Podemos
Irene Montero 'número dos' de Podemos en el Congreso y Pablo Iglesias, secretario general del partido.

El vicepresidente del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, está rompiendo su partido. La percepción desde las bases de la formación es que el férreo autoritarismo que ha impuesto Iglesias en Podemos y el ascenso de sus más allegados se ha convertido en norma, algo que ha pasado una elevada factura a su partido en las elecciones vascas y gallegas. La formación morada ha, literalmente, desaparecido del parlamento de Galicia. Y en el País Vasco las noticias no son mucho mejores, pues ha pasado de tener 11 escaños a seis. Todo esto ha desatado las críticas y ha puesto en valor una idea que ha ganado fuerza: o Iglesias promueve una renovación que depure el partido o Unidas Podemos se hundirá aún más en las próximas citas electorales. Y mientras tanto, quienes se han beneficiado de la desintegración de Unidas Podemos han sido los partidos nacionalistas de izquierda, pues el BNG y EH Bildu han obtenido unos resultados que invitan al optimismo.

Ni siquiera la peor de las previsiones del núcleo duro del partido auguraba un batacazo de estas dimensiones. En el País Vasco, Podemos ha pasado de tener 157.334 votos a 71.759, una pérdida de votos que ha beneficiado directamente a EH Bildu. Y en Galicia el resultado no es para dar palmas, porque ha desaparecido de la vida política dando un empujón al BNG. Iglesias ha pasado de tener 271.418 votantes gallegos a 2.863, unos datos que auguran que Unidas Podemos está cuesta abajo y con los frenos rotos.

El Podemos de Gobierno no gusta, no seduce y ha espantado a muchos de sus votantes hacia posiciones nacionalistas. La otra lectura que se hace es que la debacle de Podemos es que su ruina ha beneficiado directamente a EH Bildu y al BNG. No hay que olvidar que los independentistas vascos han pasado de tener 225.172 votos (lo que supusieron 18 escaños en el parlamento) a 248.688 (que se traducen en 22 parlamentarios). Y en Galicia, el BNG ha pasado de tener 118.982 votantes (seis escaños) a 310.137 (19 parlamentarios). Todo esto ha caído como una bomba de Unidas Podemos, quienes ya se plantean qué hacer para recuperar ese nicho de voto que les ha abandonado.

Garzon

Yolanda Díaz podría arrebatarle a Garzón el ministerio que heredará IU

  • Que Garzón no estuviera del lado de Iglesias durante las pasadas negociaciones le puede pasar factura.
  • “Nuestro espacio político ha sufrido hoy una derrota sin paliativos. Perdemos buena parte de nuestra representación en el Parlamento Vasco y quedamos fuera del Parlamento de Galicia. Nos toca hacer una profunda autocrítica y aprender de los errores que sin duda hemos cometido”, ha asegurado el vicepresidente del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, en su cuenta de Twitter.

    Las críticas internas, al menos aquellas que vienen de la modesta disidencia que queda dentro del partido, ya se han hecho notar. Pero no han sido suficientes para tumbar lo que consideran que ha acabado con el partido, que no es otra cosa que el autoritarismo del líder de Unidas Podemos y el nepotismo que ha marcado la agenda de Iglesias desde que tuvo opciones de gobernar en coalición con el PSOE.

    Unidas Podemos había sido capaz de coordinarse con varios grupúsculos y formaciones políticas nacionalistas para presentarse en conjunto a las elecciones. Su entrada en la política sirvió para unificar lo que desde siempre había estado disgregado en miles de partidos. Sin embargo, el Podemos de Gobierno no ha gustado en absoluto e Iglesias ya empieza a ver cuál es su futuro electoral si mantiene la misma línea.

    LA BOMBA BOUSSELHAM

    A todo esto, hay que añadirle la discreta bomba que supone el caso Dina. Iglesias, ese que tanto habló de que los políticos imputados debían cuestionarse si estar o no dentro del mundo de la política está cerca de sentarse en el banquillo por un caso con el que hizo campaña para victimizarse como el objetivo de las cloacas del poder encabezadas por el excomisario Villarejo.

    El partido no puede saber hasta qué punto este caso que se formó justo después del robo del teléfono móvil de la entonces asesora del líder de Unidas Podemos ha influido en la pérdida de votos. Pero sí que se esperan que la bomba Bousselham estalle en poco tiempo y que afecte directamente al líder del partido. De ser así, la hemeroteca jugará una mala pasada a un Iglesias que ya ha avisado que no piensa dimitir por su relación con esta pieza separada del caso Tándem.

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