Sumar cierra su confluencia en Euskadi sin Podemos. El Frente Amplio, la coalición que integran Ezker Anitza-IU, Equo, Batzarre y Sumar Mugimendua junto a una docena de organizaciones más, concurrirá el 29 de noviembre con papeleta propia en Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra. La izquierda confederal afronta la cita más difícil desde 2015, y lo hace dividida.
El cierre del plazo para registrar coaliciones dejó el mapa vasco en dos bloques. El Frente Amplio presentó su candidatura el pasado 17 de octubre con quince organizaciones; ese mismo día, Podemos cerraba filas en su Consejo Ciudadano Estatal. Dos maneras opuestas de comunicar prioridades y un mismo resultado: la unidad que pedían amplios sectores sociales no ha salido adelante.
Alba García, secretaria general de Sumar Mugimendua, sostiene que «hasta el último minuto se dio todo para que Podemos se uniera al Frente Amplio, pero cuando uno no se quiere sentar no se le puede obligar». Es la versión de una de las partes. La otra llega con otro tono.
Richar Vaquero, coordinador general de Podemos Euskadi, rechaza el reproche desde el otro lado: «No puedo aceptar que se diga que en Euskadi no hubo voluntad de negociar. Llamé en dos ocasiones, planteé sentarnos en una mesa y trasladé nuestra disposición a buscar un acuerdo. Esa mesa nunca llegó a constituirse».
La tercera pieza la aporta Arantza González, coordinadora de Ezker Anitza-IU, que rebaja el relato de la negociación fracasada: en Euskadi no hubo «más allá de dos breves conversaciones puntuales». Su propuesta era la que Antonio Maíllo defendía para toda España. La dirección de Ione Belarra e Irene Montero no se sumó a esa fórmula.
Dentro del espacio confederal vasco nadie discute el diagnóstico; lo que se discute es quién debía ceder primero, y ese debate no se resuelve en campaña.
Con ese material se llega al 29N. La mano tendida de García —»nos pondremos creativas para que el 29N haya una única papeleta»— choca con la desconfianza de Vaquero: «Una cosa es negociar una candidatura conjunta y otra bastante distinta es ofrecer a alguien que se incorpore cuando las decisiones importantes ya están tomadas».
Quince organizaciones y una ausencia
El Frente Amplio no es una marca nueva: es el paraguas bajo el que Sumar reordena su espacio desde 2023. Lo que cambia en Euskadi es la composición. Están Izquierda Unida a través de Ezker Anitza, los verdes de Equo, la histórica Batzarre navarra y el partido instrumental de Sumar. No está Podemos, que concurre por su cuenta. En términos prácticos, dos papeletas donde en 2016 hubo una.
La división se reproduce en Navarra, donde Contigo-Zurekin ya agrupaba a las fuerzas que aspiraban a repetir la unidad. Gobiernan la comunidad foral con la consejera de Vivienda, Begoña Alfaro, y el Ayuntamiento de Iruñea, con Txema Mauleón, de Batzarre, incorporado al Frente Amplio después de intentarlo con Podemos. Su diagnóstico es sobrio: «Nuestra apuesta era y es siempre la máxima unidad y todo lo que se aleje de ella no es positivo».
Tres escaños a pocos miles de votos

Los números explican por qué la división duele más de lo que parece. En 2023, con Sumar ya en solitario, el espacio obtuvo un único diputado, por Bizkaia. En Gipuzkoa faltaron 2.735 votos para arrebatar el último escaño al PNV; en Navarra, 2.836 para quitárselo al PSOE; en Araba, 6.530. En el mejor escenario, tres actas más. En 2016, Unidos Podemos logró siete en Euskal Herria.
El cálculo no es optimista por casualidad. A partir de los datos de 2023, ni EH Bildu ni el PSOE tienen margen para sumar escaños nuevos; el espacio confederal, en cambio, pelea por uno en cada territorio. De ahí que dar por liquidada la izquierda confederal vasca sea, como mínimo, prematuro. Las cuentas no cuadran con el relato de la desaparición.
Queda el por qué. En Podemos sostienen que las primarias resolvieron sus diferencias y que no hubo veto de Madrid. Vaquero lo defiende: «Podrá haber habido apoyos diferentes, pero la decisión la han tomado las personas que han participado en el proceso». Del otro lado, la lectura es otra: un partido que negocia su propia marca antes que la papeleta común. Ahí está el nudo del espacio desde hace tres años.
La Dinámica de Coalición
Dentro de Sumar el equilibrio se sostiene sobre una tensión conocida: la dirección de Yolanda Díaz necesita a IU y a los verdes para sostener el relato de la confluencia, pero cada confluente conserva su agenda territorial. En Euskadi, Ezker Anitza-IU ha actuado con autonomía y ha alineado su posición con la de Maíllo en Madrid, lo que deja a Sumar Mugimendua como el socio que más invirtió en el acuerdo.
La dimensión de coalición con el PSOE es indirecta y real a la vez. Cada escaño que el espacio pierde en Euskal Herria es un escaño que el bloque progresista no suma frente al PP y Vox en el Congreso. No hay aquí una fricción con el PSOE como en otras materias; hay algo más silencioso: la pérdida de peso negociador de Sumar si el 29N no se traduce en actas.
La proyección inmediata pasa por la campaña y por el 11 de noviembre, jornada de huelga que González ya ha colocado en el centro de su discurso junto a la vivienda. Después llegarán las elecciones forales de mayo de 2027, con Podemos anunciando candidatura propia en Navarra. El espacio no se rompe: se fragmenta por territorios. Y la pregunta de fondo sigue abierta: quién lidera la reunificación, si alguien quiere liderarla.
Ficha del Caso
- El caso: Sumar, Ezker Anitza-IU, Equo y Batzarre registran el Frente Amplio para el 29N sin Podemos, tras una negociación cerrada sin acuerdo en Euskadi ni en Navarra.
- Datos importantes: un escaño en 2023 (Bizkaia); faltaron 2.735 votos en Gipuzkoa, 2.836 en Navarra y 6.530 en Araba; siete escaños en 2016; quince organizaciones en la coalición; huelga general el 11 de noviembre.
- Resumen: la fragmentación del espacio confederal vasco reduce el techo electoral del bloque progresista y, con él, el peso negociador de Sumar en el Congreso frente al PSOE.
