Ángel Garrido

Ayer saltaba la noticia con la espantada de Ángel Garrido del Partido Popular hacia Ciudadanos. Sorpresa por el momento elegido, y por las formas, pero no tanto por el fondo de la cuestión.

Ciudadanos será el tercer “partido del alma” de Garrido, tras su paso por CDS y PP. Pero no será necesariamente el último, como afirman los que mejor le conocen. Ellos dicen que si el bueno del expresidente de la Comunidad de Madrid ve una posibilidad de prolongación de su vida política por medio de alguna otra pirueta, saltará felizmente como la rana Gustavo allá donde el sol más caliente.

La sonrojante traición de Garrido tiene algunas particularidades llamativas.

En primer lugar, el momento. Justo después de los debates electorales, y a tan sólo 4 días de las elecciones generales. Muestra un profundo desagradecimiento con Pablo Casado, que le había confirmado como número 4 en la lista de las europeas. Esta decisión, por cierto, no era compartida por altos cargos del PP, que sólo la entendieron como un gesto de enorme generosidad con Garrido en atención a las especiales circunstancias tras su paso por la presidencia de la Comunidad de Madrid.

En segundo lugar, las formas. Con nocturnidad y alevosía, mintiendo -dijo no acudir a un acto por enfermedad-, y no avisando a sus compañeros, dando una espantada por sorpresa que refleja el nivel del personaje.

“Al final demostró que, como muchos pensábamos, no valía ni para la Alcaldía de las Rozas” se oía ayer a un alto cargo de la Comunidad de Madrid que no podía ocultar su sorpresa. “Era un paquete, un cero a la izquierda, su pérdida no representa nada para el partido, pero las formas son lamentables”.

En su presentación como miembro de Ciudadanos, el “fichaje” no recordó aquello que pregonaba a los cuatro vientos: “Ciudadanos es un partido de cuñados”. Yo no creo que lo sea, y siempre me pareció injusta esta afirmación del propio Garrido, pero con su incorporación, ahora mismo, al menos en Madrid, lo parece.

ANGEL GARRIDO Y EL ADIOS AL CLAN DE “LOS MONCHITOS”

Así se denominaba al trio calavera compuesto por Fernando Martínez Vidal, Iñigo Henriquez Luna y el propio Ángel Garrido en época de Alberto Ruiz Gallardón. Los “monchitos” fueron las moscas cojoneras del Partido Popular de Madrid durante años. Generaban polémicas dentro del grupo parlamentario y armaban todo tipo de líos estériles al equipo de Gallardón. Era la misión que les había encomendado Esperanza Aguirre para “tener controlado” y poner palos en las ruedas al entonces equipo de Gobierno.

Si ve una nueva posibilidad de prolongación de su vida política, saltará felizmente como la rana Gustavo allá donde el sol más caliente.

Todos los Monchitos han seguido un camino similar. Martínez Vidal y Henríquez Luna, apartados por el PP de Madrid, han buscado refugio en Vox. Garrido, siempre desde la medianía que ha acompañado su carrera política, completó la disolución de este extraño club con su salida anunciada ayer hacía Ciudadanos.

SU ETAPA COMO PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD DE MADRID

La salida tortuosa de Cristina Cifuentes para él fue, en primer lugar, un susto. Un perfil como el suyo jamás podría haber aspirado a ser, aunque fuera de rebote y temporalmente, presidente de la Comunidad de Madrid:

“Nadie en su sano juicio le hubiera escogido jamás como candidato ni a la comunidad de vecinos. Es un hombre gris, de muy bajo perfil político. Sin embargo, tras haber llegado a presidir la Comunidad de Madrid se veía como un estadista, se vino arriba e intentó amarrarse al puesto. El rencor por no haberlo conseguido era evidente”.

Con un poco de suerte con él desaparecerán algunos de sus colaboradores, algunos de los cuales son conocidos por méritos tan discutibles como pasarse media jornada laboral leyendo diariamente, con esmero y atención, el diario “Marca” en el despacho.

Efectivamente Garrido finalmente logró hacer algo destacado y sorprendente, aunque esto fuera una traición. Tal vez por primera vez en su dilatada carrera política ayer fue cuando se salió del guion marcado y mostró una (sorprendente) iniciativa propia.

En su currículum hay que reconocer un mérito sobre todas las cosas. Es un saltarín: es llamativo que haya pasado por CDS, PP y ahora Ciudadanos. Haya sido servil a Esperanza Aguirre, a Ana Botella y a Cristina Cifuentes. En los momentos de mojarse en el partido lo haya hecho con todos: haya apoyado primero a Cospedal, después un poquito a Soraya y finalmente a Pablo Casado, pero solo cuando este ya había ganado. Su apoyo a Soraya fue visto con desesperación en el PP de Madrid por la desoladora falta de visión política de Garrido. Iba, además, en contra del sentimiento mayoritario y visible del partido en Madrid.

Garrido representa la cuadratura del círculo. Y lo hace a cambio de prácticamente nada, ser el número 13 de la lista de Ignacio Aguado a Comunidad de Madrid.

Así, Aguado tiene su minuto de gloria. Desde luego ha conseguido un golpe de efecto y que se hable de su candidatura, una gran desconocida para el común de los madrileños.

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Habrá que preguntarle si lo esconderá en la campaña. Sería realmente singular que le den presencia pública, porque podría crear una auténtica anomalía en el Universo, un agujero negro que nos acabara engullendo a todos dentro de en un bucle infinito en el que el ahora candidato a la nada, criticara al presidente saliente, siendo ambos la misma persona.

Una situación surrealista y divertida que confirma el refrán tan castizo como hoy políticamente incorrecto y clasista: “Ni mandes a quién mandó, ni sirvas a quién sirvió”.

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