La protesta contra Abascal en A Coruña deja dos detenidos y doce agentes heridos tras las cargas policiales en la plaza de María Pita.
El líder de Vox, Santiago Abascal, protagonizaba este miércoles un acto de precampaña en el centro de la ciudad gallega, a algo más de cinco semanas de la cita electoral del 29 de noviembre. Desde primera hora de la mañana, varios centenares de jóvenes —buena parte con el rostro cubierto con pasamontañas y bragas de cuello— se fueron concentrando en los aledaños del espacio elegido para el mitin. La Policía Nacional cifró en 5.000 personas la protesta, convocada por colectivos antifascistas y de la izquierda independentista.
El argumentario de Vox: coacción, violencia y un Gobierno que la alienta
La dirección de Vox enmarcó lo sucedido en una pauta que la formación viene denunciando desde el arranque de la precampaña: la presión en la calle contra sus actos. Abascal calificó la protesta de ‘coacción y violencia’ y advirtió de que ‘no hay violencia ni mordaza’ que pueda con Vox. Con un cambio de gobierno no será posible acosar a los ciudadanos. Los españoles ya han sido sacrificados en el altar de la ambición y falta de escrúpulos de Sánchez’, ha proseguido, en declaraciones recogidas por La Vanguardia.
El presidente de Vox sostiene que Pedro Sánchez está alentando la violencia de cara a los comicios. La misma pauta que el partido detecta ahora en A Coruña la ha situado antes en Ceuta y en las coacciones registradas en la Puerta del Sol. Y mantiene el retrato que ya hizo del jefe del Ejecutivo: ‘Dije que es un tirano y lo mantengo. Es un peligro para España y para los intereses nacionales’.
Antes de los altercados, el líder de Vox había llamado a una ‘movilización masiva’ para ‘ganar a Pedro Sánchez’, convencido de que la única forma que le queda al Gobierno de continuar es la compra de votos o la violencia. La tesis recorre toda su precampaña. Este miércoles encontró en A Coruña su ilustración más directa.
Vox convierte cada agresión a sus actos en un argumento de campaña: la denuncia de la violencia como prueba de que el adversario no acepta las reglas.
Qué ocurrió al término del mitin: detenidos, heridos y cargas policiales
Los incidentes se desataron al concluir el acto. Un grupo numeroso, con varias personas encapuchadas, arremetió contra el cordón policial y comenzó a lanzar petardos, sillas y piedras. La Policía Nacional detuvo a dos personas por atentado contra agentes de la autoridad y desórdenes públicos y contabilizó doce agentes lesionados. Entre los manifestantes hubo varias decenas de heridos, además de dos periodistas alcanzados por objetos lanzados desde la protesta: una recibió el impacto de una piedra en una pierna y otro, de una botella en la cabeza.
Las fuerzas de seguridad recurrieron a pelotas de goma y gases lacrimógenos para contener a los concentrados en la plaza de María Pita. En la marcha participaron las Juventudes Socialistas, al grito de ‘No pasarán’, la organización juvenil del BNG, Galiza Nova, y el sindicato de vivienda de la ciudad, con lemas como ‘Destruyamos el movimiento fascista’, ‘Fuera fascistas de Galicia’ y ‘Galicia será la tumba del fascismo’.
El secretario general de Galiza Nova, Artai Gabiás, pidió a los medios que proclamasen que Galicia es antifascista y que Vox ‘no tiene cabida en esta sociedad’. El acto de Vox se había celebrado y concluido con normalidad; los incidentes llegaron después.
La lectura estratégica: la calle como terreno de la precampaña del 29-N
Este episodio encaja en el eje sobre el que Vox está construyendo la precampaña: ley, orden y denuncia de la violencia como método para excluir al adversario. No es un marco nuevo. La formación sostiene desde hace meses que la confrontación en la calle forma parte del repertorio con el que el Gobierno y sus socios intentan deslegitimar el voto a Vox, y cada incidente le permite volver a colocar esa tesis ante su electorado sin necesidad de matizarla.
Hay un flanco doble que el partido explota. De un lado, el pulso con el PP, que queda interpelado cada vez que Vox denuncia coacciones a un acto legal de un partido constitucionalista. De otro, la comparación con el trato que, a su juicio, reciben las protestas dirigidas contra el Gobierno. El cálculo electoral es que el coste político de estos episodios lo termina pagando el Ejecutivo, no la fuerza que los sufre.
Quedan algo más de cinco semanas hasta el 29 de noviembre. Vox mantiene su calendario de actos con el argumento que ya ha probado en otras citas: convertir la hostilidad de la calle en energía de voto. El riesgo, y a la vez la oportunidad, está en que ese relato vive de que los incidentes no se produzcan dentro de sus propios actos. Por ahora, los dos detenidos y los doce agentes heridos en A Coruña apuntalan su tesis.
