Las obras del Coliseum de Getafe llevan cuatro meses dejando golpes y vibraciones en las casas de la calle Teresa de Calcuta. A cien metros del estadio, los vecinos de Getafe Norte cuentan los meses —no los días— para que vuelva el silencio: la reforma no acaba hasta diciembre de 2027.
Cuatro meses de golpes a cien metros del estadio
Raquel Sánchez se mudó al barrio en 1998, cuando el estadio aún no se había inaugurado. Ahora lo tiene enfrente. Desde este verano, los golpes de la maquinaria se mezclan con el traqueteo de los camiones, los motores encendidos, y las alarmas de los vehículos que maniobran junto a los edificios. Cerrar las ventanas rebaja el ruido. No lo elimina. ‘Llevamos cuatro meses de golpes continuos, tiembla toda la casa’, resume.
La demolición de una tribuna y el pilotaje —la fase que hinca pilotes con una máquina de alta intensidad— concentraron lo peor. Según los testimonios recogidos, la jornada empezaba a las siete de la mañana y podía estirarse hasta las siete y media de la tarde. El Ayuntamiento autorizó el adelanto por las olas de calor, pero no se recortó la tarde. Y las labores seguían los domingos por la mañana.
El polvo fue el otro frente. Las partículas entraban en las viviendas y se acumulaban, algo que los residentes achacan al riego insuficiente de los escombros. La asociación sostiene que en una de las visitas la Policía reconoció que no se cumplía el regado mínimo. ‘Este verano ha sido para irse y no volver’, dice Águeda Fernández, de la junta directiva vecinal.
La máquina de pilotaje enmudeció hace dos semanas. Sigue el resto: camiones, herramientas, vallas. El desgaste no se borra con la mejoría. ‘Como esto siga así me estoy planteando vender mi casa e irme’, admite Raquel, casi tres décadas en el barrio.
El pilotaje se apagó hace dos semanas. La obra sigue, y con ella la certeza de que el barrio convivirá con ella hasta 2027.
El Ayuntamiento responde: la reclamación va contra la constructora

La asociación trasladó su preocupación al Ayuntamiento antes de que empezara la reforma y, ya con las molestias, presentó varios escritos e interpeló a Medio Ambiente. La última reunión, a comienzos de este mes de octubre, sentó a Urbanismo y Medio Ambiente en la misma mesa.
Allí, según el relato vecinal, el consistorio explicó que la licencia urbanística incluye condicionados de ruido y polvo y que su capacidad de intervención está limitada por las competencias asociadas a esa licencia. El Ayuntamiento confirma que las quejas han llegado canalizadas por la asociación, que ha habido reuniones de control y mediación con el club y que no ha detectado problemas nuevos recientes. Su respuesta textual: ‘Las posibles quejas o reclamaciones deben dirigirse contra el responsable de los trabajos, que en este caso no es la administración municipal’.
Quedan cabos. La asociación ha pedido el detalle de las medidas de salud, ruido y contaminación, espera una reunión con la dirección facultativa que el consistorio estaría tramitando y aguarda las mediciones acústicas que, según los vecinos, se hicieron para comprobar las obras y los conciertos de este verano en Iberdrola Music. El canal para dirigirse al Consistorio sigue siendo la web municipal, aunque la asociación ya lo ha hecho por escrito en varias ocasiones.
Porque el ruido no viene solo del estadio. Teresa de Calcuta soporta también el tráfico de paso, los partidos y los festivales del recinto. Hay semanas en que organizar el descanso depende de qué evento toque.
Un barrio anterior al estadio y el verano de 2027 en el calendario
Getafe Norte creció antes de que el Coliseum Alfonso Pérez abriera sus puertas. El conflicto no es de recién llegados a una zona ruidosa: es de un barrio consolidado al que le cayó encima casi tres años de obra, empezada en junio de 2025 y con final previsto en diciembre de 2027. Queda el verano de 2027 en el calendario. Y, con él, la pregunta de si para entonces habrá algo más que promesas de mediación.
El nudo es institucional. El condicionado de ruido y polvo existe en la licencia, pero vigilarlo corresponde al propio Ayuntamiento, y responder ante el vecino corresponde, según el Ayuntamiento, a la constructora. En Madrid capital, las quejas por las obras del Santiago Bernabéu en Chamartín acabaron con club y vecinos en una mesa y medidas de aislamiento sobre el papel. En Getafe, cuatro meses después, la asociación sigue esperando una reunión con la dirección facultativa. Sin mediciones publicadas, el vecino no tiene prueba para reclamar; sin calendario de medidas, tampoco margen para la paciencia. Analizamos la secuencia como lo que es: un problema de trazabilidad, no de mala suerte. Adelantar la jornada a las siete por el calor es razonable; no compensarla por la tarde, bastante menos.
El próximo hito es corto y concreto: esa reunión técnica y las mediciones acústicas. Si llegan, el barrio tendrá un marco con el que discutir. Si no, el verano de 2027 será otro verano ‘para irse y no volver’.

