Almeida
José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, ha conseguido un puesto más goloso que el de liderar el PP de la capital. El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, está en horas bajas y ha decidido dar un giro a su formación para seducir a los votantes de centro. Quiere ser un Alberto Núñez Feijoo pero sin renunciar a su toque personal. Es por eso que ha tomado la decisión de fortalecer su posición nombrando a Almeida nuevo portavoz del PP tras haber fulminado a Cayetana Álvarez de Toledo. Esto es una buena noticia para el alcalde, al menos de momento, ya que tendrá que renunciar a ese tono conciliador que tanto le ha ayudado a crecer a nivel político para asumir su nuevo rol en el partido.

Desde el PP hay dirigentes que saben perfectamente que el “regalo” de Casado a Almeida puede estar envenenado. El alcalde se ha erigido como una figura política de consenso y es uno de los políticos más respetados del panorama nacional. Pocos regidores han salido a la calle en plena crisis y han sido aplaudidos por sus vecinos. Sin embargo, este nuevo proyecto para Almeida supone cambios en su estrategia de comunicación y tendrá que adoptar posiciones de partido y no tanto las suyas personales, algo que puede acabar erosionando esa imagen que tanto le ha costado labrarse.

Si Casado prefiere que el alcalde adopte una posición más agresiva, Almeida tendrá que acatar. Y si quiere un enfrentamiento directo con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el regidor tendrá que saltar al cuello.

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Es de los pocos políticos que se pueden echar a la calle a conceder una entrevista y recibir aplausos por parte de la ciudadanía. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, se ha convertido en una figura política de referencia durante la pandemia. Su exitosa gestión de la crisis le ha llevado...

Lo cierto es que Casado busca que Almeida encauce el estropicio de Cayetana. La ya desde el pasado lunes exportavoz del PP tenía una forma de expresarse más próxima a Vox y cada vez que abría la boca el centro moderado del partido se estremecía. Esto quiere decir que Casado permitirá que Almeida siga la misma línea que hasta ahora, pero fuentes del partido avisan: esto puede acabar con el ascenso político del alcalde popular más fuerte de España.

Hasta ahora, parece que no hay quien en la capital cuestione al alcalde más lejos de cosas puntuales. Los mayores reproches que se han podido encontrar hacia el alcalde han venido de sectores animalistas por haber aprobado el exterminar cotorras o por promover la tauromaquia o de la oposición por haberse gastado un dineral en poner a Alejandro Sanz a cantar un par de canciones sobre un puente te la M-30, pero lejos de eso, nadie ataca la labor del regidor ni tiene grandes sombras en su aún breve gestión.

Había quien situaba a Almeida en la lucha por presidir el PP de Madrid, pero tal y como adelantó este periódico, esa no era su intención. Mientras tanto, Casado ha buscado la forma de aprovechar la racha del alcalde y ha considerado que hacerle firmar una hipoteca de estas características puede ayudarle a mejorar su posición de cara a unas futuras elecciones. Eso siempre que Almeida no se pase de tono y se convierta en una Cayetana como azote del Gobierno.

Ahora el alcalde no podrá eludir los temas más escabrosos y polémicos y será quien deberá convencer a su potencial electorado de la nueva línea del PP, la impuesta por un Casado que hasta hace dos días apostó por una estrategia más extremista que buscaba robar votantes a Vox. Si Casado dice blanco, será blanco. Y Almeida irá detrás renunciando a esa parcela municipal de independencia que le ha convertido en lo que es.

El alcalde es visto desde Génova como un activo muy valioso. De hecho, de los más importantes dentro de un PP defenestrado donde la llegada de Casado ha borrado de un plumazo ese toque moderado y sobretodo experimentado en gestión con el que contaba. Estos mismos fans del alcalde temen ahora que el movimiento de Casado no vaya a reforzar la imagen del PP pero que sí vaya a erosionar día tras día la imagen de un Almeida ya hipotecado con el compromiso que ha adquirido a las puertas de una segunda ola en plena pandemia.