rutte

Ha sido largo, pero finalmente la UE ha llegado a un acuerdo. Han sido más de 90 horas de reuniones consecutivas para que a eso de las 5.30 horas se anunciara el acuerdo. Sin embargo, ese presupuesto de 750.000 millones de euros (de los cuales 390.000 millones de euros serán en forma de transferencias directas) que inyectará la Unión en los países más afectados por la pandemia tiene condiciones. Los países frugales liderados por Holanda tienen derecho a veto y obligarán a Italia y España a abordar reformas de calado que implican aplicar directamente el programa laboral del Partido Popular.

El presidente del Gobierno lo ha intentado, pero para salir de la encrucijada ha tenido que ceder. En España ha prometido el oro y el moro a cualquier votante que se paseara por la calle. Renta mínima, ayudas a la vivienda, ayuda al sector del automóvil, prolongación de los ERTE… Sin embargo, para financiar todas estas medidas el presidente socialista contaba con el dinero de Europa que ahora Rutte y los suyos han condicionado a un rigor fiscal que choca de frente con la idea que tenían Sánchez y su vicepresidente del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.

La deuda de España exige que para tomar nuevas medidas de corte social se aplique una reforma fiscal que ya ha anunciado que aplicará el presidente del Gobierno. Esa reforma aún no está definida, pero contempla subir los impuestos a las rentas más elevadas (desde el IRPF al de patrimonio) y tocar el IVA, aunque aún no se ha definido cómo.

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Sin embargo, esta “buena” intención de España no es suficiente para Holanda, que exige tener control sobre la política fiscal española y condicionar la entrega de ayudas (la mayoría de ellas en forma de crédito) a aplicar reformas que tocarán las pensiones, el IVA y el rigor fiscal español.

Por tanto, si Sánchez quiere tener un país con relativa solvencia (dentro de lo que se puede hacer con una deuda del 120% del PIB), tendrá que ceder ante Holanda y renunciar a algunas de sus medidas sociales más aplaudidas por los suyos. Y si quiere preservar la soberanía, tendrá que vérselas con la deuda, pues la UE no dará ni subsidios ni créditos.

La indignación de los países del sur se ha dejado notar. El presidente de Portugal ha afirmado que no puede ser que “23 países tengan que ceder a lo que piensan cuatro”. Algo que comparten tanto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como el primer ministro de Italia, Antonio Conte.

“Ellos también tienen que hacer algún esfuerzo, porque hasta ahora todos los movimientos que se han hecho han sido en dirección a esos cuatro países, y no podemos estar en una posición donde la propuesta merece el apoyo de esos cuatro y la oposición de los otros 23”, ha asegurado Costa.

Aún así, desde la derecha española se entiende la postura de Holanda, pues más de uno ha dejado entrever que la UE no está para pagar la fiesta de Sánchez. Rutte quiere que España legalice el despido libre, suba el IVA en según qué productos y sobretodo que aborde una reforma en las pensiones que acercaría el sistema al de la mochila austríaca. Algo que va en contra de lo que Sánchez quiere hacer con los nuevos Presupuestos Generales del Estado. Y, por supuesto, la reforma laboral ni tocarla.

Todas estas medidas que Holanda quiere imponer van en contra del programa de Sánchez, pero sobretodo daría lugar a una situación cuanto menos extraña en la que un Gobierno de corte socialista se vería obligado a aplicar un programa fiscal más propio de la oposición, pues entre las medidas que exige Holanda, tanto el PP como Vox las ven con buenos ojos.

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