cayetana

Cada vez son más los miembros del Partido Popular que quieren acallar las voces de su ala más radical. Al PP aún le quedan algunos dirigentes que les gusta más Vox que su propio partido, o al menos su discurso. Y con las encuestas a favor, el presidente popular, Pablo Casado, ha optado por girar el tono ideológico del PP hacia la moderación. Es por eso que bajo esa consigna, la diputada Cayetana Álvarez de Toledo, una extensión del propio expresidente del Gobierno José María Aznar en el partido, con quien, por cierto, mantiene una relación más que fluida, se ha convertido en una piedra del zapato de la formación, ya que echa por tierra la imagen que pretende dar el PP cada vez que abre la boca en el Congreso de los Diputados.

Álvarez de Toledo se ha convertido en un problema para el PP. Es una política que no tiene problema en romper la disciplina de partido y desmarcarse del discurso oficial para decir lo que piensa. Y su cercanía ideológica con Aznar además de su sintonía con Vox la lleva a radicalizar la imagen del PP cada vez que sube a la tribuna del Congreso. Es por eso que uno de los hombres de confianza de Casado, Teodoro García Egea, ya maniobra para ocultar bajo una sábana los discursos y la línea ideológica que representa Álvarez de Toledo.

El problema viene cuando Casado mira las propias bases que conforman su partido. Hasta hace unos años, todo el electorado que hoy sustenta a Santiago Abascal en Vox pertenecía al PP. Y aunque la mayoría, o al menos los más radicales, de este sector se han ido a la formación de extrema derecha, aún hay un ala radical importante en el PP. De hecho, la mano negra de Aznar se ocupó de mantener intacto el espíritu liberal, combativo y más extremista representado por él en el PP y ahora por su extensión: Cayetana Álvarez de Toledo.

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Sin embargo, Casado, quien en un principio seguía los preceptos ideológicos de Aznar, quiere desmarcarse del liberalismo más radical y volar por libre, lejos del ala del expresidente del Gobierno y más cercano a un liberalismo europeo moderado. Ese liberalismo que le ha llevado a votar a favor del ingreso mínimo vital.

El trabajo del fontanero del PP, García Egea, no es fácil. Tiene que apartar los resquicios aznaristas de su partido sin levantar demasiadas sospechas entre los seguidores de esta línea, ya que corre el riesgo de fragmentar aún más al PP y dividir más el voto. E ir contra Álvarez de Toledo no es fácil, especialmente porque no se trata de una diputada sumisa ni “controlable” por el partido, por lo que a la mínima sospecha puede abrir un butrón ideológico en el PP sin despeinarse. Y todo con el apoyo de Aznar.

El expresidente del Gobierno es una cuestión clave en todo este asunto. Aznar no ha dejado de reunirse a solas con Álvarez de Toledo y juntos han debatido sobre asuntos relacionados con el partido. No es ningún secreto que Aznar sigue manejando los hilos mediante su influencia en el partido. Pero su forma de llegar al núcleo duro de Casado es a través de la diputada popular con quien mantiene una estrecha relación.

Aznar ha tirado del partido hacia la derecha. Y aunque el expresidente probablemente se sentiría más cómodo bajo la sombrilla ideológica de Abascal que de la de Casado, sigue intentando que su partido se erija como la alternativa liberal y radical que él representaba. Ahora, bajo la sede de Génova se libra una guerra de guerrillas para cambiar el rumbo del partido, ya que parece que la posición moderada gusta más a su electorado. Y más cuando Inés Arrimadas ha dado un volantazo en Ciudadanos para convertirlo en un partido progresista alineado con el PSOE.

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