Microsoft concentra el 90% de los casi 30 millones de toneladas de captura de carbono contratadas en 2025, un mercado que triplicó su volumen respecto al año anterior pero que solo entregó 450.000 toneladas verificadas.
El dato lo publica la plataforma de seguimiento CDR.fyi y lo recoge Heatmap: las compras de captura duradera de CO2 pasaron del total de 2024 a casi 30 millones de toneladas en 2025, más del triple en doce meses. La entrega real, la que se mide y se certifica, se quedó en 450.000 toneladas. Vamos a los datos: el 1,5% de lo firmado.
Las cifras cuadran mal en cualquier balance climático. Los escenarios de mitigación sitúan la necesidad mundial de eliminación de CO2 entre 6.000 y 10.000 millones de toneladas anuales para 2050. Todo lo contratado en 2025 cubre, en el mejor de los casos, entre el 0,3% y el 0,5% de esa meta anual; lo efectivamente retirado de la atmósfera ronda el 0,005%. El papel aguanta mucho. La atmósfera, no.
El triple de contratos y el 1,5% de entregas: la foto del mercado
El segundo problema no es la tecnología, es la estructura. Microsoft firma en torno al 90% de los contratos globales de CDR, la remoción de dióxido de carbono por sus siglas en inglés. Un mercado con un solo comprador no es un mercado: es una compra corporativa con una cadena de proveedores colgando del presupuesto de una única empresa. Cuando ese presupuesto se replanifica, el sector entero se replanifica con él.
La tecnología funciona. Lo que escasea son los clientes. Es el diagnóstico que el sector arrastra desde el ejercicio pasado: capacidad técnica creciente, demanda concentradísima y un coste por tonelada que no baja porque no hay volumen que lo baje. Para entender el negocio conviene recordar qué es la captura y almacenamiento de carbono y en qué se diferencia de retirar CO2 ya disperso en la atmósfera.
Un sector que depende de un único comprador no ha escalado: ha aprendido a esperar la firma de una sola empresa.
David Babson, vicepresidente ejecutivo del área de Energía, Clima y Naturaleza de la fundación XPRIZE, lo califica sin rodeos de fallo de mercado. Su tesis: la tecnología avanza más deprisa de lo que la adoptan los compradores. Si la gente pudiera ganar dinero sacando carbono del aire y metiéndolo bajo tierra, en lugar de solo poder ganarlo sacándolo de debajo de la tierra y poniéndolo en el aire, estaríamos en un lugar mejor’, plantea.
El caso que mejor ilustra la brecha es el de Mati Carbon. La empresa se llevó en abril de 2025 el gran premio de 50 millones de dólares del certamen XPRIZE Carbon Removal por esparcir basalto triturado en pequeñas explotaciones agrícolas de India, donde la roca retiene CO2 al meteorizarse. Su ventaja no es solo técnica: el polvo de roca mejora el suelo y el rendimiento de los cultivos, de modo que el agricultor tiene una razón para participar que no depende del precio del crédito. De los 1.334 equipos que compitieron, los participantes han levantado más de 3.300 millones de dólares.
La letra pequeña: quién firma, quién entrega y a qué precio
📊 Impacto ecológico en cifras
- CO2 contratado: casi 30 millones de toneladas de captura duradera en 2025, más del triple que el total de 2024.
- CO2 entregado: 450.000 toneladas verificadas, el 1,5% de lo firmado.
- Concentración: Microsoft absorbe en torno al 90% de las compras globales de CDR.
- Brecha con 2050: lo contratado equivale al 0,3%-0,5% de los 6.000-10.000 millones de toneladas anuales necesarios.
La respuesta de XPRIZE pasa por cambiar lo que recibe el ganador. Babson describe ‘premios mixtos’: efectivo más un comprador garantizado a través de un compromiso de mercado anticipado, un contrato de compraventa de energía o un acuerdo de offtake. El experimento mental que maneja la fundación asocia un premio de captura de carbono a un fondo independiente de 1.000 millones de dólares levantado entre compradores de créditos, del que los equipos pueden tirar a medida que entregan toneladas verificadas.
Es la diferencia entre premiar una idea y financiar una industria. El mismo patrón aparece en el resto de la cartera: en la competición contra incendios, fallada en septiembre de 2025 con 4,55 millones repartidos de un bote de 11 millones, el ganador fue el contratista de defensa Anduril. La invención siempre llega antes que el comprador.
Para la cadena de suministro, la implicación es directa. Si una empresa compra créditos de captura de carbono para cuadrar su balance Net Zero, el dato que importa no es el volumen contratado, sino la tonelada entregada y auditada. Los estándares de reporte, de la CSRD europea a las validaciones de SBTi, empiezan a exigir esa trazabilidad y a separar el contrato firmado de la retirada efectiva.
La brecha entre firmar y entregar: quién paga la factura
Hay un precedente que conviene tener a mano. Las renovables no escalaron por premios ni por promesas, sino cuando los contratos de compraventa de energía garantizaron demanda a veinte años. La captura de carbono está en el punto anterior a ese contrato, y el problema no es que falte un reactor mejor: es que falta un comprador con firma. La concentración del 90% en un solo cliente convierte esa carencia en riesgo sistémico, porque el precio de referencia del sector lo fija el departamento financiero de una empresa y su replanificación anual marca el ritmo de toda la industria.
Por eso la letra pequeña importa más que el anuncio. Un plan Net Zero que se apoya en captura duradera sin fecha de entrega está aplazando la factura, no pagándola. Las retiradas de CO2 deberían ocupar el último tramo del esfuerzo, el que cubre lo que no se puede electrificar, y no el titular del compromiso. Con 450.000 toneladas entregadas frente a casi 30 millones firmadas, la distancia entre la promesa y el hecho tiene nombre, cifra y responsable: un mercado que aún no tiene compradores suficientes.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 450.000 toneladas de CO2 retiradas de la atmósfera en 2025 frente a casi 30 millones comprometidas sobre el papel.
- Modelo que cambia: el crédito contratado sin entrega verificada deja de valer como activo climático y pasa a exigir auditoría.
- Para las próximas generaciones: cubrir la meta de 6.000 a 10.000 millones de toneladas anuales en 2050 exige escalar la entrega actual más de 13.000 veces.
