneficio Público que la compañía gestionará como una LLC —sociedad de responsabilidad limitada— y no como una fundación al uso, según el comunicado publicado por la firma. El memorando excluye de forma expresa que ese dinero acabe en lobbies económicos o en donaciones políticas.

La letra pequeña está en la fórmula. El consejo podrá sumar un 2% adicional por cada subida del 50% en la valoración, de modo que el compromiso engorda a medida que engorda la empresa. La base de cálculo no se ha desvelado; se estima que será la capitalización que la compañía alcance en su futura salida a bolsa.

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Con los compromisos de cofundadores y empleados, Anthropic calcula que cerca del 20% de su capital acabará en beneficio público. La empresa presenta el diseño como una alternativa a la escalada retributiva de sus directivos: ‘Es práctica común que las empresas tecnológicas ofrezcan incentivos salariales crecientes a sus ejecutivos. Nosotros, en cambio, destinamos ese capital al beneficio público’.

El motivo declarado es el empleo. El FMI calcula que casi el 40% de los puestos de trabajo del mundo está expuesto a la IA, y Dario Amodei, consejero delegado de la compañía, ha advertido de que el modelo podría eliminar la mitad de los empleos de oficina de nivel inicial en menos de cinco años. Anthropic ya había reservado 200 millones de dólares para estudiar el problema económico de la automatización. Le parece poco: admite que ‘podrían ser necesarios enfoques más audaces’.

Un fondo de 100.000 millones no crea un solo empleo por sí mismo. Su valor real es cambiar quién decide qué se hace con ese capital.

El fideicomiso que manda más que los accionistas

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Ahí aparece el actor decisivo: el Long-Term Benefit Trust. Este fideicomiso interno, que vigila que Anthropic equilibre el interés de los accionistas con el de las personas afectadas por sus modelos, puede nombrar a cuatro de los siete consejeros y destituirlos sin causa. Sus miembros —entre ellos el ex presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke— no tienen acciones ni intereses económicos en la compañía.

El trust debe recibir aviso con cinco días de antelación si Anthropic quiere vender la mitad del negocio o emitir deuda fuera de lo habitual. En la práctica, tiene veto. Los futuros accionistas que entren tras la salida a bolsa ‘tendrán muy pocos derechos de gobernanza’, según Ann Lipton, profesora de Derecho de la Universidad de Colorado. Jens Dammann, de la Universidad de Texas, añade el diagnóstico: los consejeros son elegidos por los accionistas, y estos se benefician económicamente si la corporación se desvía de su misión y se centra en maximizar beneficios.

La respuesta no tardó en llegar. Elon Musk, rival declarado de Amodei, escribió en X: ‘Recomiendo entregar las acciones directamente al público. Eso es lo que haré’. Después prometió que en 2027 dará una acción de SpaceX a cada menor de Estados Unidos. El órdago tiene precio: hay unos 72 millones de menores en el país y los títulos de la compañía rondan los 146 dólares, lo que sitúa el regalo en torno a 10.500 millones de dólares.

Comparar ambas cifras es el mejor termómetro del tamaño del gesto. Si Anthropic saliera a bolsa con una valoración de 2 billones de dólares —la hipótesis que se maneja en el sector—, el 5% del fondo valdría unos 100.000 millones, diez veces lo prometido por Musk. Hablamos de cifras teóricas sobre una compañía que todavía no cotiza.

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España mira el experimento sin socios dispuestos a copiarlo

En el IBEX 35 no hay nada parecido. Ni Telefónica, ni Indra, ni Amadeus han vinculado una parte de su capital a un fondo de compensación social, y el debate español sobre la IA y el empleo sigue instalado en el terreno de los informes y las mesas de expertos. Ninguna cotizada española ha trasladado el impacto laboral al accionariado. Sin un marco claro para estas estructuras, la CNMV tendría que pronunciarse sobre la gobernanza de cualquier sociedad que copiara el modelo.

Conviene recordar de dónde viene Anthropic: un laboratorio fundado en 2021 por ex directivos de OpenAI que ahora presume de un diseño societario que su rival resolvió con una fundación sin ánimo de lucro al mando y un brazo lucrativo debajo. La diferencia no es cosmética. En el caso de Anthropic, el control se ejerce desde dentro del consejo; en el de OpenAI, desde la fundación que lo posee.

El riesgo es evidente: el fondo lo gestiona la propia compañía y su supervisión depende de un fideicomiso cuyos miembros no responden ante los accionistas. La condición que conviene seguir es la junta que debe aprobar la cesión del 5%. Si sale adelante, Anthropic habrá creado un accionista de miles de millones sin derecho a voto y con fines sociales, la figura más extraña del capital riesgo tecnológico reciente.