Arrimadas
La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Ciudadanos está en horas bajas. La formación naranja mejora muy tímidamente en algunas encuestas (en otras, cae) y no sabe muy bien cómo dar un giro radical a su tendencia. Por el momento, crece el clamor entre los suyos para que Inés Arrimadas abrace el estilo Rivera y convierta el partido en uno más entre los que odian y gritan contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Los que se han quedado, quieren un Ciudadanos de derechas, y los que se fueron, no tienen intención de volver a ese proyecto más moderado y de Estado que ha presentado Arrimadas, por lo que la lideresa de la formación naranja vuelve a estar en la misma encrucijada en la que se encontró su antecesor. Y cuanto más golpea Sánchez a las instituciones de Estado, más se plantea Arrimadas en volverse (otra vez) de derechas.

Es una tarea compleja. Cuando Ciudadanos obtuvo sus mejores resultados fue porque el expresidente del partido, Albert Rivera, decidió lanzarse al cuello de los socialistas y abrazar un discurso cargado de reproches al progresismo y a la izquierda. Sin embargo, mantener esa postura (e incluso radicalizarla) en el tiempo le llevó a que tan solo meses después dejó a su partido con diez diputados, de los 57 que consiguió en abril. Por lo que la incertidumbre inundó el partido y nadie sabía si la “veleta naranja” debía ser más de derechas o más de izquierdas para contentar a su indeciso electorado.

Ahora, Arrimadas ha apostado por quedarse en el centro. De vez en cuando critica duramente al Gobierno pero luego se sienta con Sánchez para pactar los Presupuestos Generales del Estado o para prorrogar el estado de alarma en un contexto en el que ningún partido de la oposición quiere. Y parecía que esta actitud le había beneficiado un poco, o al menos es lo que se reflejaban en las encuestas electorales celebradas hasta la fecha.

Según una encuesta de Key Data para el diario Público realizada a mediados de septiembre, Ciudadanos ganaría tres diputados en unas hipotéticas nuevas elecciones. Sin embargo, según otra encuesta publicada a finales de septiembre por Cinco Días y llevada a cabo por Metroscopia, el partido de Arrimadas se dejaría hasta dos diputados por el camino. Este ejemplo lo siguen diferentes sondeos, pero todos auguran que tanto la caída como la subida de Ciudadanos sería breve. Tezanos y su CIS también han entrado en materia y han asegurado que la formación naranja mejoraría, al menos cuando se publicó, en un momento en el que Arrimadas apoyaba a Pedro Sánchez.

Ahora el clamor interno del partido exige que Arrimadas debe hacerse de derechas. Un giro radical que ya dio Albert Rivera con unos agridulces resultados y que viene motivado por medidas como el intento de presentar un proyecto de ley para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a golpe de mayoría absoluta. El electorado de Ciudadanos es muy cambiante y difícil de fidelizar por encontrarse entre dos grandes partidos. Sin embargo, desde la formación naranja consideran, al menos en las entrañas de la sede de la calle Alcalá, que deben ser contrarios a Sánchez. 

Esta decisión, sin embargo, llevaría a Arrimadas a sumarse al bloque de la derecha, con Santiago Abascal, presidente de Vox, y Pablo Casado, líder del Partido Popular. Y de momento las encuestas aseguran que este no será el bloque ganador mientras siga estando así formado. Arrimadas entonces se debate entre si hacerse más de derechas o si tener cierta relevancia y capacidad para influir en el Gobierno con sus diez diputados. Por el momento, parece que ha apostado por la primera, pues la renovación del Consejo no ha sido de su agrado. Habrá que esperar para ver si sigue los pasos de su predecesor, el mismo que aupó y hundió el partido en cuestión de meses.