Pocos saben que el ‘cangrejo cacerola’ tiene sangre azul y que su líquido vital es literalmente vital también para nosotros. La sangre de estos crustáceos supone la única fuente natural conocida para que las vacunas no sean contraproducentes o directamente mortales. Esto lo convierte en imprescindible para combatir y derrotar al Covid-19 a través de una vacuna que varios países están ya desarrollando.

La pandemia del Covid-19 sigue avanzando y cada vez más urge esa vacuna salvadora que vuelva al mundo a la verdadera normalidad y sobre todo que salve millones de vidas. Pero las farmaceúticas necesitan un recurso crucial como componente de seguridad que sólo este cangrejo tiene. ¿Por qué, con toda la tecnología disponible, necesitamos a este crustáceo para salvar vidas? Porque resulta que su sangre de un color azul único es eficaz para detectar los contaminantes bacterianos llamados endotoxinas (el se debe al cobre de la proteína que transportan el oxígeno, llamada hemocianina). Proporciona la única fuente natural conocida de lisado de amebocitos de Limulus, que es la que detecta a la endotoxina.

Concretamente, la sangre de esta especie contiene amebocitos. Son unas células extremadamente sensibles al lipopolisacárido (LPS), que se encuentra en las endotoxinas y que, al detectar la presencia de toxinas de bacterias provocan la coagulación del líquido corporal y, por lo tanto, evitan su propagación. Si una ínfima cantidad de estas bacterias llega a las vacunas, los resultados pueden ser mortales y ser peor el remedio que la enfermedad. Ocurriría lo mismo en la futura y esperamos pronta vacuna contra el Covid-19.

Covid-19

Dependencia y captura indiscriminada

Todo ello hace que obviamente la demanda de este ser vivo sea altísima. Es de vital importancia tener siempre suficientes reservas de su preciada sangre para poder fabricar con seguridad no sólo vacunas sino en medicamentos inyectables y prótesis. “Todas las empresas farmacéuticas del mundo dependen de estos cangrejos. Si lo piensas, es increíble lo mucho que dependemos de esta criatura primitiva”, afirma Barbara Brummer, directora estatal de The Nature Conservancy en Nueva Jersey. Y es que este cangrejo apenas han cambiado durante cientos de millones de años y tiene rasgos insólitos como sus nueve ojos. Está más cerca de las arañas o los escorpiones que de los cangrejos comunes.

Cada año se capturan más de medio millón de cangrejos cacerola para las farmacéuticas. El proceso es sencillo: los cogen, los sangran y los devuelven al mar, matando a entre el 15 y el 30% de ellos en el proceso. Todo ello ha provocado un paulatino descenso de ejemplares debido a la sobreexplotación.

Y la pregunta obvia es: ¿no hay una alternativa sintética con tanto avance? Pues hace 15 años se logró con el Factor C recombinante (rFC), pero parece no ser igual de eficaz y se dejó de utilizar. Y todo ello a pesar de que organizaciones ecologistas y de conservación de especies han clamado porque se use ese sintético en vez de la opción natural de los cangrejos. Sin embargo, debe ser verdad porque la extracción de la sangre azul del cangrejo es de por sí carísima: más de 13.000 dólares el litro.

Vital para las pruebas de la vacuna Covid-19

Al marge de polémicas entre científicos y ecologistas, lo cierto es que urge la vacuna contra el Covid-19 y para realizar las pruebas preliminares imprescindibles para el visto bueno se necesita la sangre de este cangrejo. El problema es la cantidad, porque para probar la vacuna anti-Covid-19 se necesitará una cantidad de lisado equivalente a la producida en un día por tres fabricantes estadounidenses. Para elaborar, por ejemplo, 5.000 dosis, tendrán que realizarse 600.000 pruebas que harán uso de la cantidad de lisado producida en un solo día. Eso hace y hará que la captura de este crustáceo tenga que seguir siendo por fuerza más indiscriminada aún.

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