Un punto separa a Lula y a Flávio Bolsonaro en Brasil, y ese punto vale miles de millones para Telefónica e Iberdrola. El domingo 25 de octubre, más de 150 millones de brasileños están llamados a las urnas.
La última encuesta de Datafolha, difundida este jueves 22 de octubre, otorga al senador Flávio Bolsonaro el 47% y al presidente Lula da Silva el 46%. Son 2.520 entrevistas realizadas entre el 20 y el 22 de octubre, con un margen de error de dos puntos y un 95% de confianza. Traducido: el empate técnico es literal y el país entra en el fin de semana sin favorito.
El sondeo, encargado por O Globo y Folha de São Paulo, deja un 5% de blancos, nulos y abstencionistas y solo un 2% de indecisos. Por género, el voto femenino acompaña a Lula y el masculino al candidato conservador. Por formación, el senador gana entre quienes cursaron secundaria y universidad; el presidente, entre quienes solo completaron la educación básica.
Hay un detalle que casi nadie cuenta y está en el electorado más joven. A principios de octubre, Bolsonaro sacaba siete puntos a Lula entre los votantes de 16 a 24 años. En la medición de este jueves pierde por cinco. Un vuelco de doce puntos en tres semanas que explica por qué ningún analista se atreve a proclamar un ganador.
Madrid mira la cita con una atención que no prestó a otros procesos latinoamericanos. Brasil es uno de los principales destinos de la inversión española en la región y el mercado donde tres grandes del Ibex tienen filiales con peso propio. Lo que se decida en São Paulo no se quedará en São Paulo: llegará a la cuenta de resultados de la bolsa española.
Un punto de diferencia en las urnas de Brasil se traduce en valor, contratos y empleo para las filiales españolas del Ibex.
El mapa del voto que deja el balotaje sin favorito
Brasil vota con dos dinámicas que se cruzan. La geográfica es conocida: el noreste, bastión histórico del Partido de los Trabajadores, sostiene al presidente; el centro-oeste agrícola y el sur industrial empujan al senador. La generacional es nueva, y se ha movido en cuestión de días.
La encuesta no mide la composición del Congreso ni de los gobiernos estatales, pero su lectura política es nítida. Quien gane el domingo heredará un país partido casi por la mitad y un Legislativo que ha obligado a todos los gobiernos recientes a negociar cada ley. Para una empresa extranjera, eso significa dos años de regulación pactada artículo a artículo.
Qué se juega España si gana Lula o si gana Bolsonaro
Telefónica opera en el país a través de Vivo, la mayor operadora móvil por número de clientes y uno de los dos grandes mercados del grupo junto a España. Su negocio depende de Anatel, el regulador de telecomunicaciones, y de los compromisos del despliegue de 5G. Un Gobierno liberal aceleraría la desregulación; uno laborista revisaría contraprestaciones y obligaciones de cobertura.

Iberdrola controla Neoenergia, uno de los mayores grupos eléctricos del país, con distribución, generación y líneas de transmisión. Su rentabilidad depende de las revisiones tarifarias que fija Aneel y de las subastas de transmisión, un calendario que el próximo Ejecutivo puede acelerar o congelar. Santander, a través de Santander Brasil, tiene ahí uno de sus mercados clave: un giro en los tipos o en la regulación bancaria mueve el beneficio del grupo entero.
Hay un tercer canal, menos visible. La soja y el maíz brasileños alimentan el ganado español, y el reglamento europeo de deforestación obliga a las importadoras a certificar el origen de cada partida. Una victoria del candidato conservador relajaría la vigilancia ambiental y complicaría esa certificación; una de Lula la mantendría, a cambio de más burocracia y más coste.
Las organizaciones indígenas de la Amazonia han advertido de que un resultado ajustado puede envalentonar a los votantes afines a Bolsonaro en las ciudades del interior, según ha recogido The Guardian.
Lo que enseña la historia electoral brasileña más reciente
Brasil viene de dos balotajes decididos por menos de dos puntos. En 2014, Dilma Rousseff ganó a Aécio Neves por 51,6% frente a 48,4%. En 2022, Lula se impuso a Jair Bolsonaro por 50,9% frente a 49,1%, el resultado más ajustado desde la vuelta a las urnas en 1989. La lección para las empresas españolas es que el país lleva una década votando mitad y mitad, y gobernando a golpe de pacto.
La segunda lección es de mercado. Los activos brasileños han reaccionado históricamente más al tono fiscal y a la trayectoria de la deuda que a las siglas del ganador: el real y el Ibovespa se han movido con cada señal de ajuste, no con cada discurso. Las filiales españolas llevan años cubriéndose contra ese ruido con financiación local y coberturas de tipo de cambio, lo que amortigua el golpe de la noche electoral, pero no lo elimina.
Este domingo se conocerán los primeros sondeos a pie de urna al cierre de los colegios. El lunes abrirá la Bolsa de São Paulo y se sabrá si el mercado lee ese punto de diferencia como estabilidad o como parálisis. Conviene seguir, además, los nombres que el nuevo Gobierno ponga al frente de Aneel y Anatel y el primer paquete fiscal que aterrice en el Congreso, porque de ahí saldrán las señales que de verdad mueven la inversión española.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: El balotaje brasileño del 25 de octubre de 2026 llega con un empate técnico entre Lula y Flávio Bolsonaro, según el último sondeo de Datafolha.
- Datos importantes: 47% frente a 46%, con 2.520 entrevistas, margen de dos puntos y 5% de blancos o nulos. Brasil es uno de los principales destinos de la inversión española.
- Resumen: El resultado condiciona la regulación que afecta a Telefónica, Iberdrola y Santander, y la posición ambiental de España en la Amazonia.

