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El Gobierno ya planea un nuevo escenario educativo. Por un lado, el Ministerio de Educación, dirigido por Isabel Celaá, aún trabaja en la nueva ley educativa que sustituirá a la polémica “ley Wert”. La conocida como “Lomloe” (aún pendiente de aprobación en el Congreso) contempla algunos cambios polémicos, como el hecho de eliminar las matemáticas como materia obligatoria para aquellos estudiantes que elijan el Bachillerato de Ciencias y Tecnología o el de Humanidades y Ciencias Sociales. Al mismo tiempo, la directora del Instituto de la Mujer (institución dependiente del Ministerio de Igualdad), Beatriz Gimeno, ha asegurado que el feminismo deberá ser reconocido por las universidades como “área de conocimiento”.

Desde el Instituto de la Mujer son claros. O al menos lo han sido de cara a la reunión que mantuvieron la semana pasada con miembros de Eufem, la Plataforma Universitaria de Estudios Feministas y de Género. “Se contribuirá a promover, en alianza con el Ministerio de Universidades y desde la Mesa de Género y Universidades, que los estudios feministas sean plenamente reconocidos como área de conocimiento”, ha asegurado la directora del Instituto de la Mujer, nombrada por la ministra de Igualdad, Irene Montero.

Y al mismo tiempo, el equipo de Educación trabaja en desarrollar una nueva ley educativa que ha puesto en pie de guerra a algunas sociedades científicas, que ven indignante que el Gobierno se plantee restarle peso a las matemáticas en función del tipo de bachillerato que se elija. Antes de la Lomce (la ley educativa que aún está vigente), solo se contemplan como obligatorias las asignaturas Lengua española, Historia, Filosofía, Lengua extranjera y segunda lengua. Fue el exministro de Educación José Ignacio Wert quien incluyó las matemáticas como materia obligatoria. Y la nueva Lomloe no parece querer cambiar de criterio, sino reducir la presencia de las matemáticas en el bachillerato. Algo que no ha sentado bien a más de 20 sociedades científicas, que se han puesto en contacto con los grupos parlamentarios para hacer constar su malestar.

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  • La Lomloe aún está por revisar y, sobretodo, no ha sido aprobada por el Congreso. Puede haber cambios de última hora y el Ejecutivo ha dado acuso de recibo de los comentarios de la comunidad científica en los que ven con malos ojos que las matemáticas se erradiquen de los bachilleratos de Ciencias y Tecnología o el de Humanidades y Ciencias Sociales. Pero la intención previa está muy clara.

    Entre tanto, Gimeno sigue en la misma línea y doctrina que planteó Montero: dar una salida feminista a la crisis. El polémico Instituto de la Mujer, tiene el objetivo de impulsar los estudios feministas y de género en las universidades españolas. Por eso pasan por reconocer los estudios feministas como área de conocimiento. Ya existen estudios y asignaturas en algunas carreras con perspectiva de género, pero Gimeno quiere que este tipo de estudios cale mucho más en la sociedad.

    Tal es el esfuerzo que quieren dedicar desde el Ejecutivo a impulsar el feminismo en las aulas de los universitarios que hasta se ha hablado de dinero. El Instituto de la Mujer de Gimeno ha prometido que habrá ayudas económicas y becas para aquellos que realicen postgrados relacionados con la materia de género, así se conseguirá la “promoción de la teoría feminista” que tanto persiguen desde el Gobierno.

    GIMENO, ENVUELTA EN POLÉMICA

    Gimeno es una de las adalides que pretende imponer el lenguaje inclusivo. Sus comentarios la han convertido en una figura polémica que ha saltado a los titulares en más de una ocasión. Tiene una serie de expresiones que la han hecho famosa no precisamente por su tolerancia. Avisó de que la única forma de que se acabar con el machismo del sexo era que los hombres fueran penetrados analmente porque los hombres son “opresores, violentos y promiscuos”.

    “El ano es una de las principales zonas erógenas para hombres y mujeres. Especialmente para hombres. Para que se produzca un verdadero cambio cultural tienen que cambiar también las prácticas sexuales hegemónicas y hetero normativas y que sin ese cambio, que afecta a lo simbólico y a la construcción de las subjetividades, no se producirá un verdadero cambio social que iguale a hombres y mujeres”, detalló la que ahora dice que no se debe decir médicos y enfermeras.

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