Una mujer ha aceptado una pena de 9 meses de prisión y pagar 7.180 euros en concepto de responsabilidad civil por perseguir y acosar a la pareja de su exnovio, según ha determinado la jueza de la Sala de lo Penal 1 de Vigo, tras un acuerdo de conformidad que ha hecho innecesaria la celebración del juicio

La acusada, M.J.P.A., se enfrentaba a una petición de un año y tres meses de cárcel por un delito de acoso, pero finalmente ha aceptado los 9 meses de prisión. Asimismo, deberá indemnizar a la víctima en 7.180 euros por los días de baja y por las secuelas que le causó ese acoso; y se le ha impuesto también la prohibición de acercarse a menos de 100 metros de la mujer y de su domicilio, y de comunicarse con ella por un período de 2 años

El acuerdo de conformidad contempla también la suspensión de la ejecución de la pena de prisión, a condición de que la procesada no delinca durante dos años, cumpla la orden de alejamiento, deposite mil euros para constatar su voluntad de abonar la responsabilidad civil y se someta a un programa formativo durante 6 meses.

Según el escrito de acusación de la Fiscalía, M.J.P.A. mantenía, al menos desde noviembre de 2017, una “actitud de persecución y confrontación” con la víctima, a raíz de que ésta iniciase una relación con su exnovio.

ACOSO

Así, se presentaba “diariamente” en la estación de autobuses de Gondomar (Pontevedra), a donde la perjudicada acudía para coger un bus para ir a Vigo a trabajar. A la vuelta de la jornada laboral, M.J.P.A. también la estaba esperando.

Tras una intervención de la Policía Local, la mujer dejó de hablar a la pareja de su exnovio, pero se quedaba mirando para ella fijamente, continuó persiguiéndola, a veces hasta su domicilio, se presentaba en las cafeterías donde estaba, o se quedaba en el exterior de los cajeros automáticos cuando la mujer los estaba utilizando.

A lo largo del día, vigilaba su domicilio con unos prismáticos, e incluso llegó a perseguir a la hija de la víctima y a presentarse en el trabajo de su hermana.

Toda esta situación provocó en la pareja de su exnovio un trastorno adaptativo, que precisó tratamiento farmacológico y, como secuela, le quedó un trastorno derivado del eventual retorno del factor estresante.

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