Adriana Lastra PSOE
La portavoz del PSOE en el Congreso, Adriana Lastra, en un reciente acto electoral. Foto: Flickr PSOE

En las últimas semanas, la ‘número dos’ del PSOE, Adriana Lastra, ha dado muestras inquietantes de no estar al tanto de algunas de las decisiones más relevantes que su partido y el Gobierno se traen entre manos.

Quien fuera unas de las personas más próximas de Pedro Sánchez en su segunda etapa al frente del PSOE, hoy da muestras de cierta desinformación incluso en asuntos que atañen directamente a su función de portavoz, y jefa de la dirección, del grupo de parlamentarios socialistas en el Congreso de los Diputados.

Recién reincorporada de las vacaciones de verano, Lastra avanzaba en una entrevista en televisión que la exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos podría hacerse en septiembre.

Un día después, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, explicaba en rueda de prensa los detalles del real decreto ley aprobado por el Consejo de Ministros que permitirá sacar al dictador del monumento de El Escorial. Según Calvo, no será antes de finales de año, dado que antes hay que completar una serie de trámites para cumplir con todas las garantías jurídicas.

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Con el nuevo curso político ya plenamente iniciado, la diputada asturiana volvió a quedar en evidencia cuando una periodista de televisión le preguntó, micrófono en mano, si tenía conocimiento de la invitación que la presidenta del Congreso, Ana Pastor, le había ofrecido al president de la Generalitat catalana, Quim Torra, para que acuda a explicar su proyecto político en la Cámara Baja. “¡No!”, gritó Lastra en el patio del Congreso, girando sobre sus hombros para contestar a la pregunta de la reportera.

Era el día en que Pedro Sánchez acudía al Congreso para presentar junto a los presidentes de las Cortes, Ana Pastor y Pío García-Escudero, los actos de celebración del 40 aniversario de la Constitución. Apenas unos minutos después de la entrada de Lastra en el acto, un miembro destacado del equipo de colaboradores del presidente en La Moncloa aseguraba a la prensa que Sanchez, pero también cargos del PSOE, tenían conocimiento previo de las intenciones de Pastor con Torra, porque la presidenta había contactado con ellos. Unas comunicaciones de las que, una vez más, Lastra no estaba enterada.

En la última crisis que ha tenido que afrontar el Gobierno Sánchez, la de la renuncia de la ministra de Sanidad, Carmen Montón, Lastra sí ha ejercido de fiel correa de transmisión de los pensamientos de Pedro Sánchez. Fue la primera que avanzó la posición del presidente del Gobierno de mantener en su puesto a Montón, después rectificada, ante la incomprensión de buena parte del partido. Lastra demostró ahí disponer de información de primerísima mano procedente de La Moncloa y ejerció más como portavoz del Gobierno que como representante del sentir generalizado en su formación, donde se veía como inevitable la necesidad de dejar caer a la ministra.

FUERTE CARÁCTER DENTRO DEL PSOE

Persona de fuerte carácter -fue nominada al premio de castigo por la Asociación de Periodistas Parlamentarios por su difícil relación con la prensa- hasta ahora Lastra se había destacado más por sus excesos verbales que por su falta de información.  Muy sonada fue la comparación que hizo en noviembre pasado del presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, con el fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, ejecutado en los primeros meses de la Guerra Civil en una cárcel de Alicante.

“Nació diciendo que era Adolfo Suárez y acaba siendo José Antonio…”, dijo en un momento en que las sedes de Ciudadanos en Cataluña aparecían con frecuencia con pintadas de ‘fascistas’ y otro tipo de insultos, cuando no les rompían los cristales o arrojaban excrementos en la puerta. Cuando un periodista advirtió a Lastra de que su comparación entre Rivera y Primo de Rivera se parecía demasiado al discurso más extremista de los independentistas, la socialista rectificó inmediatamente sus palabras.

Consciente de que se le había calentado la boca, usó la red social Twitter para aparentar que su exceso verbal había sido un lapsus, porque quería haber comparado a Rivera con otro José (María Aznar). Pero esa explicación ya no colaba.

 

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