vacuna

Mientras medio mundo sigue pendiente de que se desarrolle la vacuna contra el coronavirus, hay otro colectivo, digamos especial, que sigue con su particular batalla. Se trata de los conocidos antivacunas, que aunque muchos pensaban que la pandemia habría hecho a muchos de ellos reflexionar sobre su posición respecto a las vacunas, creen que sus reivindicaciones han cogido más fuerza que nunca. Y aunque parece que en España al menos no han tenido el valor de salir a la calle, sí lo han hecho en otros países europeos para pedir, agárrense, que se deje la investigación para lograr un remedio que pare la pandemia del Covid-19.

Esta semana, miles de personas han salido a la calle en Alemania para exigir que los laboratorios frenen sus investigaciones, tal y como ha informado un corresponsal del diario ABC. Entre gritos, aspavientos y megáfonos, una de las portavoces de la protesta ha asegurado a los suyos que pueden estar tranquilos, que aunque se desarrolle la vacuna tan esperada por la mayoría, no será obligatorio vacunar a toda la población, al menos en Alemania. Aunque lejos de la realidad, las intenciones del Ejecutivo alemán sí que pueden pasar por obligar a determinados colectivos a pasar por la inyección.

Esto puede parecer motivo de mofa, pero no es así, ya que según los científicos esta actitud y posición pone en riesgo al resto de la población. Y lo cierto es que hasta prestigiosas revistas como Nature han advertido de que el movimiento antivacunas, que cada vez cuenta con más adeptos, podría ser una amenaza para muchas personas por el impacto que otras pandemias futuras pudiera tener sobre la población.

Eduardo Garzón

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Un grupo de investigadores de la Universidad George Washington (Estados Unidos) han elaborado un estudio basado en nada menos que 100 millones de usuarios de Facebook durante un brote de sarampión ocurrido en 2019. El estudio buscaba ver cómo se movían tanto los que están a favor de las campañas de vacunación como los que no, y concluyó que los antivacunas tienen mayor capacidad de hacer que su mensaje cale en la sociedad.

Que este discurso cale en millones de personas afectadas en plena pandemia del coronavirus es muy peligroso. No solo porque favorecen la transmisión del patógeno, sino porque de cara a futuras pandemias aún más letales podrían agravar las consecuencias.

El estudio de Nature llegaba a la conclusión aún más preocupante de que si ya de por sí el coronavirus había sido una apisonadora virulenta que ha arrasado con casi todos los continentes por igual, la acción de los antivacunas, que a día de hoy se manifiestan en Alemania para exigir que se frenen las investigaciones contra el virus, la pandemia podría empeorar por el empeño de estas millones de personas en afrontar el coronavirus sin ciencia de por medio.

Los antivacunas consideran que en realidad el efecto de las inyecciones con patógenos debilitados para generar anticuerpos consigue el efecto contrario al deseado. Sin embargo, y a pesar de que haya muchos estudios que hayan demostrado de forma tajante que se equivocan, es un colectivo que gana adeptos por segundos. Un reciente estudio publicado en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense confirmó con total rotundidad que los niños que reciben varias vacunas no tienen más probabilidades de enfermarse en comparación con los niños que no están vacunados. Pero entre tanto, en Alemania el movimiento se hace fuerte e incluso exige que la vacuna no sea obligatoria para sus hijos.