vientres de alquiler
Sánchez e Iglesias

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, guarda silencio, pero es el gran beneficiado del torbellino que azota a su vicepresidente Pablo Iglesias con el caso Dina. Cloacas, filtraciones, destrucción de pruebas y algún que otro lío en los medios de comunicación han convertido a Iglesias en el objetivo número uno para la oposición, que ya pide que aclare si dimitirá en caso de ser imputado en la pieza separada del caso Tándem. Entre tanto, Sánchez sigue disfrutando de la discreta posición que le otorga tener al líder de Unidas Podemos como vicepresidente, objeto de todos los focos mediáticos. El plan del equipo del líder socialista ha sido desde que estalló la pandemia sobreexponer a Iglesias para evitar el desgaste del presidente. Sin embargo, el caso Dina ha potenciado considerablemente el plan urdido por el asesor de Sánchez Iván Redondo.

Sánchez ha afrontado una de las mayores crisis sanitarias del país en siglos y apenas ha sufrido desgaste político. Lejos de las afirmaciones o críticas sobre si se gestionó bien o mal la pandemia, lo cierto es que los últimos sondeos de Sima Dos, GAD3 y el propio CIS de José Félix Tezanos indican que el PSOE apenas perdería un puñado de diputados en el Congreso en caso de que se celebren las elecciones. Sin embargo, la realidad de Podemos es bien distinta, pues la formación morada sí que está en el ojo del huracán.

Tal y como pudo comprobar MONCLOA.COM, el PSOE buscó durante la pandemia una forma de evitar un desgaste mayor del esperado. Y la estrategia a seguir, dictada por Redondo, no fue otra que ser discretos a nivel de exposición mediática y permitir al vicepresidente Iglesias adoptar mayor protagonismo sobre la crisis. Algo que salió tal y como esperaban y que se ha potenciado considerablemente con las dudas que se desprenden del caso Dina.

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Si Iglesias ha sido una de las caras políticas más desgastadas durante la pandemia, el caso Dina no ha hecho que potenciar esa realidad. El vicepresidente tiene varias cuestiones a las que no contesta de frente y que cada día desgastan más su imagen. La primera es por qué escondió durante tantos meses una tarjeta con información personal (incluidas fotos íntimas) de su exasesora Dina Bousselham, a la cual el excomisario José Manuel Villarejo robó presuntamente el móvil. Y la segunda es qué tiene que decir después de que se ha conocido gracias a las capturas de un chat que la abogada de Iglesias tuvo acceso a información clave sobre el caso antes de que el juez lo diera a conocer porque se lo había filtrado un fiscal con el que mantenía una relación íntima.

Todo esto ha llevado a la oposición ha echarse al cuello de Iglesias e incluso poner encima de la mesa su dimisión. El PP ha registrado en el Congreso nada más y nada menos que 44 preguntas con las que pretenden esclarecer lo ocurrido en el caso Dina. Entre ellas, le preguntarán al vicepresidente segundo del Gobierno si tiene intención de dimitir en caso de que cambie su situación procesal. Algo que no parece que vaya a ocurrir, vistas sus respuestas.

Sin embargo, el gran beneficiado de toda esta tormenta es el PSOE. Que Unidas Podemos se desgaste en un caso particular, interno, que desliza la idea de que hay cloacas también en la formación morada deja a los socialistas en una buena posición. Los votos de izquierda que salgan de Podemos son potenciales papeletas socialistas, y si Sánchez ya presumía de haber tenido muy poco desgaste electoral tras haber gestionado la peor crisis sanitaria que ha afrontado España en años, esto puede hacerle incluso reforzar su posición en los sondeos.

Iglesias ha asegurado que el presidente del Gobierno no está preocupado por el caso Dina. Al menos no lo está de cara a que esta pieza separada del caso Tándem afecte a la posición del PSOE. Según el vicepresidente segundo del Gobierno, Sánchez “no tiene mayor preocupación al respecto más allá de la dimensión mediática“. Además de que ha dejado claro que no dimitirá. “Solo faltaría”, ha comentado irónicamente

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