Salvador Illa convierte el 29N en una elección ‘entre democracia y autoritarismo’ y sitúa a Catalunya en el centro de la decisión. Lo dijo este sábado en el Auditori de Girona, ante unas 400 personas y flanqueado por la consellera de Territori, Habitatge i Transició Ecològica, Sílvia Paneque, y por el cabeza de lista al Congreso, Marc Lamuà, en la presentación de las candidaturas del PSC de las comarcas gerundenses.
La tesis del president de la Generalitat es que el 29 de noviembre no se decide solo quién ocupa La Moncloa. Según su lectura, Catalunya tendrá un papel determinante a la hora de escoger entre un Gobierno progresista y un ejecutivo de Alberto Núñez Feijóo con Santiago Abascal de socio. Democracia o autoritarismo. El marco está fijado y es de campaña nacional, aunque lo pronuncie quien gobierna Cataluña y quien necesita que su electorado no confunda papeletas.
El marco que Illa quiere imponer: democracia o autoritarismo
Conviene detenerse en la elección del encuadre. Illa no habló de gestión, ni de presupuestos, ni de financiación autonómica. Habló de régimen. Y lo hizo en Girona, una provincia donde el PSC necesita rentabilizar su implantación municipal para compensar el desgaste de gobernar la Generalitat y, a la vez, hacer campaña por Pedro Sánchez en Madrid. También cargó contra los discursos que cuestionan la legitimidad de los procesos electorales, que es exactamente el terreno donde quiere situar al adversario.
El capítulo orgánico deja una lista sin sobresaltos al Congreso y una renovación calculada al Senado. Marc Lamuà repite como número uno, diputado desde 2016 y primer secretario de la federación gerundense; Blanca Cercas se mantiene en el segundo puesto. La novedad está en la cámara alta: Gael Rodríguez, alcalde de Portbou de 23 años y que fue el alcalde electo más joven de Europa, encabeza la candidatura y desplaza a Consol Cantenys, exalcaldesa de Vilafant y senadora en activo, que pasa al segundo lugar. Moisès Tomàs, concejal de Salt, ocupa el tercero. Completan el Congreso el empresario Larbi Hlal Boutir, la concejala de Palamós Yolanda Aguilar, el candidato a la alcaldía de Olot Joan Manel Robles, y la concejala de Lloret de Mar Carme Retamero, en una lista que el PSC presenta como continuidad sin experimentos.
El voto de los nacionalizados y el catalán como línea roja

Dos gestos concretos elevaron el tono del acto. El primero, la reivindicación explícita del voto de los nacionalizados, según la crónica de la jornada publicada por Crónica Global: un electorado con nacionalidad española, con peso creciente en el área metropolitana de Barcelona y en comarcas con fuerte presencia de población extranjera, y que el PSOE corteja en toda España. El segundo lo puso Paneque, que definió la campaña como una cuestión ‘moral’ y dejó el lema que el partido va a repetir: ‘Si queréis votar paz, no votéis odio’.
El momento más reproducido llegó al final. Illa se dirigió por su nombre a los líderes del PP y de Vox: ‘Alberto y Santi, el catalán no se toca’. La frase admite dos lecturas. Hacia fuera, marca distancia con cualquier intento de recentralizar la política lingüística desde Madrid. Hacia dentro, recuerda al votante catalanista moderado que el PSC se ofrece como dique frente a la derecha estatal, un espacio que ERC y Junts también disputan y donde se juega buena parte del relato de la campaña.
En Cataluña, la campaña no se libra por escaños: se libra por el relato de quién representa la normalidad democrática.
El riesgo de que el 29N se lea como un plebiscito sobre Sánchez
Aquí aparece la contradicción que Illa tendrá que gestionar hasta el 29N. Preside la Generalitat desde 2024 con el apoyo parlamentario de ERC, y ese mismo partido concurre ahora a las generales compitiendo por el mismo electorado de izquierdas. Cada vez que Illa convierte la cita en un plebiscito nacional, activa también la pregunta inversa: qué queda del Govern si en Madrid cambia la mayoría. La campaña catalana tiene dos tableros y el PSC juega en ambos. Lo que observamos en esta redacción es que el PP y Vox tienen el incentivo contrario: cuanto más se hable de marco nacional, más se diluye el debate sobre la gestión del día a día.
El eje social lo dibujó Lamuà con una contraposición simple: los ‘viernes de Rajoy’, asociados a los recortes, frente a los ‘martes de Pedro Sánchez’, vinculados a la sanidad universal, la vivienda, la amnistía y la defensa del catalán. ‘Nos jugamos la defensa de aquello que otras generaciones consiguieron para nosotros’, afirmó. Paneque añadió el capítulo de vivienda y respondió a Feijóo con rehabilitación, prevención de desahucios, alquiler protegido y emancipación juvenil, hasta asegurar que el ejecutivo catalán es el que más ha hecho por la vivienda ‘en la Europa democrática’. Es una afirmación de campaña que el Govern tendrá que sostener con datos en el cuerpo a cuerpo.
Illa cerró pidiendo respeto y educación, y advirtió de que el PSC hará campaña con argumentos y sin violencia verbal. La promesa es exigente en un contexto donde el marco del autoritarismo invita precisamente a lo contrario. El calendario manda: queda poco más de un mes hasta el 29 de noviembre y cada acto se medirá por su capacidad de movilizar a los suyos sin espantar al votante moderado. Ahí está la apuesta.

