Precio del Brent en máximos de cinco meses: los ataques hutíes encarecen la factura energética española

El crudo de referencia en Europa sube a 111 dólares por barril tras los ataques hutíes contra instalaciones de Aramco en Arabia Saudí. El gas que cruza Ormuz y el precio de la luz vuelven al centro del riesgo.

El precio del Brent toca los 111 dólares, máximo de cinco meses, y ese salto ya viaja hacia la factura española.

El Brent toca los 111 dólares tras los ataques hutíes

En la sesión de este martes, el crudo de referencia en Europa se cambiaba a 111,33 dólares por barril, con un alza de 1,78 dólares, el 1,62%, y tocaba su nivel más alto desde mayo, según los datos que recoge La República. El West Texas Intermediate, la referencia estadounidense, subía un 4,33% hasta 108,15 dólares, también en máximos desde septiembre.

Detrás del movimiento está la prima de riesgo geopolítico: el sobreprecio que los operadores añaden al barril cuando sospechan que el suministro puede cortarse. No hay escasez física. Hay miedo con horario de mercado.

Publicidad

Los hutíes de Yemen, alineados con Irán, aseguraron el lunes que habían lanzado varios ataques contra objetivos energéticos, aeroportuarios y militares de Arabia Saudí: una planta de Aramco en Yanbu, el yacimiento de Shaybah, el aeropuerto Rey Jalid de Riad y el de Abha. Las autoridades saudíes no confirmaron de inmediato esas afirmaciones y las agencias no pudieron verificarlas de forma independiente. Ahí está el detalle que casi nadie cuenta: un daño que aún no está acreditado ya se paga en el mercado.

En una nota publicada este martes, los analistas de ING resumían la situación: el mercado está descontando una prima de riesgo significativa por la volatilidad de la situación. Traducido al español de a pie: nadie sabe qué pasará mañana en el golfo Pérsico, y eso se paga.

Un daño sin confirmar en Arabia Saudí basta para encarecer el crudo que se reposta en España y la electricidad que se paga cada mes.

Por qué este precio llega hasta la factura española

España apenas produce petróleo: practicamente todo el crudo que se refina y se quema en el país entra por barco. Cuando el Brent se mueve, la compra exterior se encarece en la misma dirección y hay tres puertas de entrada muy concretas.

Primero, el surtidor. Los impuestos y los márgenes pesan mucho en el precio final, pero el componente internacional marca la tendencia, y en un país que llena medio parque móvil de gasóleo se nota en cada repostaje.

Después, la luz. En el mercado mayorista, el gas suele fijar el precio de la última tecnología que entra en casación, de modo que un susto duradero en los combustibles acaba colándose en la factura eléctrica de las familias y de la industria. Es un mecanismo que España conoce bien desde 2022.

Publicidad

Y en tercer lugar, el transporte. Aerolíneas como Iberia o Air Europa tienen el queroseno entre sus primeros costes; la flota pesquera, el transporte por carretera y el sector agrario miran la cotización con la misma preocupación. Cada escalón del crudo se paga varias veces a lo largo de la cadena logística.

Hay una excepción y conviene decirla. El refino suele ganar cuando el crudo sube por miedo y el precio de los productos elaborados se mueve más rápido que la materia prima. Repsol y Moeve operan las grandes instalaciones del país, y sus cuentas respiran mejor con precios altos que con un desplome. Ganadores y perdedores, casi nunca los mismos.

Y luego está el gas. Por el estrecho de Ormuz sale al mundo alrededor de una quinta parte del petróleo que se transporta por mar, según los cálculos que maneja la Agencia Internacional de la Energía. España compra gas licuado en el mercado global y cuenta con una de las redes de regasificación más amplias de Europa: si ese paso se encarece, las plantas españolas pagan más por la misma molécula.

De Abqaiq a la excepción ibérica: los precedentes que ordenan el susto

Conviene mirar atrás. En septiembre de 2019, varios drones y misiles golpearon las instalaciones de Abqaiq y Khurais, también en Arabia Saudí, y el Brent se anotó en una sola sesión un salto superior al 14%, el mayor de su historia. El pánico, sin embargo, duró semanas: Riad repuso la producción con rapidez y el precio regresó a su sitio. Si no faltan barriles, la prima se desinfla.

En 2022 el guion fue otro. La invasión rusa de Ucrania llevó el Brent por encima de los 120 dólares y el gas natural marcó máximos en Europa. España, con un mercado mayorista indexado al gas, vio cómo la luz se disparaba hasta obligar a Bruselas a autorizar la llamada excepción ibérica, el tope al precio del gas que estuvo vigente entre 2022 y 2023. El déficit energético de la balanza comercial se ensanchó y el coste acabó en el bolsillo de hogares y pymes.

Este otoño, el escenario es menos grave pero más opaco. Nadie ha confirmado daños estructurales en Yanbu o Shaybah y, mientras no haya barriles perdidos, el mercado puede deshacer la prima en pocos días. Lo que de verdad manda ahora es la retórica sobre Ormuz: el primer vicepresidente de Irán llegó a afirmar que el país no tenía más remedio que ejercer soberanía sobre ese paso. Si Teherán lo convierte en moneda de cambio, el encarecimiento dejará de ser un susto y pasará a ser política energética. Conviene seguir la próxima cotización del gas en Mibgas, los datos de inflación del INE y el pulso de las refinerías españolas ante el invierno.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: Los hutíes de Yemen, alineados con Irán, anunciaron ataques contra infraestructuras energéticas y aeroportuarias saudíes. El mercado respondió con una prima de riesgo que llevó el Brent a máximos de cinco meses.
  • Datos importantes: El Brent cotiza en 111,33 dólares, un 1,62% más en la sesión, y el WTI sube un 4,33%. Riad no ha confirmado los daños.
  • Resumen: España importa casi todo su crudo, así que la subida llega a carburantes, electricidad y transporte. La clave está en si Ormuz se convierte en arma política.