Una plaga de trips se extiende por los invernaderos de pimiento de Almería y pone en riesgo miles de hectáreas.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Una plaga de trips afecta ya a la práctica totalidad de las explotaciones de pimiento de la provincia, con daños en la planta y en el fruto que impiden su venta en primera categoría.
- ¿Dónde y quién? Invernaderos de Almería, un cultivo que ocupa entre 10.000 y 12.400 hectáreas. Dan la voz de alarma el Colegio de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Almería y organizaciones como COAG.
- ¿Qué supone para los ciudadanos? Arranque de plantaciones, pérdida de jornales en la comarca y riesgo de que el insecto salte al pepino, el calabacín y la berenjena.
La plaga que ya afecta a todo el pimiento de la provincia
El insecto está presente en la práctica totalidad de las explotaciones de pimiento de la provincia, un cultivo que ocupa entre 10.000 y 12.400 hectáreas de invernadero. No es un foco aislado. Los técnicos describen una expansión masiva del trips que, además, empieza a saltar a otras especies: pepino, calabacín y berenjena.
Quien firma el diagnóstico es el presidente del Colegio de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Almería, Fernando Paniagua. El daño aparece en dos frentes: el desarrollo vegetativo de la planta y el fruto, donde las picaduras dejan deformaciones y cicatrices que lo invalidan para el mercado de primera categoría.
Ahí llega el golpe económico. Un pimiento con cicatrices se paga a precio de saldo o directamente no se paga. Y cuando la planta queda tocada, la decisión que muchos productores toman es arrancar y empezar de cero, con la inversión en insumos ya hecha y sin garantía de que la siguiente plantación se libre.
Arrancar la plantación: la factura que asume la familia
Detrás de cada hectárea arrancada hay una familia con semilla, plástico, fertirriego y jornales pagados. Es la ruina económica de las familias afectadas, y no un mal año cualquiera: el pimiento sostiene buena parte de la rotación de los invernaderos del Poniente Almeriense y del Campo de Níjar.
A eso se suma el riesgo de contagio. Pepino, calabacín y berenjena comparten con el pimiento invernadero, maquinaria y cuadrillas, así que lo que empezó en una nave puede acabar en la finca del vecino.
El pimiento almeriense se juega cada campaña su hueco en Europa, y esta vez el rival no es un precio: es un insecto.
La receta técnica existe. Los ingenieros agrícolas recomiendan una estrategia de lucha integrada que combine el cerramiento de los invernaderos, el control biológico y los fitosanitarios solo hasta la floración. El problema es que el margen se estrecha por dos vías. La primera, biológica: el trips se multiplica con rapidez en ambientes cálidos y secos y se esconde en cogollos y flores, donde cuesta verlo antes de que el daño esté hecho. La segunda, normativa: la reducción paulatina de materias activas permitidas en el mercado deja a los técnicos con menos herramientas para frenar la expansión.
Por eso el colectivo profesional y organizaciones agrarias como COAG reclaman la aprobación de registros especiales de fitosanitarios y medidas de urgencia. La petición tiene un recorrido concreto: la autorización de nuevas materias activas se decide en el ámbito estatal y europeo, mientras que en Andalucía la Junta de Andalucía ejerce la sanidad vegetal a través de su red de alertas fitosanitarias, que traslada la información técnica a los agricultores. El sector pide celeridad en todos los eslabones de esa cadena, sin excepción.

La Lectura Andaluza
Andalucía no puede permitirse perder un solo invernadero de pimiento. La provincia de Almería concentra el mayor complejo de cultivo bajo plástico de Europa, con más de 30.000 hectáreas, y es la primera productora nacional de pimiento, con un volumen que abastece a media Europa entre el otoño y la primavera. Detrás de esa estadística hay entre 10.000 y 12.400 hectáreas de pimiento, miles de familias y una industria auxiliar de semillas, abonos, plásticos y transporte que vive exactamente del mismo calendario. La sanidad vegetal es competencia autonómica y se articula mediante una red de alertas que avisa al agricultor de lo que viene; cuando la alerta llega tarde, el campo ya ha pagado el precio.
La lectura práctica para el ciudadano no es menor. Cuando la producción cae, el primer golpe llega a las nóminas del Poniente y del Campo de Níjar —El Ejido, La Mojonera, Níjar, Roquetas de Mar—, donde cada campaña se emplea a miles de jornaleros. Después llega al precio y, sobretodo, a la presencia del pimiento andaluz en las estanterías alemanas, británicas y holandesas, mercados donde la competencia no espera a nadie.
Las próximas semanas son el margen que marcan los propios técnicos, porque el tratamiento fitosanitario tiene fecha límite: la floración. Si el insecto se adelanta, la cosecha de invierno se complica. Si la autorización de nuevas materias activas se retrasa, los productores se quedan con menos recursos y con las mismas hectáreas que defender. En un invernadero, la diferencia entre la ruina y la cosecha se mide a veces en un insecto de dos milímetros. Y en Almería lo saben mejor que nadie.

