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Una de las preguntas más famosas entre la pareja es la de qué cantidad de sexo deberían tener. De hecho, es una de las más repetidas ante los profesionales de la psicología y de las terapias. Aunque es cierto que es una de las cuestiones que más tarda en aparecer, muy raras son las veces en las que que no termina apareciendo en el candelero.

Muchas son las parejas que necesitan saber si las veces que mantienen relaciones sexuales cada semana son las necesarias y suficientes para el bien de la relación. En ocasiones, esto llega incluso a agobiar a ambas partes, cosa que deriva en acudir a la consulta de un especialista en tratar este tipo de temas. Lo más recomendable, ante todo, es no tomar como ejemplo otros modelos que existen a nuestro alrededor.

Si tú también te has preguntado alguna vez esta cuestión, hoy respondemos. ¿Cuánto sexo es suficiente en una pareja?

Poca sinceridad a la hora de hablar de sexo

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Si nos preguntamos cuánto sexo es suficiente cuando estamos en pareja, una de las cosas principales que debemos tener en cuenta es que no debemos hacernos caso de lo que nos digan los demás. Cuando hablamos de sexo, suele ser el momento en el que no somos del todo sinceros.

La falta de educación sexual es uno de los principales problemas a la hora de enfrentarnos a esto. Hablamos muy poco de sexo de forma normal. Además, cuando lo hacemos mentimos por norma. En el caso de que fuéramos honestos, seguro que la pregunta no agobiaría a tantas y tantas parejas.

El porno, además, también ha influido en nuestra forma de relacionarnos en materia sexual. Muchas parejas creen tener problemas en la cama porque toman como ejemplo las películas de este género. Esto se extrapola a otros factores como el tamaño del pene, el tipo de relaciones, la duración de las mismas, etc.

La frecuencia, una duda constante en la pareja

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Cuando una pareja comienza a salir, tiene mucho más sexo que cuando llevan más tiempo. Esto es algo considerado como normal. La rutina, los tiempos, las ganas… Todo llega un momento en el que cambia. Esto, no obstante, no significa que la relación no funcione bien. De hecho, suele ser el patrón más común si analizamos las relaciones que tienen una duración larga. A pesar de ello, pocos son capaces de reconocerlo en público.

A partir de los dos años de que comience la relación, la frecuencia de las relaciones sexuales va disminuyendo. La dopamina, esa sustancia que es capaz de generar placer, va disminuyendo. Deja paso a la oxitocina, la hormona relacionada con el amor calmado, capaz de crear lazos afectivos fuerte, incluso más que la pasión.

Por supuesto, la frecuencia varía según el momento en el que se encuentre la relación y la pareja. Influyen el tiempo, la edad y otros factores. Si hablamos de una relación sana y larga, lo que más importa es mantener una frecuencia regular pero también de mucha calidad.

Cuánto sexo es suficiente

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Si hablamos de una pareja de larga duración, una buena cantidad es, por ejemplo, una vez a la semana. De hecho, no debemos olvidarnos de que practicar sexo es beneficioso tanto para nuestra salud física como mental. Mejora el estado ánimo, fortalece el corazón, disminuye el riesgo de padecer cáncer, etc. Eso sí nunca debemos obsesionarnos con la cantidad de veces que lo practicamos.

También, la cantidad de relaciones sexuales dependerá de cada pareja. Existen muchas personas felices que tienen relaciones una vez al mes. En otros casos, hay personas que disfrutan haciéndolo muchas más veces mensuales. De acuerdo a los resultados arrojados por algunos estudios realizados en la Universidad de York, en Canadá, si deseamos tener una relación feliz, lo ideal sería tener sexo al menos una vez a la semana.

La frecuencia es importante, pero no lo único. Mantener relaciones más veces por semana no significa que la pareja sea más o menos feliz. Por tanto, en realidad, la cantidad de sexo que necesitan dos personas para mantenerse sanos y felices es un dato completamente subjetivo. Esta cantidad solo se vuelve importante si la otra persona no está cómoda con el número actual.

La cifra exacta, hablando de sexo, no existe

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No encontraremos, en ningún sitio, un manual donde se refleje la cantidad de veces exactas que debemos tener sexo con nuestra pareja para estar mejor. El exceso o la falta de relaciones tan solo es un problema real si se vuelve en un obstáculo en la pareja o provoca síntomas como la ansiedad o falta de autoestima en una de las partes que la forman. Si esto sucede, significa que existe una descompensación entre las necesidades sexuales de uno y el otro.

En estos casos, aparecen, de forma normal, dos roles. El primero es el del que busca sexo de forma continua. El otro, por su parte, es el de que lo rehúye. La pareja podría sentirse rechazada por la otra persona, cosa que puede llegar a afectar a la autoestima. La otra parte podría sentirse presionada, momento en el que aparece la ansiedad siempre que aparece el sexo entre ambos.

Para evitar llegar hasta este punto, la solución más efectiva es la comunicación. En todo momento, debemos ser sinceros con nuestra pareja y contarle qué nos preocupa, nos molesta o por qué estamos insatisfechos. Nuestra pareja es una de las personas con la que más cosas compartimos. Por eso, si hablamos con ella de forma abierta será muy sencillo que nos escuche y nos comprenda. Juntos, se puede superar y poner una solución que satisfaga a los dos.

La comunicación, clave en la pareja

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A lo largo de nuestra vida de pareja, aparecen problemas en la rutina como quién realiza las tareas domésticas, que la otra persona no se preocupe tanto como nos gustaría o que nos sintamos poco apoyados. Todo esto provoca un desgaste que influye en la frecuencia y las ganas que tenemos de mantener relaciones sexuales.

El primer paso para superar esta situación, sin duda, es comunicarnos. En el momento en que verbalizamos cómo nos sentimos, los encuentros íntimos volverán a ser la prioridad para las dos partes. Con el tiempo, tener menos relaciones puede ser normal, pero eso no significa que tengamos que estar de acuerdo con que los encuentros hayan disminuido.

No es ningún tipo de patología, sino más bien una introducción en la rutina. Para acabar con ella, podemos volver a tomarnos la sexualidad de una forma divertida y diferente. Debemos hablar y alejar las preocupaciones sobre si mantener más o menos sexo nos hace más o menos felices.

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