arrimadas

Ciudadanos, en palabras del líder de Vox, Santiago Abascal, no ha dejado de dar bandazos como una veleta. Primero, el expresidente de la formación naranja Albert Rivera decidió dar un paso a la derecha para intentar conquistar un territorio que en los últimos 30 años había pertenecido al Partido Popular: el de la derecha moderada. Algo que se saldó con un tortazo electoral sin precedentes, pasando de 57 diputados en abril a 10 en noviembre. Ahora, su nueva líder, Inés Arrimadas, ha vuelto a dar otro volantazo a la dirección del partido para intentar recuperar gran parte de su perdido electorado. Su decisión ha sido escorar al partido al centro, pero lo ha hecho apuntalando al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el poder, algo que amenaza con hundir aún más a un partido que ya iba cuesta abajo, según las encuestas.

Del centro a la derecha y de la derecha al centro. Ciudadanos trata de encontrar su espacio y de convertirse en una marca identificable a nivel ideológico. Pero sus cambios constantes de criterio ya le han pasado factura. Ahora, la decisión de Arrimadas (casi convertida en órdago) ha dejado al partido en una posición complicada que los votantes conservadores no comprenden en su mayoría. Apuntalar a Sánchez en el poder con plenos poderes es un paso arriesgado que, tal y como se venía apuntando en los sondeos, puede acabar con el partido y convertirlo en algo residual en el Congreso de los Diputados.

Según la última encuesta de GAD3 para el diario ABC, Ciudadanos sigue (en intención de voto) una tendencia similar a la de los contagios por coronavirus: descendente. Este sondeo aclara que el partido de Arrimadas ya venía remolcando desde abril una tendencia negativa. Muchos de los votantes de Ciudadanos se pasarían al PP en caso de que hubiera elecciones, según esta encuesta. Y si se tiene en cuenta la reciente decisión de Arrimadas, el golpe podría ser aún más duro. Aunque hay quien dentro de la formación lo ve de una forma más optimista y considera que el volver al centro será un punto de inflexión para que la formación recupere espacio parlamentario. Ciudadanos pasaría de diez a ocho escaños, según estos datos.

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Lo mismo indicaba la encuesta que elaboró Sigma-Dos para el El Mundo. Según los datos de este sondeo de mediados de abril, Ciudadanos pasaría de tener diez escaños a tener entre seis o siete. Esto sin que hubiera rastro del volantazo del partido. Todos esos votos que perdería Arrimadas irían a parar al líder del PP, Pablo Casado. Justo la misma tendencia que se detalla en la encuesta del ABC.

Arrimadas se lanzó a apoyar a Sánchez a cambio de unas pocas condiciones que tampoco son de calado. “Adaptación de ERTEs y medidas de apoyo a autónomos y pymes más allá del Estado de Alarma”, “consensuar una salida ordenada del Estado de Alarma” y una “reunión semanal Gobierno-Cs para consensuar medidas de respuesta a la crisis”. Un precio bajo a cambio de prorrogar el estado de alarma que, además, costó alguna que otra dimisión en la formación naranja, como la del dirigente Juan Carlos Girauta. Todo sin olvidar algún que otro reproche como el del expresidente del partido Albert Rivera.

Arrimadas trató de calmar las reacciones de los de su partido, pero no con demasiado éxito, pues hasta alguna diputada, como Carina Mejías, abandonó el barco en plena tormenta. La flamante dirigente de la formación naranja no quiso ni hablar con Rivera y tan pronto como llegaron los miles de reproches, reculó y advirtió al líder socialista de que el estado de alarma no podía ser eterno.

Ahora la pelota está sobre el tejado de Arrimadas. De ella depende casi de forma exclusiva que Sánchez prorrogue más el estado de alarma o tenga que buscar una vía alternativa. Es cierto que hay voces dentro del partido que aseguran que el daño ya está hecho y que apoyar a Sánchez y apuntalarle en el poder fue un error alejado del sentido de Estado, pero otros aseguran que la formación naranja está a tiempo de rectificar.

Entre tanto, Arrimadas parece haber convertido Ciudadanos de nuevo en un partido útil, en un partido bisagra que saque beneficios con sus cortos 10 diputados de cada situación del país. Sánchez se echó en manos de Unidas Podemos porque Ciudadanos se negó a apoyarle tras las elecciones generales de abril, pero ahora Arrimadas ha abierto una nueva vía de negociaciones que, si consiguiera la fuerza necesaria, podría ofrecer al PSOE otra pata en la que apoyarse. Una pata que no necesariamente es compatible con la que ofrece el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.

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